II. ORACIÓN DE SALOMÓN PARA ALCANZAR LA SABIDURÍA
9Sb1Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que hiciste todas las cosas con tu palabra
2y con tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominara sobre las criaturas hechas por ti,
3rigiera el mundo con santidad y justicia,
y juzgase con rectitud de ánimo:
4otórgame la sabiduría que asiste junto a tu trono,
y no me excluyas de entre tus hijos.
5Porque soy tu siervo e hijo de tu esclava,
hombre débil y de corta vida,
incapaz de comprender los juicios y las leyes.
6Pues si alguien cree ser perfecto entre los hombres,
pero le falta la sabiduría que viene de ti, no vale nada.
7Tú me elegiste como rey de tu pueblo
y juez de tus hijos e hijas.
8Me mandaste edificar un Templo en tu santo monte
y un altar en la ciudad de tu morada,
a imitación de la tienda santa que preparaste al principio.
9Contigo está la sabiduría, que conoce tus obras,
que estaba presente cuando hiciste el universo,
y sabe lo que es agradable a tus ojos
y conforme con tus mandamientos.
10Envíala desde los cielos santos,
mándala desde el trono de tu gloria,
para que me asista y trabaje conmigo
y sepa yo lo que te agrada.
11Ella, que todo lo sabe y lo entiende,
me guiará con prudencia en mis actos,
me custodiará en su gloria.
12Así, mis obras te serán gratas,
gobernaré a tu pueblo con justicia
y seré digno del trono de mi padre.
13¿Qué hombre podrá conocer el designio de Dios?
¿Quién podrá pensar lo que el Señor quiere?
14Mezquinos son los pensamientos de los mortales,
inseguras nuestras decisiones.
15Pues un cuerpo corruptible oprime el alma,
la tienda terrenal oprime la mente, llena de preocupaciones.
16A duras penas entendemos las cosas de la tierra,
encontramos con fatiga lo que está a nuestras manos:
¿Quién podrá investigar las cosas del cielo?
17¿Quién conocerá tu designio, si Tú no le das la sabiduría
y envías desde las alturas tu santo espíritu?
18Sólo así se enderezaron los caminos de quienes hay en la tierra;
aprendieron los hombres lo que te agrada,
y se salvaron gracias a la sabiduría.
10Sb1Ella custodió al primer formado, padre del mundo, cuando fue creado solo;
lo levantó de su caída
2y le dio el poder de dominar sobre todas las cosas.
3Pero el inicuo, en su ira, se separó de ella
y pereció por su pasión fratricida.
4Por su culpa se inundó la tierra, pero la sabiduría la salvó de nuevo,
dirigiendo al justo en un vulgar madero.
5Ella, cuando las naciones concordes en maldad fueron confundidas,
reconoció al justo y lo guardó sin tacha para Dios,
lo mantuvo fuerte por encima de la compasión hacia el hijo.
6Ella, mientras los impíos perecían, puso a salvo al justo
que huía del fuego que bajaba sobre la Pentápolis.
7Como testimonio de aquella maldad
todavía queda una tierra desierta y humeante,
y árboles frutales sin sazón e inciertos,
y la estatua de sal, alzada en memoria de un alma incrédula.
8Pues, al dejar de lado la sabiduría,
no sólo cayeron en el error de desconocer el bien,
sino que legaron a los vivientes el recuerdo de su necedad,
de modo que no pudieron ocultar sus culpas.
9Pero la sabiduría libró de sus fatigas a los que la sirvieron.
10Ella, al justo que huía de la ira de su hermano
lo condujo por senderos rectos;
le mostró el Reino de Dios
y le concedió la ciencia de las cosas santas.
Le dio éxito en las fatigas
y llenó de fruto sus trabajos.
11Le asistió frente a la codicia de los opresores
y lo hizo rico.
12Le defendió de sus enemigos
y le mantuvo seguro de los que le acechaban.
Le otorgó el premio tras el duro combate,
para que supiera que la piedad es lo más fuerte de todo.
13Ella no abandonó al justo vendido a precio,
sino que le libró de caer en pecado;
14bajó con él a la prisión
y no le abandonó en las cadenas,
hasta traerle el cetro real
y el poder sobre los que le oprimían.
Manifestó que quienes le acusaban eran unos mentirosos
y le otorgó gloria eterna.
15Ella libró al pueblo santo y a la estirpe sin mancha
de las naciones que lo atribulaban.
16Penetró en el alma del que servía al Señor
e hizo frente con prodigios y señales a reyes temibles.
17Recompensó a los santos por sus fatigas,
los guió por un camino maravilloso,
fue para ellos refugio en el día
y resplandor de estrellas por la noche.
18Les hizo atravesar el Mar Rojo
y los condujo en medio de aguas caudalosas.
19Pero anegó a sus enemigos
y los vomitó del hondo del abismo.
20Por esto los justos despojaron a los impíos,
cantaron un himno, Señor, a tu santo Nombre
y alabaron a coro tu mano triunfadora;
21porque la sabiduría abrió la boca de los mudos
y volvió claras las lenguas de los niños.
II. ACCIÓN DE LA SABIDURÍA EN EL ÉXODO
11Sb1Encaminó felizmente sus actos por medio
del santo profeta.
2Atravesaron un desierto inhóspito,
pusieron las tiendas en sitios inaccesibles.
3Se enfrentaron a adversarios y rechazaron a enemigos.
4Tuvieron sed y te invocaron,
y se les dio agua de una roca abrupta,
de la dura piedra, para remediar la sed.
5Lo que servía de castigo para sus enemigos,
eso mismo fue un beneficio en su necesidad.
6En lugar del manantial de un río perenne,
—enturbiado de sangre pútrida
7como castigo por el decreto infanticida—,
les diste inesperadamente agua abundante,
8mostrando así, por la sed de aquel momento,
cómo habías castigado a sus adversarios.
9Cuando fueron puestos a prueba, corregidos con clemencia,
comprendieron los tormentos de los impíos, condenados con ira.
10Porque Tú probaste a unos como un padre que amonesta,
pero a los otros, como rey severo que condena,
los interrogaste con tormentos.
11Ausentes y presentes se consumían por igual;
12pues les invadía una tristeza redoblada
y el lamento por los recuerdos del pasado.
13Cuando oían que sus propios padecimientos
beneficiaban a los otros, advirtieron que era cosa del Señor;
14y al que antes habían expuesto, y luego rechazado con burla,
al final del desenlace lo miraban con asombro,
al sufrir una sed muy distinta de la de los justos.
15Por los necios pensamientos de su iniquidad,
que los engañaban y les hacían adorar
serpientes irracionales y bestias viles,
les enviaste por castigo multitud de animales sin razón,
16para que supieran que en el pecado está el tormento.
17No había dificultad para tu mano omnipotente,
que de materia informe había creado el universo,
enviarles manadas de osos o feroces leones,
18o fieras desconocidas, recién creadas, llenas de furor,
que echasen resoplidos de fuego,
o emitiesen humaradas pestilentes,
u horrendas chispas encendidas por los ojos,
19capaces de exterminarlos no sólo con su ataque,
sino hacerlos morir por su mismo aspecto pavoroso.
20Incluso sin ellas, podrían sucumbir de un solo soplo,
perseguidos por la justicia,
y aventados por tu hálito poderoso.
Pero Tú lo has dispuesto todo con medida, número y peso.
21Siempre está a tu alcance el actuar con gran poder.
¿Quién puede resistir a la fuerza de tu brazo?
22Ante ti el universo entero es como mota de polvo en la balanza,
como gota de rocío mañanero que baja a la tierra.
23Pero te apiadas de todos, porque todo lo puedes;
no miras los pecados de los hombres a fin de que se conviertan.
24Amas a todos los seres
y no odias nada de lo que hiciste;
porque si odiaras algo, no lo hubieras dispuesto.
25¿Cómo podría permanecer algo, si Tú no lo quisieras?
¿Cómo podría conservarse algo que Tú no llamaras?
26Tú perdonas a todos, porque son tuyos,
Señor, amigo de la vida.
12Sb1Tu aliento incorruptible está en todas las cosas. 2Por eso corriges poco a poco a los que caen;
los corriges recordándoles sus pecados,
para que se aparten del mal y crean en ti, Señor.
3A los antiguos moradores de tu santa tierra
4los odiaste porque hacían cosas detestables,
prácticas mágicas y ritos sacrílegos.
5A tales crueles asesinos de hijos, devoradores en banquetes de vísceras
de carne y sangre humana,
iniciados en misterios orgiásticos
6y padres verdugos de almas indefensas,
a esos decidiste destruirlos por mano de nuestros padres,
7a fin de que tu tierra predilecta
acogiera la digna migración de los hijos de Dios.
8Pero también les perdonaste a aquéllos, porque eran hombres,
enviándoles avispas como avanzadillas de tu ejército,
para que los destruyeran poco a poco.
9No porque no pudieras entregar en batalla a los impíos
en manos de los justos,
o con fieras salvajes, o con una palabra inexorable
destruirlos de una vez;
10sino que castigándolos poco a poco les dabas tiempo de arrepentirse,
a sabiendas de que eran de mala ralea,
de maldad innata
y que su mente no cambiaría jamás.
11Eran una raza maldita desde el principio.
Tampoco les indultaste sus pecados por temor a nadie.
12Pues ¿quién puede decirte:«Qué has hecho»?
¿Quién podrá oponerse a tu juicio?
¿Quién te reprochará la destrucción de naciones que Tú creaste?
¿Quién se te enfrentará como vengador de hombres inicuos?
13Porque fuera de ti no hay otro Dios que se cuide de todo,
al que tengas que explicar que no juzgaste injustamente.
14Ni hay rey o tirano que te pueda acusar por haberlos castigado.
15Sino que, siendo justo, gobiernas todas las cosas con justicia:
consideras ajeno a tu poder
el castigar al que no merece castigo.
16Tu poder es el principio de la justicia,
y el ser Señor de todas las cosas te hace perdonar a todos.
17Muestras tu fuerza al que no cree en la perfección de tu poder,
y a quienes la reconocen dejas convictos de su atrevimiento.
18Tú, dueño de la fuerza, juzgas con benignidad,
y nos gobiernas con gran indulgencia;
porque, cuando quieres, haces valer tu poder.
19Por estos hechos enseñaste a tu pueblo
que el justo ha de ser amigo del hombre,
y llenaste a tus hijos de buena esperanza,
pues, después de pecar, das ocasión para el arrepentimiento.
20Porque, si a los enemigos de tus hijos, reos de muerte,
los castigaste con tanto miramiento e indulgencia,
dándoles tiempo y lugar para convertirse de su malicia,
21¿con qué consideración no habrás juzgado a tus hijos,
a cuyos padres hiciste juramento y promesas de darles favores?
22Así nos educas, azotando de mil maneras a nuestros enemigos,
para que, al juzgar, meditemos en tu bondad,
y, al ser juzgados, esperemos en tu misericordia.
23Por eso, a los que con insensatez llevaron una vida malvada,
los atormentaste por medio de sus propias abominaciones.
24Pues se desviaron muy lejos por caminos del error,
y, tomando por dioses los animales más viles y repugnantes,
fueron engañados como niños sin uso de razón.
25Por tanto, como a niños que no razonan,
les enviaste un castigo pueril.
26Pero los que no escarmentaron con reprensiones infantiles,
experimentaron el justo juicio de Dios.
27Ellos se irritaban al sufrir a los que consideraban dioses,
pero, al ser por ellos castigados, conocieron al verdadero Dios,
al que antes se habían negado a reconocer.
Por eso les sobrevino la condenación colmada.
III. CRÍTICA DE LOS FILÓSOFOS
13Sb1Vanos son por naturaleza todos los hombres que han vivido en la ignorancia de Dios,
que de los bienes visibles no fueron capaces de conocer al–que-es,
ni al considerar las obras reconocieron a su artífice.
2Sino que al fuego, al viento o al aire veloz,
a la órbita de los astros o a la violencia de las aguas,
o a los luceros del cielo, rectores del cosmos, los tuvieron por dioses.
3Y si, fascinados por su belleza, los tomaron por dioses,
que sepan cuánto mejor es el Señor de ellos,
pues los creó el progenitor de la belleza.
4Y si se asombraron de su potencia y eficacia,
que deduzcan de ellas cuánto más poderoso es el que los formó.
5Pues por la grandeza y hermosura de las criaturas
se puede contemplar, por analogía, al que las engendró.
6Sin embargo, para éstos el reproche es pequeño,
pues tal vez andan errados
al buscar a Dios y al querer encontrarlo.
7Se ocupan de sus obras, las investigan,
pero se dejan seducir por su apariencia, pues lo que se ve es hermoso.
8A pesar de todo, ni siquiera éstos son excusables;
9ya que, si fueron capaces de saber tanto,
que pudieron escrutar los mundos,
¿cómo no encontraron más pronto a su Señor?
10Desgraciados son, pues, los que ponen su esperanza en cosas muertas,
quienes llamaron dioses a las obras de manos humanas,
al oro y a la plata labrados con arte,
y a figuras de animales,
o a la piedra inútil, obra de mano antigua.
11Es como si un hábil carpintero corta
un tronco moldeable, lo descorteza con pericia,
y, aplicando oportunamente todo su arte,
fabrica un objeto útil para los menesteres de la vida.
12Los desechos de su obra
los emplea para prepararse la comida, con la que se sacia.
13Pero lo que aún sobra, que no sirve para nada,
un leño torcido y nudoso,
lo toma y lo esculpe para ocupar su tiempo de ocio;
con su saber, en horas de descanso, le va dando forma,
hasta parecer la figura de un hombre,
14o dándole la semejanza de algún vil animal.
Lo unta con minio, pinta de rojo su superficie
y recubre todas sus manchas;
15le prepara una habitación digna,
lo pone en la pared fijándolo con un clavo:
16prevé que no se caiga,
a sabiendas que no puede valerse por sí mismo,
pues sólo es una imagen que necesita ayuda.
17Pero le reza por sus bienes, su matrimonio y los hijos,
sin avergonzarse de hablar a un objeto inanimado,
y pide salud al que está enfermo,
18ruega por su vida al que está muerto,
suplica ayuda al ser más inepto,
y por un buen viaje al que no puede ni mover los pies,
19y por los negocios, el trabajo y el éxito de sus manos
demanda habilidad al más torpe de manos.
14Sb1Otro, que se dispone a navegar y sortear olas violentas,
invoca a un madero más frágil que el barco que le lleva.
2Éste fue inventado por el afán de lucro,
y lo construyó el saber de un artífice.
3Pero es tu providencia, Padre, quien lo pilota,
porque Tú abres también camino en el mar,
y una senda segura entre las olas;
4muestras así que eres capaz de salvar de cualquier peligro,
incluso que pueda embarcarse un inexperto.
5No quieres que se frustren las obras de tu sabiduría;
por eso los hombres confían sus vidas al más pequeño leño,
y, atravesando las olas en una balsa, llegan sanos y salvos.
6Pues al principio, cuando perecieron los gigantes altivos,
la esperanza del mundo, refugiándose en una barca,
dejó a los siglos una semilla fecunda guiada por tu mano.
7¡Bendito sea el leño, por el cual se hace justicia!
8Pero el ídolo obra de las manos, ¡maldito él y quien lo hizo!
Éste por haberlo labrado,
aquél porque, aunque corruptible, recibió el nombre de dios.
9Para Dios son odiosos igualmente el impío y su impiedad.
10Así, pues, producto y artífice serán castigados juntamente.
11Por eso, también a los ídolos de los gentiles se les pedirá cuenta,
porque se han hecho abominación entre las criaturas de Dios,
tropiezo para las almas de los hombres
y trampa para los pies del necio.
12La idea de hacer ídolos fue el inicio de la fornicación,
su invención, la corrupción de la vida.
13Porque al principio no existían, ni existirán para siempre.
14Entraron en el mundo por la vanagloria de los hombres,
y, por esto, se les decretó un pronto fin.
15Así, un padre, afligido por un luto prematuro,
hace una imagen del hijo malogrado,
y al que antes era un hombre muerto
ahora comienza a venerarlo como un dios
y entrega misterios y ritos a sus súbditos.
16Luego, con el tiempo, se arraiga la impía costumbre
y es guardada como ley.
17Por mandato de tiranos se adoraron sus estatuas:
al no poder los hombres venerarlos en persona por habitar muy lejos,
reprodujeron en figura su remoto aspecto,
e hicieron una imagen visible del rey que querían venerar,
para honrar solícitos al ausente como presente.
18A la extensión de este culto, aun entre quienes no le conocían,
contribuyó también la ambición del artífice:
19pues éste, queriendo tal vez agradar al poderoso,
se esforzó con arte por hacer más hermosa la imagen.
20La gente, atraída por la belleza de la obra,
al que poco antes honraban como hombre,
lo estiman ahora como objeto de culto.
21Esto se convirtió en asechanza para los vivientes,
porque los hombres, esclavos de desgracia o tiranía,
pusieron a piedras y leños el nombre incomunicable.
22Luego no les bastó con errar en el conocimiento de Dios,
sino que, debatiéndose en la dura guerra de la ignorancia,
les llaman «paz» a tan grandes males.
23Practicando ritos infanticidas o misterios secretos,
o banquetes orgiásticos de ritos grotescos,
24no guardan ya puras ni la vida ni las bodas,
sino unos a otros se matan a traición o se afligen con adulterios.
25Todo es un caos: sangre y homicidio, robo y engaño,
corrupción, infidelidad, rebeldía y perjurio;
26perturbación de las cosas buenas,
olvido de los beneficios, corrupción de las almas, perversión sexual,
desorden en el matrimonio, adulterio, impureza.
27En verdad que el culto de los ídolos nefandos
es el principio, causa y fin de todo mal.
28Pues, cuando se divierten, se enloquecen, vaticinan falsedades,
o viven de modo inicuo, o se apresuran a perjurar:
29al confiar en ídolos sin alma,
no esperan castigo por haber perjurado.
30Les aguarda una doble sentencia:
por haber errado acerca de Dios, dirigiéndose a los ídolos,
y por haber perjurado para engañar, despreciando a la Santidad.
31Porque no es el poder de aquellos por los que juran,
sino la misma culpa de los que pecan
la que persigue siempre las transgresiones de los inicuos.
15Sb1Pero Tú, Dios nuestro, eres bueno y fiel, muy paciente, y gobiernas todo con misericordia.
2Aunque pequemos, somos tuyos, pues reconocemos tu poder;
y no pecaremos, porque reconocemos pertenecerte.
3Conocerte a Ti es justicia perfecta,
y reconocer tu poder, la raíz de la inmortalidad.
4No nos hicieron errar la invención de las malas artes humanas,
ni el trabajo estéril de los pintores
—figuras manchadas con colores distintos—,
5cuya visión despierta pasión en los necios,
anhelo por una imagen muerta, una efigie sin aliento.
6Amantes del mal y dignos de tales esperanzas
son tanto quienes las fabrican, como quienes las desean y veneran.
7Así, un alfarero, que amasa con esfuerzo la blanda tierra,
plasma para nuestro menester cualquier vasija;
y, del mismo barro, da forma
tanto a vasos dignos de empleos nobles,
como innobles, todos por igual.
Cuál sea el uso de cada uno de ellos
lo decide el alfarero.
8Con un trabajo inútil, plasma del mismo barro un dios vano,
que poco antes ha sido hecho de la tierra
y poco después volverá allí de donde fue sacado,
cuando se le pida cuenta de la vida prestada.
9Sin embargo, no le importa tener que fatigarse,
ni sólo disponer de breve vida,
sino que compite con orfebres y plateros,
imita a los que trabajan el bronce
y tiene a gala modelar falsedades.
10Su corazón es ceniza, su esperanza, más deleznable que la tierra,
su vida, más vil que el barro;
11porque desconoce al que le modeló,
y al que sopló en él un alma capaz de obrar
y le insufló un aliento vital.
12Pero él estima que nuestra vida es un juego,
y la existencia, un mercado lucrativo:
hay que sacar provecho —dice— de donde sea, incluso del mal.
13Éste sabe que peca más que nadie
al fabricar de materia terrestre frágiles vasos y esculturas.
14Más necios e ingenuos que alma de niño
son todos los enemigos de tu pueblo al oprimirle,
15pues tuvieron por dioses todos los ídolos de los paganos,
cuyos ojos no les sirven para ver,
ni la nariz para respirar el aire,
ni los oídos para oír,
ni los dedos de las manos para palpar,
y cuyos pies son incapaces de andar,
16ya que los hizo un hombre,
los modeló quien recibió un espíritu prestado
y ningún hombre puede plasmar un dios semejante a Él.
17Así, siendo mortal, produce un ser muerto con manos inicuas.
Más vale él que los objetos que adora,
pues él posee la vida, aquéllos jamás.
18Incluso adoran a los más repugnantes animales,
a los que, en comparación con los demás, son los más estúpidos;
19ni siquiera tienen la belleza de los animales de aspecto atractivo,
sino que han quedado fuera de la alabanza y de la bendición de Dios.
16Sb1Por eso fueron justamente castigados por semejantes seres
y atormentados por plagas de ranas.
2En vez de este castigo, Tú favoreciste a tu pueblo:
para su deseo vehemente les preparaste un sabor insólito,
una comida exquisita, las codornices.
3De este modo, aquéllos, muertos de hambre
por el asco de las ranas enviadas,
perdieron también el apetito natural;
éstos, en cambio, después de pasar necesidad por poco tiempo,
participaron de un manjar insólito.
4Era justo que aquellos opresores padeciesen una necesidad ineludible;
a éstos bastaba con mostrarles cómo sus enemigos eran atormentados.
5Así, cuando les sobrevino el terrible furor de las fieras,
y perecían por las mordeduras de sinuosas serpientes,
tu ira no duró hasta el final;
6sólo fueron turbados por poco tiempo para que escarmentasen,
teniendo un signo de salvación que les recordaba el precepto de tu Ley.
7Quien se volvía hacia él no se salvaba en virtud de lo que miraba,
sino gracias a Ti, salvador de todos.
8De este modo convenciste a nuestros enemigos
de que Tú eres el que libra de todo mal.
9A aquéllos los mataban las mordeduras de langostas y moscas,
sin encontrar remedio para sus vidas,
porque merecían ser castigados por tales animales.
10A tus hijos no los vencieron ni los dientes venenosos de dragones,
pues llegaba tu misericordia y los curaba.
11Recibían picaduras para que se acordasen de tus palabras,
pero enseguida se sanaban,
para que no cayesen en profundo olvido
y quedaran fuera de tu benignidad.
12Porque ni hierba ni emplasto los curaba,
sino tu palabra, Señor, que todo lo sana.
13Tú tienes potestad de vida y muerte,
haces bajar hasta las puertas del hades y haces subir.
14El hombre, por su maldad, puede matar,
pero no puede hacer volver el espíritu que salió,
ni liberar a un alma recibida en el hades.
15Es imposible escapar de tu mano:
16los impíos que se negaban a reconocerte
fueron azotados por la fuerza de tu brazo,
perseguidos por insólitas lluvias, granizo y tormentas implacables,
y consumidos por el fuego.
17Y lo que era más extraño, con el agua, que lo apaga todo,
el fuego se volvía más fuerte,
pues el universo es defensor de los justos.
18A veces las llamas se amansaban
para no abrasar a los animales enviados contra los impíos,
para que, al verlos, entendieran aquéllos que el juicio de Dios los perseguía.
19Otras veces, aun en medio de las aguas,
el fuego ardía por encima de su poder,
para destruir los brotes de una tierra inicua.
20A tu pueblo, en cambio, lo alimentaste con manjar de ángeles,
y les diste pan del cielo, preparado sin trabajo,
que producía completo deleite, apto para todos los gustos.
21Esta sustancia tuya mostraba tu dulzura con los hijos,
pues servía al deseo del que la recibía,
se convertía en lo que cada uno prefería.
22Nieve y hielo resistían el fuego y no se derretían,
para que supieran que el fuego destruía los frutos de los enemigos,
ardiendo en medio del granizo
y lanzando rayos entre la lluvia;
23pero, a su vez, para que se pudieran alimentar los justos,
se olvidaba también de su poder.
24Porque la creación, al servirte a Ti, el Hacedor,
se hace recia para castigar a los injustos,
pero se amansa para ser benigna con los que en Ti confían.
25Por eso, también entonces, adoptando todas las formas,
servía a tu liberalidad, que todo lo nutre,
según el querer de los necesitados;
26para que tus hijos que amabas, Señor, aprendieran
que no son los diversos frutos lo que alimenta al hombre,
sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen en Ti.
27Pues lo que no había sido destruido por el fuego,
al calor de un tenue rayo de sol, se derretía enseguida;
28para que se sepa que hay que adelantarse al sol para darte gracias,
y dirigirse a Ti al despuntar el alba.
29Que la esperanza del ingrato se derrite como helada invernal
y se escurre como agua sobrante.
17Sb1Grandes son tus juicios y difíciles de explicar; por eso las almas sin instrucción andan errando.
2Los inicuos, pensando que podían dominar al pueblo santo,
quedaron encadenados por tinieblas y cautivos de una larga noche,
encerrados bajo techos, huyendo de la eterna providencia.
3Creyendo que podían esconderse
con sus pecados ocultos, bajo el oscuro velo del olvido,
fueron dispersados, presos de tremendo espanto,
perturbados por apariciones.
4Ni el escondite que los retenía los preservó del temor:
a su alrededor retumbaban sonidos espantosos,
y surgían tétricos fantasmas con rostros siniestros.
5Ni el fuego más violento les podía alumbrar,
ni el fulgor resplandeciente de los astros
podía iluminar aquella noche horrenda.
6Sólo se les mostraba una hoguera aterradora que ardía por sí misma;
y cuando se iba de su vista aquella aparición
quedaban tan asustados,
que juzgaban más horrible lo que antes habían visto.
7Los engaños de artes mágicas cayeron por tierra,
y sobre la jactancia de su saber, la prueba más ignominiosa.
8Pues los que prometían alejar del alma enferma miedos y temores,
ellos mismos enfermaban con pánico grotesco.
9En efecto, aunque nada inquietante debería asustarlos,
espantados por el paso de las bestias y el silbido de serpientes,
se morían de miedo,
negándose a mirar el aire del que no podían escapar:
10la maldad es cobarde, se condena por su mismo testimonio,
reprochada por la conciencia, supone siempre lo peor.
11Y el miedo no es otra cosa que la renuncia a los auxilios de la razón,
12y cuanto menos se espera en éstos interiormente,
tanto más grave se juzga la desconocida causa del sufrimiento.
13Ellos, aquella noche realmente paralizante,
surgida de los antros del impotente hades,
adormecidos con un mismo sueño,
14unas veces estaban aterrados por fantasmas monstruosos,
y otras, paralizados por el decaimiento del alma,
se les echaba encima un temor repentino e inesperado.
15Así, cualquiera que caía allí,
quedaba encerrado en una prisión sin hierros.
16Ya fuera labrador o pastor,
u obrero que se ocupa en trabajos solitarios,
sorprendido caía bajo el sino ineludible,
pues todos estaban atados a las tinieblas por una misma cadena.
17El viento que silbaba,
o el canto melodioso de las aves entre las tupidas ramas,
o el rumor de aguas que corrían con violencia,
o el bronco fragor de una avalancha de piedras,
18o la carrera invisible de animales brincando,
o el rugido de las fieras más crueles,
o el eco que retumbaba en las oquedades de los montes,
los paralizaba de terror.
19Mientras, el mundo entero, alumbrado por una luz radiante,
se dedicaba sin trabas a sus obras.
20Sólo a ellos les cubría una noche deprimente,
imagen de la tiniebla que iba a recibirlos;
pero ellos eran para sí mismos más deprimentes que las tinieblas.
18Sb1Para tus santos, en cambio, había la mayor luz. Aquéllos, que oían su voz pero que no los veían,
los proclamaban dichosos porque no habían sufrido como ellos,
2y les daban gracias porque, habiendo sido ofendidos, no se vengaban,
y les pedían perdón por haberles sido hostiles.
3En vez de tinieblas les diste una columna de fuego flameante,
como guía para el viaje desconocido,
y un sol inofensivo en su gloriosa ruta.
4Aquéllos eran merecedores de carecer de la luz
y de estar encarcelados en tinieblas,
por haber retenido encerrados a tus hijos,
por los cuales iba a ser dada al mundo la luz incorruptible de la Ley.
5A los que decidieron matar a los niños de los santos,
—sólo un niño fue expuesto, y se salvó—,
les arrebataste en castigo una multitud de hijos suyos,
y les hiciste morir, todos juntos, en el agua impetuosa.
6Aquella noche fue anunciada de antemano a nuestros padres,
para que se alegraran, conscientes de las promesas en que creían.
7Tu pueblo recibió expectante
la salvación de los justos y la perdición de los enemigos.
8Porque con lo mismo que castigaste a los adversarios,
con eso mismo, nos glorificaste llamándonos a Ti.
9Los hijos santos de los buenos ofrecían sacrificios a escondidas
y se imponían unánimes esta ley divina:
que los santos compartirían por igual los bienes y peligros;
así empezaron a entonar los cantos de alabanza de los padres.
10Hacían eco los gritos descompuestos de los enemigos
y cundía el lamento de los que lloraban por sus hijos.
11Idéntico castigo era infligido al esclavo y al señor,
lo mismo sufría el hombre del pueblo que el rey.
12Todos por igual, por el mismo género de muerte,
tenían innumerables muertos.
Los vivos no eran suficientes ni para enterrarlos;
en un instante se perdió su más noble estirpe.
13Cuantos no habían creído por culpa de sus sortilegios,
a la vista de la muerte de los primogénitos,
confesaron que este pueblo era hijo de Dios.
14Cuando un sereno silencio lo envolvía todo
y la noche estaba a la mitad de su curso,
15tu omnipotente Palabra desde el Cielo, desde los tronos reales,
como guerrero implacable, se lanzó sobre aquella tierra desolada,
llevando la espada afilada de tu orden terminante.
16Deteniéndose, llenó todo de muerte.
De una parte, tocaba el cielo; de otra, se apoyaba en la tierra.
17Entonces, de pronto, les asaltaron visiones de sueños terribles,
les invadieron temores inesperados.
18Uno aquí, otro allá, caídos medio muertos,
manifestaban la causa de su muerte;
19pues los sueños perturbadores se lo habían preanunciado,
para que no perecieran sin saber por qué padecían.
20La prueba de la muerte alcanzó también a los justos
y hubo en el desierto una matanza de muchos.
Pero la ira no se prolongó por largo tiempo,
21pues un varón sin mancha se apresuró a luchar
tomando las armas de su ministerio:
la oración y el sacrificio expiatorio del incienso.
Hizo frente a la cólera y puso fin a la calamidad,
mostrando ser tu siervo.
22Venció a la indignación no con la fuerza del cuerpo,
ni con el poder de las armas,
sino que sujetó al que castigaba con la palabra,
recordándole las alianzas y los juramentos hechos a los padres.
23Habían caído ya los muertos a montones, unos sobre otros,
cuando él, alzándose en medio, detuvo la ira
y le cortó el camino hacia los que aún vivían.
24En su veste talar estaba todo el universo:
los nombres gloriosos de los padres
en bordado de cuatro hileras de piedras talladas,
y tu Majestad en la diadema sobre su cabeza.
25Ante estas cosas, el exterminador retrocedió, les tuvo miedo;
pues era suficiente la sola prueba de la ira.
19Sb1Pero a los impíos la ira despiadada duró hasta el fin,
porque Dios preveía también sus acciones futuras:
2que aquéllos les permitirían marchar,
y les apremiarían a salir,
pero se arrepentirían y los perseguirían.
3En efecto, cuando aún estaban ocupados en las exequias
y lloraban junto a las tumbas de los muertos,
tomaron otra decisión loca:
y a los que habían echado con ruegos,
a éstos, los persiguieron como fugitivos.
4Hasta este extremo les arrastró el merecido destino,
que les hizo olvidar los sucesos pasados,
para que completara el castigo lo que faltaba a los tormentos.
5Y mientras tu pueblo emprendía un camino asombroso,
ellos, en cambio, encontraban una extraña muerte.
6Pues la creación entera, en su propia naturaleza,
tomaba de nuevo una forma distinta, sirviendo a tus órdenes,
para que tus hijos fueran guardados incólumes.
7La nube cubría con su sombra el campamento;
donde antes estaba el agua se vio emerger la tierra seca,
del Mar Rojo, un camino expedito,
y de las olas violentas, una llanura verdeante.
8Por ella pasó todo el pueblo, los protegidos por tu mano,
contemplando pasmosos prodigios.
9Pastaron como caballos
retozaron como corderos,
cantando tus alabanzas, Señor, su libertador.
10Aún se acordaban de las cosas sucedidas durante su estancia,
cómo la tierra, en vez de engendrar animales, produjo moscas
y el río, en vez de peces, vomitó muchedumbre de ranas.
11Por último vieron también una nueva especie de aves,
cuando, acuciados por el apetito, pidieron alimento substancioso:
12para saciarlos, salieron del mar las codornices.
13Cayeron castigos sobre los pecadores,
no sin que precedieran señales de aviso con violentos rayos;
sufrían merecidamente por sus propias culpas,
por haber ejercido el odio más acerbo a los extranjeros.
14Hubo quienes no recibieron a inmigrantes desconocidos;
pero éstos esclavizaron a extranjeros que les trabajaban bien.
15Y no sólo eso: a los primeros se les pedirá cuentas,
porque acogieron con hostilidad a los extranjeros;
16pero a éstos, después de recibir con fiestas
a quienes gozaban de sus mismos derechos,
después los maltrataron con trabajos durísimos.
17Por eso recibieron el castigo de la ceguera,
como aquéllos a la puerta del justo,
cuando, envueltos en densa oscuridad,
buscaba cada uno el camino hacia su puerta.
18En efecto, los elementos se intercambiaban sus propiedades
como las notas del arpa cambian la cadencia del ritmo
manteniendo siempre el tono.
Según se puede deducir con precisión a la vista de lo que pasó:
19seres terrestres se volvían acuáticos,
y los que nadan se pasaban a tierra;
20el fuego reforzaba con el agua su poder,
y el agua se olvidaba de su virtud de apagar.
21Las llamas, al contrario, no abrasaban las carnes
de los corruptibles animales que andaban por allí,
ni derretían aquella especie de manjar divino,
parecido al cristal y fácil de disolver.
22En todo, pues, Señor, enalteciste a tu pueblo y lo glorificaste
y no lo desdeñaste, asistiéndole en todo tiempo y lugar.