COMENTARIO
En el elogio de David se recuerda sobre todo su amor a Dios, que le llevaba a darle gracias en sus victorias, reconociendo que era el Señor quien le proporcionaba la fortaleza necesaria para alcanzarlas (cfr vv. 9-10). Como manifestación de ese amor, y anticipando también en esto —como antes Aarón— la figura del sumo sacerdote Simón, se hace notar su empeño por fomentar el esplendor de las celebraciones cultuales (cfr vv. 11-12). Como recompensa al amor que manifestaba al cuidar lo relacionado con el culto, el Señor fue indulgente y le perdonó sus pecados (v. 13).