COMENTARIO

 Qo 12,9-14 

El epílogo es obra de un discípulo del maestro que ha recopilado sus enseñanzas. Sus palabras nos enseñan algo del complejo proceso de composición de este libro, análogo al de otros muchos de la Sagrada Escritura. De entrada hubo un sabio que enseñaba al pueblo lo que había aprendido, junto con otras atinadas observaciones fruto de su experiencia personal o de su estudio (cfr v. 9). Puso empeño por expresarse en un lenguaje adecuado a sus oyentes, y sus discípulos conservarían como un tesoro precioso sus enseñanzas (cfr v. 10). Tiempo después, para que «como estacas bien clavadas» (v. 11) sirvieran de puntos de referencia en la instrucción de otros, fueron recogidas por escrito algunas de sus enseñanzas.

Los dos últimos versículos son como un compendio de la enseñanza desplegada en el texto. La tradición ascética se ha hecho eco de esta sabiduría sobria y tajante de los maestros de Israel. Sin duda, hay un poso grande de esa sabiduría en expresiones felices, como ésta de Santa Teresa de Jesús, que resume así la vida: «Todo es nada, y menos que nada, lo que se acaba y no contenta a Dios» (Vida 20,26).

Volver a Qo 12,9-14