COMENTARIO

 Qo 1,3-11 

En este espléndido poema que sirve de pórtico a su razonamiento, Qohélet muestra que si los elementos de la naturaleza con su movimiento a veces fatigoso no cambian nada del orden que está establecido, tampoco el hombre va a cambiar nada en su vida con todo el esfuerzo que ponga (vv. 3-8). Para los maestros griegos todo el cosmos se forma a partir de los cuatro elementos primordiales: tierra, fuego, aire y agua. Y Qohélet muestra que, en efecto, la tierra, el sol, el viento y las aguas siempre están de la misma forma a pesar de su movimiento. Ajustándose quizá a las nuevas ideas acerca de la naturaleza que han llegado en ese tiempo a Judea, el maestro de Israel se complace en describir la inmutabilidad de las cosas a pesar de las apariencias. Lo mismo sucede al hombre: pone esfuerzo para todo, pero no descubre nada nuevo (vv. 8-11). El v. 8 admite también otra interpretación: «Todas las cosas requieren esfuerzo más de lo que nadie pueda decir». Pero ese esfuerzo es a la postre inútil pues «no se sacia el ojo de ver…». Tal como hemos traducido significaría que a la postre todo cansa y llega a producir hastío, pues nunca hay nada nuevo.

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