COMENTARIO

 Si 39,16-41 

Ben Sirac continúa exponiendo con sosiego sus meditaciones sobre lo que Dios ha hecho, y al contemplar la creación exalta la grandeza del Creador. Nada es casual: en la Providencia de Dios «todo ha sido creado por un fin» (v. 26). Hay un proyecto en el plan creador de Dios. Sin embargo, a todo observador atento de la realidad se le presenta en algún momento el problema de la existencia del mal, al que hay que buscar una respuesta. La solución que se apunta en este pasaje es que Dios no ha hecho el mal (v. 39), sino que las cosas buenas, necesarias para la vida humana, se han vuelto malas para los pecadores (v. 32).

La liturgia de la Iglesia recoge la exhortación de los vv. 17-21 como lectura para las solemnidades de Santa María Virgen. La alabanza a Dios contenida en ellos, que presagia la del Magnificat de la Señora, resume esencialmente la respuesta del hombre a los dones de Dios: «La gloria del hombre es Dios; el hombre, en cambio, es el receptáculo de la actuación de Dios, de toda su sabiduría y su poder. (…) Si el hombre acoge sin vanidad ni jactancia la verdadera gloria procedente de cuanto ha sido creado y de quien lo creó, que no es otro que el poderosísimo Dios que hace que todo exista, y si permanece en el amor, en la sumisión y en la acción de gracias a Dios, recibirá de él aún más gloria, así como un acrecentamiento de su propio ser, hasta hacerse semejante a aquel que murió por él» (S. Ireneo, Adversus haereses 3,20,2).

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