COMENTARIO
La tarea que el hombre realiza le ha sido encomendada por Dios (3,10), pero en la realización de la actividad humana predominan los males que la acompañan. Son los que el autor sagrado va a exponer a continuación: porque lo «ha visto» (3,16; cfr 3,10; 4,1; 5,7). «La Sagrada Escritura, con la que está de acuerdo la experiencia de los siglos, enseña a la familia humana que el progreso altamente beneficioso para el hombre también encierra, sin embargo, gran tentación, pues los individuos y las colectividades, subvertida la jerarquía de los valores y mezclado el bien con el mal, no miran más que a lo suyo, olvidando lo ajeno. (…) A la hora de saber cómo es posible superar tan deplorable miseria, la norma cristiana es que hay que purificar por la cruz y la resurrección de Cristo y encauzar por caminos de perfección todas las actividades humanas, las cuales, a causa de la soberbia y el egoísmo, corren diario peligro» (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 37).