COMENTARIO

 Si 15,22-16,23 

Lo importante no es el número, sino la calidad. Con diversos ejemplos, Ben Sirac pondera que no es la multitud, sino el valor de cada una de las personas singulares lo que tiene importancia: el buen comportamiento de una sola persona influye más que la mediocridad de muchos (16,5).

Lo que vale para el ámbito doméstico (cfr 15,22-16,6) tiene también vigencia en uno más universal (cfr 16,7-23). A pesar de lo que consideraban muchos coetáneos del autor, influidos por las corrientes filosóficas del helenismo, Dios no es un ser lejano que se despreocupa de las acciones humanas individuales (cfr 16,16), sino que está atento y juzga todo lo que ocurre. La valoración que se hace de los que piensan que Dios no se ocupa de los asuntos humanos es despectiva: se les tacha de necios y descarriados (cfr 16,23). Frente al deísmo, los hombres de fe «creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios “cara a cara” (1 Co 13,12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat (cfr Gn 2,2) definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 314).

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