COMENTARIO

 Is 1,2-31 

Los primeros oráculos están redactados con el lenguaje propio de un proceso judicial. Se trata de un género literario común en los escritos proféticos de Israel, que tiene notables similitudes con modos de expresión habituales en textos del antiguo Oriente Medio. Sin embargo, en otros pueblos se recurre a ese modo de hablar para justificar un castigo al vasallo decretado por un señor que se ha visto traicionado. En cambio, en los textos proféticos la demostración de la culpa es un modo de reclamar con urgencia la conversión. El Señor no se goza en castigar sino en perdonar y restablecer la amistad.

De entrada se invoca al cielo y a la tierra como testigos de los delitos cometidos por el pueblo, y se formula la acusación de haber abandonado al Señor (vv. 2-3). A continuación el oráculo increpa a quienes se han apartado del Señor y no se sienten movidos a reaccionar a pesar de las desgracias que les han sobrevenido (vv. 4-9), así como denuncia la hipocresía de un culto que se limita a prácticas externas que no van acompañadas por una actitud interior adecuada (vv. 10-15). El discurso sigue con una llamada a la conversión (vv. 16-17). El Señor está dispuesto a litigar con su pueblo, y a premiar su rectificación o a castigar su persistencia en el mal (vv. 18-20). La situación es lamentable, pues la infidelidad ha sido grande (vv. 21-23). El castigo será ejemplar, por lo que se llama con urgencia a la purificación y al retorno a la fidelidad del principio (vv. 24-31).

Este oráculo sintetiza los grandes temas teológicos presentes en la historia del pueblo elegido del Antiguo Testamento: elección divina, ofrecimiento de la Alianza por parte de Dios, ruptura de la Alianza por parte del pueblo con sus pecados, y castigo de Dios por la infidelidad. Pese a todo, muestra a un Dios misericordioso capaz de perdonar las ofensas y que nunca abandona a quienes ha amado.

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