COMENTARIO
«Concédeme el pan necesario» (v. 8). Para tener el sosiego que hace falta para tratar con paz a Dios y afrontar con serenidad las tareas ordinarias de la vida diaria, es imprescindible tener cubiertas las necesidades básicas para la subsistencia. Tanto la falta de lo necesario como el exceso de bienestar son un obstáculo para servir a Dios y a los demás (cfr v. 9). Nuestro Señor Jesucristo nos enseña a pedir en la oración del Padrenuestro: «Danos hoy nuestro pan de cada día» (cfr Mt 6,11; Lc 11,3). El Catecismo Romano ve incluida en estas palabras «la idea de frugalidad y templanza, porque no pedimos muchos y delicados manjares, sino el alimento que satisfaga la necesidad natural. (…) Se dice igualmente “pan de cada día” porque comemos de él para reparar las fuerzas vitales que diariamente se desgastan por efecto del calor natural. (…) Debe pedirse con frecuencia para mantenernos firmes en la costumbre de amar y adorar a Dios y persuadirnos enteramente de lo que es verdad, que están pendientes de Dios nuestra vida y nuestra salud» (4,13,13). Lo contrario sería la actitud del rico que encuentra su consuelo en la abundancia de bienes y le impide buscar a Dios y preocuparse del prójimo. Esta enseñanza se ejemplifica en la parábola de Jesús sobre el rico Epulón y el pobre Lázaro (Lc 16,19-31).