COMENTARIO

 Sb 16,1-4 

Se presenta un claro contraste entre la invasión de las ranas —la segunda plaga del éxodo en castigo de los egipcios (Ex 7,25-8,11)— y el milagro de las codornices, con las que Dios alimentó a su pueblo (Ex 16,9-13; Nm 11,31-33). San Agustín ofrece una explicación razonable acerca de la función extraordinaria de los milagros: «Como el hombre se hace a todo y las cosas a que se acostumbra le producen menos o ninguna impresión, se sirvió Dios en su misericordia realizar algunas cosas fuera del curso y orden acostumbrados de la naturaleza, a fin de que los hombres, ante quienes habían perdido valor los acontecimientos cotidianos, sintiesen admiración al ver, no cosas mayores, sino hechos más insólitos» (In Ioannis Evangelium 24).

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