COMENTARIO
Al leer este pasaje (y también 5,13; 14,1; 23,1.15-17; 28,15-30) se recuerda fácilmente el de St 3,1-12, que parece haberse inspirado en el libro de Ben Sirac.
En sus Catequesis bautismales San Juan Crisóstomo se apoya varias veces en el Sirácida, citándolo literalmente, según el texto griego. Así, por ejemplo, en su Segunda Catequesis considera muy importante en la formación del catecúmeno que adquiera el hábito de controlar su lengua. He aquí sus palabras: «Él [el demonio] está acostumbrado a intentar dañarnos por todos los medios, pero sobre todo a través de la lengua y de la boca, porque no hay para él instrumento más apropiado para engañarnos y perdernos que una lengua intemperante y una boca sin puertas. De aquí nacen nuestras numerosas caídas, de aquí nuestros graves motivos de acusación.
»Y cuán fácil sea resbalar con la lengua, alguien lo declaró cuando decía: Muchos cayeron a filo de espada, mas no tantos como los caídos por obra de la lengua (Si 28,22). Y la gravedad de la caída la revelaba el mismo diciendo: Mejor es resbalar en losa que resbalar en lengua (Si 20,20) (…). Pero no solamente habla de caídas, sino que además nos exhorta a que andemos con gran cuidado para no ser derribados, cuando dice así: Pon a tu boca puerta y cerrojos (Si 28,28), no para que realmente preparemos puertas y cerrojos, sino para que, con gran seguridad, cerremos a la lengua el paso a las palabras inconvenientes» (Catequesis ad illuminandos 2,4).