COMENTARIO

 Si 7,20-30 

En la sociedad israelita el entorno familiar era extenso ya que incluía al menos a padres, hijos y nietos, así como a las personas que trabajaban al servicio de la casa. En el ámbito doméstico se desarrollaba gran parte de la vida y actividad ordinaria de cada persona. Por eso, quien busca la sabiduría conviene que actúe sabiamente con quienes tiene cerca. En el Nuevo Testamento, San Pablo no deja de exhortar en sus cartas a llevar una vida cristiana coherente en la propia familia (Ef 5,21-6,9; Col 3,18-4,1). En continuidad con la doctrina de la Revelación, el Magisterio denomina a la familia «iglesia doméstica» y camino del hombre, porque «entre los numerosos caminos, la familia es el primero y el más importante. Es un camino común, aunque particular, único e irrepetible, como irrepetible es todo hombre; un camino del cual no puede alejarse el ser humano. En efecto, él viene al mundo en el seno de una familia, por lo cual puede decirse que debe a ella el hecho mismo de existir como hombre» (S. Juan Pablo II, Carta a las familias, n. 2).

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