COMENTARIO
Los sabios del antiguo Oriente Medio buscaban la sabiduría para encontrar la felicidad. Todo hombre desea ser feliz, aunque no es fácil descubrir el modo de lograrlo plenamente. Ben Sirac plantea el tema con algunos proverbios numéricos (vv. 1-4 y 9-16) para concluir que en felicidad «nadie supera a quien teme al Señor» (v. 13). El «temor de Dios», como ya se ha hecho notar, no alude a una actitud de miedo sino al respeto debido al Creador y dador de la Ley, que se manifiesta en el acatamiento de sus mandamientos, en los que se concreta el recto orden moral. «El orden moral —enseña San Juan Pablo II—, precisamente porque revela y propone el designio de Dios Creador, no puede ser algo mortificante para el hombre ni algo impersonal; al contrario, respondiendo a las exigencias más profundas del hombre creado por Dios, se pone al servicio de su humanidad plena con el amor delicado y vinculante con que Dios mismo inspira, sostiene y guía a cada creatura hacia su felicidad» (Familiaris consortio, n. 34).