COMENTARIO
Alegato contra la ira y la soberbia (vv. 6-7). El autor recuerda que el hombre no fue creado con estos dos vicios (v. 22), sino que tienen su origen en el pecado (cfr v. 15). La tradición cristiana los ha encuadrado entre los denominados pecados capitales: «Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a S. Juan Casiano (Conlatio 5,2) y a S. Gregorio Magno (Mor. 31,45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1866).
Ben Sirac se detiene en la soberbia. Dos consideraciones presiden su discurso: la insensatez que supone enorgullecerse de las cualidades o de la propia posición (vv. 10-13) y, sobre todo, cuánto nos aleja del Señor ese pecado. Unas palabras semejantes a las de los vv. 17-18 se recogen más tarde en el Magnificat, la oración de Santa María. Por eso, la Virgen aparece también como modelo cumplido de humildad: «Humildad es mirarnos como somos, sin paliativos, con la verdad. Y al comprender que apenas valemos algo, nos abrimos a la grandeza de Dios: ésta es nuestra grandeza. ¡Qué bien lo entendía Nuestra Señora, la Santa Madre de Jesús, la criatura más excelsa de cuantas han existido y existirán sobre la tierra! María glorifica el poder del Señor, que derribó del solio a los poderosos y ensalzó a los humildes (Lc 1,52)» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 96).