COMENTARIO
Aunque los modos concretos del quehacer pedagógico responden a las costumbres del momento y en algunos aspectos se han de considerar superados, la llamada a la responsabilidad de los padres en la educación de sus hijos continúa manteniendo su vigor, de la misma manera que el ejercicio de las virtudes necesarias: la fortaleza, la paciencia, el buen ejemplo, etc. «Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. La familia es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Ésta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera. Los padres han de enseñar a los hijos a subordinar las dimensiones “materiales e instintivas a las interiores y espirituales” (CA 36). Es una grave responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus hijos sus propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos». (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2223).