ENCABEZAMIENTO

1Qo1Palabras de Qohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.

TODO ES VANIDAD

2¡Vanidad de vanidades
—dice Qohélet—,
vanidad de vanidades, todo es vanidad!

PRIMERA PARTE: LA SABIDURÍA ES VANIDAD

I. NADA MODIFICA EL RUMBO DE LAS COSAS

3¿Qué ventaja saca el hombre
de todo lo que trabaja bajo el sol?
4Generación va y generación viene,
pero la tierra permanece siempre.
5Sale el sol, y llega el sol
jadeando al lugar de donde sale.
6Marcha hacia el sur, gira hacia el norte,
el viento va dando rodeos y más rodeos,
revolviéndose el viento sobre sí mismo.
7Todos los torrentes van al mar, pero el mar no se llena,
por el cauce por el que discurren los torrentes, vuelven a correr.
8Todas las cosas requieren esfuerzo.
Nadie puede decir que
no se sacia el ojo de ver ni se harta el oído de escuchar.
9Lo que fue
es lo que será.
Lo que se hizo
es lo que se hará.
Nada hay nuevo bajo el sol.
10Cuando de algo se dice: «Mira, esto es nuevo»,
ya existía en los siglos que nos precedieron.
11Nadie se acuerda de los antepasados,
ni de los que vengan después se acordará
ninguno de sus sucesores.

II. VANIDAD DE LA BÚSQUEDA DE LA SABIDURÍA

12Yo, Qohélet, fui rey de Israel en Jerusalén 13y me he interesado en buscar e indagar con sabiduría todo lo que sucede bajo el sol. ¡Mal negocio el que Dios encomendó a los hombres para que se ocupasen de él! 14He visto todo lo que se hace bajo el sol y mira: ¡todo es vanidad y empeño vano!

15Lo torcido no se puede enderezar
y la nada no se puede enumerar.

Vanidad de la sabiduría y de la ciencia

16Hablando para mis adentros me dije: «He acumulado una sabiduría que supera a la de todos mis predecesores en Jerusalén, mi corazón ha alcanzado una enorme sabiduría y ciencia». 17Me he interesado en conocer sabiduría y ciencia, desvarío y necedad, y he comprendido que también esto es un empeño vano 18porque

mucho saber, mucho sufrir,
y a más entendimiento, más padecimiento.

Vanidad de la riqueza y el bienestar

2Qo1Hablando para mis adentros me dije: «Anda, te daré a probar la alegría y verás lo que es bueno», y también esto es vanidad.

2Dije a la risa: «¡Tonta!».
y a la alegría: «¿Qué haces?».

3He intentado por mi cuenta estimular mi cuerpo con el vino mientras que mi corazón se conducía con sabiduría, y contentarme con la necedad hasta ver qué puede ser bueno para los hombres que trabajan bajo el cielo los contados días de su vida. 4He realizado grandes obras: me construí casas, planté viñas, 5roturé huertos y vergeles, y planté en ellos toda clase de frutales. 6Hice albercas para regar con sus aguas un bosque donde crecieran los árboles. 7Compré siervos y esclavas, y tuve siervos en casa. Poseí rebaños de ganado mayor y menor más numerosos que los de todos mis predecesores en Jerusalén. 8También acumulé plata y oro, tributos de reinos y de provincias. Tuve cantores y cantoras, escanciadores y bodegueros, que hacían las delicias de los hijos de los hombres. 9Reuní más bienes que todos mis predecesores en Jerusalén, y además mi sabiduría permanecía conmigo. 10No aparté mis ojos de cuanto apetecían ni reprimí mi corazón de ningún placer, así que mi corazón disfrutó de todas mis ganancias. Esto es lo que llegué a poseer con mi trabajo. 11Y cuando reparé en todas las obras que hicieron mis manos y el trabajo que costó realizarlas, mira: ¡todo es vanidad y empeño vano! No hay ventajas bajo el sol.

Vanidad de trabajar para la posteridad

12He reparado en examinar sabiduría, desvarío y necedad. ¿Qué hará el sucesor del rey? Lo mismo que su antecesor. 13He reparado en que la sabiduría aventaja a la necedad como la luz a las tinieblas.

14«El sabio tiene sus ojos puestos en la cabeza
y el necio camina a oscuras»,
pero sé que ambos correrán la misma suerte.

15Me dije para mis adentros: «Si me aguarda lo mismo que al necio, entonces ¿para qué he adquirido más sabiduría?». Hablando para mis adentros advertí que también esto es vanidad. 16No se guarda memoria perpetua del sabio ni del necio, pues tanto el sabio como el necio morirán, y en el futuro ambos caerán en el olvido.

17La vida me parece aborrecible, pues me va mal todo lo que se hace bajo el sol. ¡Todo es vanidad y empeño vano! 18Me parecen aborrecibles todos los trabajos que hago bajo el sol, pues sus ganancias tendré que dejarlas a quien me suceda, 19y ¿quién sabe si será sabio o necio, y se hará cargo de todos los trabajos que hago y en los que plasmo mi sabiduría bajo el sol? También esto es vanidad. 20He dejado que mi corazón ceda al desaliento por todo lo que trabajo bajo el sol, 21pues hay personas que trabajan con sabiduría, ciencia y provecho, y han de dejar lo suyo a quien no lo trabaja. También esto es vanidad y un gran mal.

22Entonces ¿qué saca el hombre de todo su trabajo y del empeño que su corazón pone bajo el sol?, 23pues pasa todos los días dolorido y contrariado, y su corazón ni siquiera reposa por la noche. También esto es vanidad.

Conclusión

24Nada mejor para el hombre que comer, beber y proporcionar bienestar a su alma con su trabajo. También veo que esto viene de la mano de Dios, 25pues ¿quién comería y quién gozaría si no fuera por Él?

26Porque otorga sabiduría, ciencia y alegría al hombre que ante Él es bueno. Pero al pecador le encomienda la tarea de juntar y recoger para entregarlo al que es bueno ante Dios. ¡También esto es vanidad y empeño vano!

III. TODO SUCEDE CUANDO ESTÁ DETERMINADO

Hay un tiempo para cada cosa

3Qo1Todo tiene su momento y hay un tiempo para cada cosa bajo el cielo:

2tiempo de nacer y tiempo de morir,
tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado,
3tiempo de matar y tiempo de curar,
tiempo de derruir y tiempo de construir,
4tiempo de llorar y tiempo de reír,
tiempo de llevar luto y tiempo de bailar,
5tiempo de tirar piedras y tiempo de recoger piedras,
tiempo de abrazar y tiempo de dejarse de abrazos,
6tiempo de buscar y tiempo de perderse,
tiempo de guardar y tiempo de desechar,
7tiempo de rasgar y tiempo de coser,
tiempo de callar y tiempo de hablar,
8tiempo de amar y tiempo de odiar,
tiempo de guerra y tiempo de paz.
9¿Qué ventaja saca el que hace su trabajo?

El hombre no puede comprender

10He visto la labor que Dios encomendó a los hombres para que se ocupasen de ella. 11Todo lo hizo bien y a su tiempo, y les dio el mundo para que lo ponderaran en su corazón, aunque el hombre no llega a descubrir por completo la obra que hizo Dios. 12Sé que no hay nada mejor para ellos que alegrarse y hacer el bien en su vida. 13Además, el que todo hombre coma, beba y consiga bienestar con su trabajo es un don de Dios. 14Sé que todo lo que Dios hace permanecerá para siempre, y nada hay que añadir ni que quitar a eso; Dios lo hace para que se le tema. 15Lo que fue ya es; y lo que haya de ser ya fue; nada escapa a Dios.

IV. VANIDAD DE LA ACTIVIDAD DEL HOMBRE

Fraude y corrupción

16He visto más bajo el sol: en lugar de derecho hay fraude, y en lugar de justicia, corrupción. 17Y dije para mis adentros: «Dios juzgará al justo y al corrupto, pues hay un tiempo para cada cosa y para cada acción».

Muerte

18Acerca de los hombres me dije para mis adentros: «Dios los prueba para mostrarles que son como animales». 19Pues la suerte de los hombres y la suerte de los animales es la misma: como muere el uno muere el otro. El aliento es el mismo para todos: el hombre no aventaja a los animales, pues todos son un soplo. 20Todos van al mismo lugar,

todos vienen del polvo
y todos vuelven al polvo.

21¿Quién sabe si el aliento del hombre asciende a lo alto y el aliento de los animales desciende abajo, a la tierra? 22He visto que nada hay mejor para el hombre que disfrutar de lo que hace, que es lo que le corresponde. Pues ¿quién le mostrará lo que habrá después de él?

Explotación

4Qo1También he visto todas las tropelías que se cometen bajo el sol y el llanto de los explotados sin que nadie se compadezca de ellos: nadie se compadece de ellos ante la violencia de sus explotadores. 2Considero más dichosos a los difuntos, que ya han muerto, que a los que aún están vivos, 3y aún más que a ambos, al todavía no nacido que no ha visto la vileza que se hace bajo el sol.

Rivalidad

4También he visto todos los trabajos, y que el provecho de lo que se hace suscita las envidias del prójimo. ¡También esto es vanidad y empeño vano!

5El necio se cruza de brazos
y se recome en su interior.
6Más vale un puñado con reposo
que dos puñados con trabajo y empeño vano.

Soledad

7Otra vanidad más he visto bajo el sol: 8uno que está solo y no tiene a nadie, ni hijos ni hermanos, y pese a todo trabaja sin fin y no se da por satisfecho con sus riquezas. ¿Para quién trabajo y privo a mi corazón de bienestar? También esto es vanidad y mal negocio. 9Más valen dos que uno, pues lograrán más rendimiento en su trabajo. 10Si uno cae su compañero lo levanta, pero ¡ay del que está solo y se cae! No tiene a nadie que lo levante. 11Además, si dos duermen juntos se dan calor, pero uno solo ¿cómo se calentará? 12Si alguien puede a uno, entre los dos le resisten. Una soga de tres cabos es difícil de romper.

Gobernantes que no admiten consejos

13Más vale joven pobre y sabio
que rey viejo y necio,
que no se deja aconsejar.

14Aunque saliera de la cárcel para reinar y naciera pobre en su reino, 15he visto que todos los vivientes que se mueven bajo el sol se ponen de parte del joven sucesor. 16Es innumerable todo el pueblo que él dirigía, pero los que vienen detrás no estarán contentos con él. ¡También esto es vanidad y esfuerzo vano!

V. EL TEMOR DE DIOS

17Mide tus pasos cuando vayas a la Casa de Dios. La obediencia es preferible al sacrificio de los necios, que no se dan cuenta de lo que hacen mal.

5Qo1Que no se precipite tu boca ni se apresure tu corazón a proferir palabras delante de Dios, pues Dios está en los cielos y tú en la tierra, por eso sé parco en palabras.

2Mucho quehacer produce sueño
y muchas palabras, dichos necios.

3Si haces un voto a Dios no tardes en cumplirlo, pues no le agradan los necios. Lo que prometas cúmplelo. 4Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos.

5No dejes que tu boca te haga pecar y luego digas a su mensajero que fue un error. ¿Para qué enfadar a Dios con tus palabras y hacer que desbarate la obra de tus manos?

6A muchos sueños,
muchas palabras huecas.
Tú, teme a Dios.

7Si ves que en una región se explota al pobre y se conculca el derecho y la justicia, no te desconciertes, que la autoridad tiene otra por encima, y sobre ambas hay una suprema. 8Con todo, lo más ventajoso para un país es que alguien se cuide de que se cultiven los campos.

9El que ama el dinero no se sacia de dinero, y el que ama las riquezas no las consigue; también esto es vanidad. 10Si abundan los bienes, abundan los depredadores, ¿y qué provecho saca el dueño sino verlo con sus ojos?

11Dulce es el sueño del obrero
coma poco o mucho,
pero al rico el empacho
no lo deja dormir.

VI. VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

No disfrutar de las riquezas por perderlas

12Hay un mal crónico que he visto bajo el sol: las riquezas que su dueño tiene guardadas y que le acarrean un mal. 13Si pierde sus riquezas en un mal negocio y le nace un hijo se encuentra con las manos vacías. 14Desnudo salió del vientre de su madre, y así volverá, lo mismo que vino; de su trabajo no sacará nada que llevarse en las manos. 15Verdaderamente es un mal crónico que tenga que irse lo mismo que vino. ¿Qué ventaja saca el que trabaja en vano? 16Come toda su vida envuelto en tinieblas, entre muchos enfados, dolencias y enojos.

Disfrutar de las riquezas es un don de Dios

17Lo que veo mejor y más atractivo es que cada uno coma, beba y disfrute las ganancias de todo lo que ha trabajado bajo el sol en la corta vida que Dios le concede, que es lo que le corresponde. 18Todo hombre a quien Dios concede riquezas y posesiones y le permite comer de ellas, que saque lo suyo y disfrute de su ganancia. Eso es un don de Dios. 19No recapacitará mucho sobre los días de su vida, porque Dios llenará su corazón de alegría.

No disfrutar de las riquezas porque un forastero las devora

6Qo1Hay otro mal que he visto bajo el sol y es muy frecuente entre los hombres: 2un hombre al que Dios concede riquezas, posesiones y honra, a quien no falta nada de cuanto pudiera apetecer, pero al que Dios no permite comer de ellas porque un forastero las devora. Esto es vanidad y mal crónico. 3Aunque ese hombre engendre cien hijos y viva muchos años, por larga que sea su vida, no se saciará de bienes ni tendrá sepultura. Yo digo: mejor es un aborto, 4que viene inútilmente, se va en la oscuridad y su nombre queda envuelto en tinieblas; 5aunque no llegue a ver el sol ni se entere de nada, reposa mejor que aquél. 6Aunque uno viva dos mil años, no disfruta de lo bueno. ¿No van todos al mismo lugar?

7Todo lo que el hombre gana es para su boca,
pero su apetito nunca se sacia.

VII. VENTAJAS DE LA SABIDURÍA

8¿En qué aventaja el sabio al necio,
o al pobre que sabe apañarse en la vida?
9Más vale lo que ven los ojos
que lo que anda por la imaginación.
¡También esto es vanidad y empeño vano!

10A lo que existe ya se le ha dado un nombre; y es bien sabido qué es el hombre y que no puede disputar con otro más poderoso que él. 11¿Muchas palabras? ¡Mucha vanidad! ¿Qué le queda al hombre? 12¿Quién sabe lo que es bueno para el hombre en su vida, en los pocos días de su vana vida que pasan como una sombra? ¿Quién contará al hombre lo que habrá bajo el sol después de él?

SEGUNDA PARTE: LA SABIDURÍA RESIDE
EN EL TEMOR DE DIOS

VIII. BÚSQUEDA DE LA SABIDURÍA

La sabiduría no está en el bienestar

7Qo1Más vale buen nombre que buen perfume, el día de la muerte que el día del nacimiento.

2Más vale ir a casa de luto
que a casa de fiesta,
pues todo hombre termina allí
y al que está vivo le hace pensar.
3Más vale sufrir que reír,
pues desahogar el dolor consuela el corazón.
4El corazón de los sabios está en la casa de luto,
y el corazón de los necios en la casa de fiesta.
5Más vale oír reproche de sabio
que escuchar alabanza de necio,
6pues el parabién del necio
es como el crepitar de espinos bajo la olla.
También esto es vanidad.
7La coacción aturde al sabio
y el soborno echa a perder su corazón.
8Más vale el final de una obra que su principio,
más vale paciencia que arrogancia.

La sabiduría aventaja a la riqueza

9Que tu furia no se encienda a toda prisa, pues la furia se cobija en el seno de los necios. 10No digas: «¿Por qué los tiempos antiguos eran mejores que éstos?». Si tuvieras sabiduría no harías esa pregunta. 11Tan buena es la sabiduría como la hacienda, incluso más, para los que ven el sol. 12Pues tanto la sabiduría como el dinero protegen, pero la ventaja de conocer la sabiduría es que da la vida a su dueño. 13Mira lo que Dios hace: ¿quién puede enderezar lo que Él ha torcido? 14En los días buenos goza del bienestar, y en los días malos piensa: «Dios hace los unos y los otros, así el hombre no sabe lo que le espera».

Fortaleza del sabio

15En los días de mi vana vida he visto de todo: el justo que se pierde por su justicia, y el malvado que prospera por su maldad.

16No seas demasiado justo
ni excesivamente sabio,
¿para qué te vas a arruinar?
17No seas demasiado malvado
ni tampoco necio,
¿para qué morir antes de tiempo?

18Bueno es que agarres lo uno sin soltar de tu mano lo otro, pues el que teme a Dios saca todo adelante.

19La sabiduría hace al sabio más poderoso que diez gobernantes en una ciudad.

Dificultades

20No hay sobre la tierra nadie tan justo que haga el bien y nunca peque. 21No prestes atención a todo lo que se habla, no vayas a escuchar a tu siervo hablando mal de ti, 22pues sabes para tus adentros que también tú has hablado mal de otros muchas veces.

23He examinado todo esto con sabiduría. Dije: «Me haré sabio», pero me quedé lejos. 24Lo que existe es lejano y muy profundo, ¿quién lo descubrirá?

25Revolví mi corazón para conocer e indagar, busqué sabiduría y discernimiento, hasta averiguar que la maldad es estupidez y la necedad desvarío; 26y encontré que la mujer es más desagradable que la muerte: ella misma es una trampa; su corazón, una red; sus manos, grilletes. El que es bueno ante Dios se escapa de ella, pero el pecador es atrapado en ella. 27Mira lo que he descubierto —dijo Qohélet— examinando caso por caso, 28aunque aún sigo buscando sin encontrar:

Entre mil he encontrado un hombre,
pero entre tantas otras no he encontrado una mujer.
29Mira lo único que he descubierto:
Que Dios hizo al hombre sencillo
pero ellos se buscan infinitas complicaciones.

Elogio del sabio

8Qo1¿Quién como el sabio?

¿Quién sabe interpretar las cosas?
La sabiduría ilumina el rostro del hombre y suaviza la dureza de su facciones.

2Cumple las órdenes del rey y, ya que lo juraste ante Dios, 3no te precipites en apartarte de él, ni realices mal alguno, pues hará lo que decida. 4El poder reside en la palabra del rey, y quién le va a decir: «¿Qué haces?». 5El que cumple lo mandado no sufre ningún mal. El corazón del sabio sabe el tiempo y el modo, 6ya que cada cosa tiene su tiempo y su modo. Muchos males pesan sobre el hombre, 7y nadie sabe lo que va a suceder, pues ¿quién se lo va a decir? 8Nadie tiene poder sobre el espíritu para lograr retenerlo, ni tampoco sobre el día de su muerte. No hay escapatoria en el combate, y la maldad no pone a salvo a quien la hace.

La sabiduría está en Dios

9He visto todo esto al ponderar en mi corazón lo que se hace bajo el sol cuando un hombre tiene poder para dañar a otro. 10He visto que llevan a la tumba a los malvados y, al marcharse del lugar sagrado, se olvidan en la ciudad del modo en que obraron. También esto es vanidad. 11No se ejecuta enseguida la condena por actuar mal, y por eso se fomenta la mala conducta en el corazón de los hombres, 12pues el pecador actúa mal cien veces y se le tolera. Ya sé yo que a los que temen al Señor les irá bien, pues son temerosos ante Él. 13Pero no le irá bien al malvado, ni prolongará sus días como la sombra el que no sea temeroso ante Dios. 14Hay otra vanidad que sucede en la tierra: personas honradas a los que se trata como malvados, y malvados a los que se trata como si fueran honrados, y digo yo que también esto es vanidad.

15Me gozo, pues, de la alegría, ya que lo único bueno bajo el sol para el hombre es comer, beber y alegrarse, y esto le acompaña en su trabajo todos los días de la vida que Dios le ha dado bajo el sol.

16Cuando me he interesado en conocer la sabiduría y observar la labor que se hace sobre la tierra, sin dejar que los ojos cedan al sueño de día ni de noche, 17he observado todas las obras de Dios. Pues bien, el hombre no puede descubrir todo lo que se hace bajo el sol; el hombre se esfuerza en buscarlo y no lo descubre, y aunque un sabio quisiera conocerlo no es capaz de descubrirlo.

9Qo1He ponderado todo esto en mi corazón y está claro que el honrado, el sabio y sus obras están en las manos de Dios. Pero sobre el amor o el odio no sabe el hombre: todo es posible.

IX. LA VERDADERA SABIDURÍA

Disfrute del momento presente

2Es como si hubiera para todos un único destino,
para honrados y malvados,
para buenos y malos,
para puros e impuros,
para los que ofrecen sacrificios y los que no,
tanto buenos como pecadores,
perjuros como los que juran con respeto.

3Esto es lo malo de todo lo que pasa bajo el sol, que haya un único destino para todos. Así el corazón de los seres humanos se llena de maldad, sus corazones desvarían durante su vida y después se van con los muertos. 4Pero quien se cuenta entre los vivos tiene esperanza, ya que más vale perro vivo que león muerto. 5Los vivos saben que morirán, pero los muertos no saben nada, ni tendrán más recompensa porque su recuerdo se ha esfumado; 6también se perdieron sus amores, odios y envidias, y ya nunca tendrán parte en nada de lo que se hace bajo el sol.

7Anda y come tu pan con alegría,
y bebe tu vino con buen corazón,
que Dios ya se ha complacido en tus obras.
8Lleva siempre ropas blancas,
y que no falte el perfume en tu cabeza.

9Goza la vida con la mujer que amas, todos los días de la vana vida que tienes bajo el sol, todos tus vanos días, pues es lo tuyo mientras vives y trabajas bajo el sol. 10Todo lo que esté al alcance de tu mano, hazlo con todas tus fuerzas, pues en el sheol adonde te diriges no hay acción ni discernimiento, ciencia ni sabiduría.

La fuerza de la sabiduría

11Otra vez observé bajo el sol que no ganan la carrera los veloces, ni la guerra los más fuertes, ni tampoco el pan los sabios, ni las riquezas los inteligentes, ni el favor los instruidos, pues a todos les llega su tiempo y su destino. 12Además, los hombres no conocen su tiempo sino que, como los peces caen atrapados en la red traicionera y los pájaros quedan prendidos en la trampa, se enredan cuando les sobreviene de golpe un mal momento.

13También he visto con sabiduría bajo el sol esto que me parece algo grandioso:

14Érase una ciudad pequeña y con poca gente; vino contra ella un gran rey, la sitió y construyó contra ella grandes fortalezas. 15Había allí un hombre pobre y sabio que puso a salvo la ciudad con su sabiduría, pero nadie se acuerda de aquel pobre hombre.

16Digo yo que más vale sabiduría que fortaleza,
pero se desprecia la sabiduría del pobre
y no se escuchan sus palabras.
17Las palabras pausadas de los sabios
se escuchan mejor
que los gritos del capataz de necios.
18Más vale la sabiduría que las armas de guerra.

El sabio ante la necedad

Un solo pecado echa a perder muchos bienes.

10Qo1Una mosca muerta corrompe el perfume. Un poco de necedad pesa más que la sabiduría y el honor.

2El sabio tiene el corazón a su derecha
y el necio tiene el corazón a su izquierda.

3Cuando el necio va por el camino desvaría y va diciendo a todos: «Eres necio».

4Si el capataz se enfada contigo, no te alteres, pues la calma evita grandes pecados.

5Hay un mal que he visto bajo el sol, un error del que es responsable el gobernante: 6un necio situado en lo alto mientras que nobles y ricos están abajo. 7He visto siervos a caballo y príncipes andando por tierra como siervos.

8El que cava una fosa se cae en ella,
y al que derriba la tapia le muerde una serpiente.
9El que extrae piedras se golpea con ellas
y el que corta troncos se lastima con ellos.
10Con el hierro embotado
y sin afilar,
hay que hacer más fuerza.
La sabiduría proporciona ventaja.
11El encantador de serpientes no tiene ventaja
si la serpiente le pica antes de que la encanten.
12El sabio gana estima con sus palabras,
pero el necio se arruina al hablar.
13Cuando empieza a hablar dice tonterías
y el final de su discurso es lamentable desvarío.
14El necio habla sin parar,
pero nadie sabe qué va a pasar,
y lo que suceda después, ¿quién se lo va a contar?
15El trabajo agota a los necios,
ni siquiera saben ir a la ciudad.
16¡Ay de ti, país que tu rey es mozo,
que tus príncipes se pasan el día comiendo!
17Feliz tú, país que tu rey es de la nobleza
y tus príncipes comen a su tiempo
para fortalecerse y no para emborracharse.
18Por la negligencia se rompen los techos
y por la ociosidad se llena de goteras la casa.
19Hacen banquetes para divertirse,
el vino les alegra la vida
y el dinero responde de todo.
20No critiques al rey ni de pensamiento
y no hables mal del rico ni en tu habitación,
porque un ave del cielo llevará tu voz,
una criatura con alas se lo contará.

La audacia del sabio

11Qo1Echa tu pan sobre la superficie de las aguas, que al cabo del tiempo lo encontrarás de nuevo.

2Reparte lo tuyo con siete e incluso con ocho,
porque no sabes qué de malo ocurrirá en la tierra.
3Si las nubes están cargadas
derraman lluvia sobre la tierra.
Caiga un árbol hacia el sur o el norte,
el árbol se queda donde caiga.
4El que se preocupa del viento no siembra
y el que mira las nubes no siega.

5Igual que no sabes cómo entra el espíritu y los huesos en el vientre de la embarazada, tampoco sabes cómo actúa Dios, que hace todas las cosas.

6Por la mañana siembra tu semilla
y que tu mano no descanse por la tarde,
pues no sabes si se desarrollará más
la una o la otra,
o si ambas serán igualmente buenas.
7La luz es dulce
y para los ojos es bueno ver el sol.

Sabiduría y juventud

8Si un hombre vive muchos años
gozando en todos ellos,
que piense en los días sombríos,
que serán muchos.
Todo porvenir es vanidad.
9Goza, joven, de tu juventud
y que tu corazón te haga feliz durante los días
de tu mocedad;
sigue los caminos de tu corazón
y la mirada de tus ojos.
Pero has de saber que de todo eso
Dios te pedirá cuentas.
10Quita el sufrimiento de tu corazón
y aparta el mal de tu carne,
porque juventud y pelo negro son vanidad.

El pensamiento de la muerte

12Qo1Acuérdate de tu creador

en los días de tu mocedad,
antes de que lleguen los días malos
y se acerquen los años en que digas: «No me gustan»;
2antes de que se apaguen
el sol y la luz, la luna y las estrellas,
y sigan las nubes después de la lluvia;
3cuando tiemblen los guardianes de la casa,
se encorven los fuertes,
cesen las que muelen, pues han venido a menos,
y las que miran por las celosías se queden a oscuras;
4cuando se cierren los portones de la calle,
se apague el rumor del molino,
se acalle el canto del pájaro
y enmudezcan todas las canciones,
5den miedo las alturas
y los terrores del camino;
cuando florezca el almendro,
se arrastre la langosta
y se malogre la alcaparra,
porque el hombre marcha a su eterna morada
y los que están de duelo rondan por las calles;
6antes de que se suelte el hilo de plata,
se rompa el cuenco de oro,
se quiebre el cántaro en la fuente,
se rompa la polea del pozo,
7el polvo vuelva a la tierra que fue
y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.

TODO ES VANIDAD

8¡Vanidad de vanidades
—dice Qohélet—,
todo es vanidad!

9Qohélet, además de ser sabio, transmitió conocimientos al pueblo, escuchó, investigó y compuso muchos proverbios. 10Qohélet trató de encontrar un estilo agradable y escribir la verdad con acierto. 11Las palabras de los sabios son como aguijones; y las colecciones de los dichos de cada autor, como estacas bien clavadas. 12Por lo demás, hijo mío, atiende: componer muchos libros es cosa de nunca acabar, y estudiar mucho fatiga el cuerpo. 13Fin del discurso. Hemos oído todo: teme a Dios y guarda los mandamientos, que esto vale para todo hombre. 14Dios juzgará si es bueno o es malo todo lo que se hace, incluso lo oculto.