COMENTARIO

 Sb 12,10 

El pasaje puede ser desconcertante para el lector actual de la Biblia. Como ya había enunciado a propósito de los egipcios (11,21-26), no es por impotencia por lo que Dios se muestra indulgente con los cananeos. Al usar medios dilatorios de castigo, Dios quería dar tiempo al arrepentimiento. Sin embargo, Dios, que en su eternidad todo lo ve como un presente, sabía que no se retractarían. La raza cananea, descendiente de Cam, había sido maldecida por Noé por su perversa conducta (cfr Gn 9,22-25). Los cananeos habían llegado a ser, en el ambiente del hebraísmo de la época del Antiguo Testamento, proverbiales como pueblo degenerado. El influjo de la herencia, atribuible en parte a la educación de los mayores, aunque no quite la función de la libertad humana ni retire la bondad divina, tiene su peso. No es que el libro de la Sabiduría piense en una fatalidad absoluta (o, en términos más teológicos, en una predestinación divina a la condenación), sino en una propensión al mal en el ambiente de una estirpe humana depravada.

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