COMENTARIO
Sigue el autor dando consejos sobre las virtudes humanas. En el centro de todos ellos quizás esté la invitación a la prudencia al hablar, como señal de toda conducta moderada. El autor de la carta de Santiago se hace eco de la recomendación del v. 13 cuando dice: «Bien lo sabéis, hermanos míos queridísimos. Que cada uno sea diligente para escuchar, pero lento para hablar y lento para la ira» (St 1,19). La prudencia al hablar forma parte de toda catequesis sobre la caridad y de la ascética sobre el dominio de sí: «Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes… Esto, con perseverancia, sí que es sólida mortificación interior» (S. Josemaría Escrivá, Camino, n. 173).