COMENTARIO
La enumeración de hombres ilustres realizada en los capítulos anteriores culmina en la figura de Simón II, hijo de Onías, un sumo sacerdote ejemplar que ejerció su oficio sacerdotal entre el 219 y el 196 a.C. En su alabanza se recapitulan todas las virtudes antes apuntadas en los antepasados: reparó el Templo (vv. 1-2) que había construido Salomón (47,15) y que reconstruyeron Zorobabel y Josué (49,13-14); realizó construcciones y fortificó la ciudad (vv. 3-4), como Ezequías (48,19) y Nehemías (49,15); y cuidó hasta los detalles más pequeños que pudieran proporcionar magnificencia al culto (vv. 5-23), fiel a la tradición de Aarón (45,7-18) y David (47,9-12).