COMENTARIO

 Pr 23,12-14 

En los versículos se alude a la práctica, común en aquella época, de corrección severa para el aprendizaje. En la tradición de Israel también se entendió a Dios como un padre que, con los castigos, corrige a los hombres para que retornen a la virtud. De este modo comentaba el pasaje San Basilio: «Así como los niños descuidados y flojos, después de los azotes del maestro, ponen más cuidado y atención, y estudian y entienden la lección y los libros y las reglas de enseñanza que antes de los azotes, cuando no atendían ni oían, y, en cambio, después del castigo parece que se les abren los oídos, y oyen atentamente y retienen en la memoria cuanto se les manda; así también sucede con los perezosos y negligentes en la ciencia divina y con los que desprecian sus preceptos. Después de ser corregidos y disciplinados por Dios, entonces, es cuando guardan sus mandamientos: lo que siempre oían y nunca observaban lo reciben como si fuera la primera vez que resuena en sus oídos» (In principium Proverbiorum 5).

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