COMENTARIO

 Sb 12,3-11 

En esta perspectiva se encuadra el castigo infligido por Dios a los antiguos cananeos, pobladores de la tierra santa, por su idolatría y sus ritos crueles, aunque con ellos mostrara también una cierta clemencia al no destruirlos de un solo golpe y por completo. El autor inspirado, que ha mostrado ya en los capítulos precedentes su apertura a los logros positivos de la cultura y del pensamiento griego, expresa ahora con reiteración su repugnancia por los cultos idolátricos y, de modo especial, por la zoolatría, frecuente en la religión de los egipcios, que identificaban o representaban con frecuencia sus divinidades mediante animales, a veces ridículos. Decididamente quiere advertir de la ridiculez de esos cultos a sus primeros lectores, sus correligionarios del Delta del Nilo, que vivían rodeados de tantas manifestaciones de tales religiones.

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