COMENTARIO
Qohélet observa que el fruto del trabajo de algunos suscita envidias en otros. También éste es un mal que acarrea sufrimientos inútiles. Con frecuencia sucede que no faltan quienes afrontan su profesión con tal competitividad que su esfuerzo por rendir en el trabajo parece más un empeño por superar a los demás en una competición que un verdadero interés por prestar un servicio. «Es cierto —hace notar San Juan Pablo II— que el hombre está destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo está en función del hombre, y no el hombre en función del trabajo» (Laborem exercens, n. 6).