COMENTARIO

 Pr 25,2 

El hombre se siente atraído por la naturaleza que contempla. Una sana curiosidad acerca de los fenómenos naturales impulsa continuamente la investigación científica y la reflexión filosófica. En el esfuerzo de la razón humana que busca conocer y comprender, la fe no es un estorbo sino una ayuda, ya que proporciona al menos una orientación en la búsqueda de la verdad. «No hay, pues —dice San Juan Pablo II—, motivo de competitividad alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra, y cada una tiene su propio espacio de realización. El libro de los Proverbios nos sigue orientando en esta dirección al exclamar: “Es gloria de Dios ocultar una cosa, y gloria de los reyes escrutarla” (25,2). Dios y el hombre, cada uno en su respectivo mundo, se encuentran así en una relación única. En Dios está el origen de cada cosa, en Él se encuentra la plenitud del misterio, y ésta es su gloria; al hombre le corresponde la misión de investigar con su razón la verdad, y en esto consiste su grandeza» (Fides et ratio, n. 17).

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