COMENTARIO
Continuando con sus razonamientos, Qohélet va enumerando ejemplos acerca de cómo no resulta posible alcanzar la felicidad por los caminos de la mera experiencia humana. Ahora se plantea otra cuestión que también pertenece a la sabiduría tradicional: pensar en la posteridad hace al hombre feliz, pues los descendientes le reconocerán a uno el esfuerzo realizado y se beneficiarán de sus frutos (cfr Pr 10,7; Si 44,9). Con esta ilusión parece que el sabio da sentido a lo que hace y le llena de satisfacción (vv. 14a-b). Pero para el autor sagrado también esto es vanidad, pues sabio y necio «correrán la misma suerte» (v. 14c). Por eso el pensamiento de la posteridad es pura vanidad ya que el sabio y el necio caerán en el olvido (vv. 15-16). De ahí que la vida parezca, en realidad, aborrecible (v. 17) y desalentadora (v. 20). Es más, la misma preocupación por estas cosas no conduce a ninguna parte (vv. 22-23).