COMENTARIO
En el elogio de los distintos personajes realizado en los capítulos anteriores se habían subrayado, entre otros aspectos, los relacionados con la construcción del Templo y el esplendor del culto. También habían resaltado el cuidado que tuvieron de Jerusalén. Ahora se alaba a los personajes que, cuando la Ciudad Santa había quedado en situación ruinosa y el Templo había sido profanado, pusieron todo su empeño en la restauración del culto y la reconstrucción de la ciudad (cfr Esd 3,1-6,22; Ne 1,1-13,31). En efecto, la grandeza de quien actúa cara a Dios no está sólo en afrontar nuevas y grandiosas tareas, sino también en volver a recomenzar cuantas veces sea necesario.