COMENTARIO
Sigue ahora una breve colección de máximas acerca de la dimensión social de la sabiduría, con un encabezamiento (v. 23) que sugiere que se trata también de máximas de sabios extranjeros (cfr 22,17).
Dentro de la heterogeneidad común a esta parte del libro, muchas de las máximas se refieren al trabajo, y a las desgracias que se derivan de la pereza (vv. 30-34). Ésta, unida a otros factores, puede llevar a una falta de respuesta ante las exigencias de los deberes en el trabajo y en la vida social: «Quien quisiera renunciar a la tarea, difícil pero exaltante, de elevar la suerte de todo el hombre y de todos los hombres, bajo el pretexto del peso de la lucha y del esfuerzo incesante de superación, o incluso por la experiencia de la derrota y del retorno al punto de partida, faltaría a la voluntad de Dios Creador (…). Más aún, el mismo Señor Jesús, en la parábola de los talentos, pone de relieve el trato severo reservado al que osó esconder el talento recibido: “Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí… Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos” (Mt 25,26-28). A nosotros, que recibimos los dones de Dios para hacerlos fructificar, nos toca “sembrar” y “recoger”. Si no lo hacemos se nos quitara incluso lo que tenemos» (S. Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, n. 30).