COMENTARIO

 Qo 1,12-2,26 

Qohélet se identifica como sabio al máximo nivel (Salomón). Va a hablar desde la experiencia personal de quien ha reflexionado sobre lo que sucede bajo el sol. Aunque ya expone de entrada su conclusión de que todo es vanidad y nada puede cambiarse, sin embargo se dispone a ofrecer al lector sus reflexiones (cfr 1,16; 2,1.15), pues en el fondo no puede dejar de buscar. De hecho, la búsqueda de la sabiduría consiste en la investigación del orden que preside tanto la marcha del cosmos como el destino de los hombres. Y en esa tarea, por más que éstos se esfuercen, no encontrarán nada realmente nuevo. Pero intentarlo es lo propio del hombre, pues Dios se lo ha encomendado: «Para el autor sagrado el esfuerzo de la búsqueda no estaba exento de la dificultad que supone enfrentarse con los límites de la razón. Ello se advierte, por ejemplo, en las palabras con las que el libro de los Proverbios denota el cansancio debido a los intentos de comprender los misteriosos designios de Dios (cfr 30,1.6). Sin embargo, a pesar de la dificultad, el creyente no se rinde. La fuerza para continuar su camino hacia la verdad le viene de la certeza de que Dios lo ha creado como un “explorador” (cfr Qo 1,13), cuya misión es no dejar nada sin probar a pesar del continuo chantaje de la duda. Apoyándose en Dios, se dirige, siempre y en todas partes, hacia lo que es bello, bueno y verdadero» (Fides et ratio, n. 21).

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