COMENTARIO
Antes, el autor sagrado hablaba de su reflexión personal —«me dije…» (1,16; 2,1.15)—, ahora va a hablar desde lo que ve, desde la experiencia inmediata: «he visto…» (v. 10; cfr 3,16; 4,1; etc.). Contempla la actividad realizada por el hombre como tarea encomendada por Dios. Aunque el hombre no comprende todo el alcance de su propia actividad, sin embargo ésta le proporciona unas satisfacciones que debe aprovechar en todo momento.