COMENTARIO

 Sb 18,20-25 

De nuevo, en contraste con la muerte de los egipcios, se recuerda que el castigo a los israelitas en el desierto no fue tan severo gracias a la mediación de un hombre intachable. Se trata de la evocación de lo ocurrido durante el camino hacia la tierra prometida: la murmuración contra Moisés y Aarón, que fue seguida del castigo divino con una plaga que mató a una ingente multitud de israelitas (Nm 17,6-15). En el episodio narrado por el libro de los Números, la oración de Moisés ante la Tienda de la Reunión y el sacrificio de incienso de Aarón, revestido de sus mayores galas sacerdotales, se interponen a la cólera divina y cesa la plaga. Sabiduría recuerda el episodio sin detalles, pero enfatizando que no es la fuerza, sino la oración y la dignidad del sacerdocio la que aplaca la justa ira de Dios (vv. 20-23); de ahí la relevancia que atribuye a los ornamentos sacerdotales (vv. 24-25).

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