COMENTARIO
Estos versículos, muy densos, relatan la búsqueda y el encuentro con la sabiduría. Se describen las actitudes de los que encuentran la sabiduría (14,22-15,1) y las de los que no la alcanzarán jamás (15,7-10). En el fiel de la balanza que dirime esta actitud correcta está el contenido de 15,1: «Quien se aferra a la Ley alcanzará la sabiduría». «No es casual que, en el momento en que el autor sagrado quiere describir al hombre sabio, lo presente como el que ama y busca la verdad», comenta San Juan Pablo II a la vez que cita este pasaje del Eclesiástico. Y añade más tarde: «La fe agudiza la mirada interior abriendo la mente para que descubra, en el sucederse de los acontecimientos, la presencia operante de la Providencia» (Fides et ratio, n. 16).
Sin embargo, la nota más sobresaliente del pasaje es, sin duda, la descripción de la sabiduría que se hace en 15,2-6. Lo mismo que en otros pasajes del libro del Eclesiástico, la sabiduría aparece personificada, en este caso con la imagen de la madre y esposa (15,2). Con la personificación se muestra que la iniciativa la lleva la sabiduría, pero con la imagen de esposa y madre se señala que la sabiduría ejerce sobre el hombre unos cuidados de los que él tiene imperiosa necesidad. Al mismo tiempo, se subraya que el origen de estos cuidados no es otro que el amor, como es el amor el origen del cuidado que madre y esposa tienen hacia su hijo y esposo. Se entiende así que esas solicitudes amorosas, aunque sean características de una imagen femenina, se puedan aplicar a Jesucristo, Verbo y Sabiduría de Dios encarnada.