COMENTARIO
A veces es difícil distinguir dónde comienza la prudencia y dónde acaba la astucia. Por eso, estas sentencias vienen precedidas de lo que podría ser el estribillo del libro (v. 18): «Toda sabiduría es temor del Señor», y «en toda sabiduría está la práctica de la Ley». En el temor de Dios —que incluye la reverencia y el amor— consiste la verdadera sabiduría; sin el temor de Dios, ni siquiera puede darse el comienzo de la sabiduría (cfr 1,l6), ni la coronación de ella (cfr 1,20). El anhelo de seguir el camino de la sabiduría dispone y estimula a la práctica de la Ley, porque la Ley divina contiene el camino y la norma de toda verdadera sabiduría. Hay, pues, una cierta equiparación entre sabiduría, temor de Dios y práctica de la Ley.