COMENTARIO
Expone cómo con frecuencia no se encuentra la verdadera justicia en este mundo (vv. 9-14). Es una razón más para intentar disfrutar del momento presente (v. 15). Lo único realmente cierto, y que abre el camino a la esperanza, es la certeza de que todo está bajo el poder de Dios (vv. 16-17).
Las consideraciones por las que el autor invita a obrar bien son ahora en cierto modo más optimistas. Al malvado, su maldad no lo pone a salvo (cfr 8,10) y, en cambio, a los que temen al Señor les irá bien (cfr 8,12). No obstante queda en el lector un interrogante al que no puede dar respuesta (9,1), pues el hombre es incapaz de comprender la manera en que Dios actúa y nunca está seguro de si ama a Dios como Él quiere. Conviene no olvidar que, en el momento en que fueron escritas estas palabras, la Revelación no había alcanzado aún la plenitud a la que llegaría en los últimos libros del Antiguo Testamento y en el Nuevo; el autor no conoce todavía todo lo relativo a la vida después de la muerte, de ahí la insistencia en disfrutar del momento presente como don de Dios. De otro lado, la duda de si se ama a Dios o no, que siempre late en el corazón del hombre, dejará de tener tanto relieve a la luz de las palabras de San Juan: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados» (1 Jn 4,10).