COMENTARIO

 Qo 2,24-26 

Sólo al final de esta enumeración de situaciones se apunta la única actitud realista ante los problemas planteados: la honradez en la vida y el disfrute de los gozos que proporciona, ya que todo gozo viene de la mano de Dios (vv. 24-25), que es quien otorga sabiduría, ciencia y alegría al que es bueno ante Él (v. 26). El tono de estos versículos contrasta aparentemente con lo anterior, por lo que hay quienes piensan que pertenecen a otro sabio que habría retocado el escrito originario de Qohélet. Sin embargo, tal como están insertados al final de esta sección, dan la pista que el autor ofrece al lector para que, tras considerar la inutilidad del esfuerzo humano, considere también que lo bueno que proporciona la vida viene definitivamente de Dios. Por eso, en la tradición cristiana estas lecciones del maestro han sido interpretadas como una invitación a poner los ojos en Jesucristo para contemplar en Él toda verdad y todo bien. «Pues, así como es imposible que el que está en la luz vea tinieblas, así también lo es que el que tiene los ojos puestos en Cristo los fije en cualquier cosa vana —dice San Gregorio de Nisa—. Por tanto, el que tiene los ojos puestos en la cabeza, y por cabeza entendemos aquí al que es principio de todo, los tiene puestos en toda virtud (ya que Cristo es la virtud perfecta y totalmente absoluta), en la verdad, en la justicia, en la incorruptibilidad, en todo bien. Porque el sabio tiene sus ojos puestos en la cabeza, mas el necio camina en tinieblas (2,14)» (In Ecclesiasten homiliae 5).

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