COMENTARIO
El autor sagrado pasa, sin solución de continuidad, del recuerdo de la acción salvífica de la Sabiduría divina en la salida de Egipto, a la evocación sucinta de los prodigios obrados por ella misma en el desierto (11,1-20; cfr Ex 14,1-17,7) mediante el «santo profeta», Moisés, cuyo nombre tampoco menciona expresamente (vv. 1-3). Luego el discurso se dirige directamente a Dios (v. 4) recordando sus acciones en favor del pueblo y admirando su solicitud como padre (cfr v. 10; Dt 8,2-5). La prueba de la falta de agua en el desierto y el prodigio de que brotase de la roca (cfr Ex 17,1-7) les hacía comprender el castigo que habían sufrido los egipcios con las aguas del Nilo. Así se manifestaba el poder y la misericordia de Dios.