COMENTARIO

 Sb 19,10-12 

También los elementos, como la tierra y el agua, cambian sus propiedades y producen algo insólito: cosas malas para los egipcios y buenas para los israelitas. San Gregorio de Nisa, siguiendo de cerca este pasaje, subraya la corresponsabilidad del pueblo egipcio con el faraón en la persecución de los israelitas: «Cuando Moisés vio que todos los súbditos estaban de acuerdo con el príncipe de la maldad [el faraón, identificado con el demonio], hace venir una plaga general sobre todo el pueblo egipcio, sin que escapase ninguno a la experiencia de los males. Y para infligir este castigo a los egipcios, cooperaron con Él, como si fuesen un ejército dócil, los mismos elementos que vemos en el universo: la tierra, el agua, el aire, el fuego, que cambiaron sus fuerzas conforme a la voluntad de los hombres. En efecto, quien estaba libre de culpa permanecía indemne, mientras que con la misma fuerza, en el mismo tiempo y en el mismo lugar, era castigado el culpable» (De vita Mosis 2,25).

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