COMENTARIO

 Si 3,33-4,11 

En la Ley de Dios no faltan llamadas a la responsabilidad de socorrer a quien padece necesidad (Dt 15,7-11), por lo que la limosna es una obra de misericordia muy querida y practicada por los hombres piadosos de Israel. En el libro de Tobías se contienen bellos ejemplos y enseñanzas (cfr Tb 1,3.16; 4,7-16; 12,8-9; 14,2.8-11). La limosna «es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cfr Mt 6,2-4): “El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo” (Lc 3,11). “Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros” (Lc 11,41). “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: ‘id en paz, calentaos o hartaos’, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?” (St 2,15-16; cfr 1 Jn 3,17)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2447).

La preocupación positiva por ayudar al prójimo cuando lo necesita es consecuencia de la fraternidad que hay entre los hombres, pues todos somos hijos de Dios. Y, si cabe hablar así, Dios se conmueve al constatar el amor entre sus hijos. El versículo que cierra esta sección expresa con gran fuerza el premio que Dios da al que así se comporta: le amará más que su propia madre (cfr 4,11).

Volver a Si 3,33-4,11