1Is1Visión que tuvo Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén, en los días de Uzías, Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá.
A. PLEITO POR EL ABANDONO DEL SEÑOR
2¡Escuchen, cielos! ¡Tierra, presta oído,
que ha hablado el Señor!
«Hijos crié y eduqué,
pero ellos se rebelaron contra Mí.
3Conoce el buey a su amo,
y el asno, el pesebre de su dueño.
Pero Israel no conoce,
mi pueblo no discierne».
4¡Ay, nación pecadora,
pueblo cargado de culpa,
raza de malvados, hijos perversos!
Han abandonado al Señor,
han despreciado al Santo de Israel,
le han dado la espalda.
5¿Dónde se les pueden dar más golpes,
cuando se siguen rebelando?
Toda la cabeza está dañada,
y todo el corazón dolorido.
6Desde la planta del pie hasta la cabeza
no hay en él nada sano:
heridas, contusiones y llagas supurantes,
ni cerradas, ni vendadas,
ni suavizadas con aceite.
7Su tierra está desierta,
sus ciudades quemadas,
su suelo, ante ustedes, lo devoran extranjeros.
Es una desolación, como arrasado por extranjeros.
8Y se ha quedado la hija de Sión
como sombrajo de viña,
como choza de melonar,
como ciudad sitiada.
9Si el Señor de los Ejércitos no nos hubiese dejado un resto,
seríamos como Sodoma,
pareceríamos Gomorra.
10¡Escuchen la palabra del Señor,
príncipes de Sodoma!
¡Presten oído a la Ley de nuestro Dios,
pueblo de Gomorra!
11¿Qué me importa la multitud de sus sacrificios?
—dice el Señor—.
¡Estoy harto de holocaustos de carneros,
y de grasa de animales cebados!
La sangre de novillos,
corderos y machos cabríos ¡no la quiero!
12Cuando vienen ante Mí,
¿quién pide eso de sus manos
para pisar mis atrios?
13No traigan más ofrendas vanas.
¡Abomino del humo del incienso,
de los novilunios, sábados y llamadas a asamblea…!
¡No soporto iniquidad y reunión solemne!
14Mi alma aborrece sus novilunios y solemnidades,
me resultan una carga, estoy cansado de soportarlos.
15Cuando elevan sus manos,
me tapo los ojos para no verlos.
Cuando multiplican sus plegarias,
no las quiero escuchar:
sus manos están llenas de sangre.
Invitación a la conversión
16Lávense, purifíquense,
quiten de delante de mis ojos la maldad de sus obras,
dejen de hacer el mal,
17aprendan a hacer el bien:
busquen la justicia, protejan al oprimido,
hagan justicia al huérfano, defendan la causa
de la viuda.
Invitación a elegir
18Vengan y litiguemos
—dice el Señor—.
Aunque sus pecados fuesen como la grana,
quedarán blancos como la nieve;
aunque fuesen rojos como la púrpura,
quedarán como la lana.
19Si quieren y escuchan,
comerán lo mejor de la tierra;
20pero si no quieren y se rebelan,
serán devorados por la espada,
pues ha hablado la boca del Señor.
21¡Cómo se ha prostituido
la ciudad fiel, la llena de justicia!
En ella moraba la equidad,
y ahora, los asesinos.
22Tu plata se ha vuelto escoria,
tu vino está aguado.
23Tus príncipes son rebeldes, compañeros de ladrones,
todos aman el soborno y se mueven por regalos.
No hacen justicia al huérfano, ni les llega la causa de la viuda.
Castigo y purificación
24Por eso, oráculo del Señor, Dios de los ejércitos, el Fuerte de Israel:
«¡Ah, me desquitaré de mis adversarios,
me vengaré de mis enemigos!
25Volveré mi mano contra ti,
y, como lejía, limpiaré tus escorias,
y apartaré de ti toda la ganga.
26Haré que tus jueces sean de nuevo como al principio,
y tus consejeros como en el comienzo.
Después, te llamarán Ciudad Justa, Ciudadela Fiel».
27Sión será rescatada con juicio,
y los que se conviertan, con justicia.
28Serán quebrantados los rebeldes junto con los pecadores,
y los que abandonaron al Señor perecerán.
29Porque se avergonzaron de las encinas que codiciaban,
y se abochornarán de los jardines que elegían,
30pues serán como encina que pierde las hojas,
y como jardín sin agua.
31El fuerte será como estopa,
y su obra, como una chispa,
arderán ambos a una, y no habrá quien lo apague.
2Is1Mensaje que vio Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén.
2Sucederá en los últimos días
que el monte del Templo del Señor se afirmará en la cumbre de los montes,
se alzará sobre los collados,
y afluirán a él todas las naciones.
3Irán muchos pueblos y dirán:
«Vengan, subamos al monte del Señor,
al Templo del Dios de Jacob.
Él nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus senderos,
porque de Sión saldrá la Ley,
y de Jerusalén la palabra del Señor».
4Él juzgará entre las naciones,
y dictará sentencia a muchos pueblos.
De sus espadas forjarán azadas,
y de sus lanzas, podaderas.
No alzará espada nación contra nación,
ni se adiestrarán más para la guerra.
5¡Casa de Jacob, vengan,
caminemos a la luz del Señor!
6Has abandonado a tu pueblo, a la casa de Jacob,
porque están llenos de hechiceros
y de augures, como los filisteos,
y dan la mano a los extranjeros.
7Su tierra está repleta de oro y plata,
y sus tesoros son incalculables;
su tierra está repleta de caballos,
y sus carros son incalculables.
8Pero su tierra está repleta de ídolos,
se postran ante la obra de sus manos,
ante la hechura de sus dedos.
9El hombre será doblegado,
el varón será humillado.
Tú no los perdones.
10Métete en las rocas, ocúltate en el suelo
ante la presencia aterradora del Señor
y el resplandor de su majestad.
11Los ojos arrogantes del hombre serán humillados,
la altanería humana doblegada,
y aquel día será exaltado sólo el Señor.
12Porque hay un día del Señor de los ejércitos
que está sobre todo arrogante y altanero,
y sobre todo el que se ensalza, para humillarlo,
13sobre todos los cedros de Líbano, altos y excelsos,
sobre todas las encinas de Basán,
14sobre todas las altas montañas,
sobre todas las colinas elevadas,
15sobre toda torre prominente,
sobre todo muro fortificado,
16sobre todas las naves de Tarsis,
y sobre todas las embarcaciones lujosas.
17La arrogancia del hombre será doblegada,
la altanería humana, humillada.
Aquel día será exaltado sólo el Señor,
18y los ídolos desaparecerán del todo.
19Se meterán en las grietas de las rocas,
y en los agujeros del suelo,
ante la presencia aterradora del Señor
y el resplandor de su majestad,
cuando Él se levante para atemorizar la tierra.
20Aquel día el hombre arrojará
los ídolos de plata y los ídolos de oro,
que se había fabricado para postrarse,
a los topos, y a los ratones,
21y se meterá en las grietas de las rocas,
y en las hendiduras de las peñas,
ante la presencia aterradora del Señor
y el resplandor de su majestad,
cuando Él se levante para atemorizar la tierra.
22Ustedes, apártense del hombre,
que tiene el aliento de vida en su nariz,
pues ¿qué estimación merece?
3Is1Miren: el Señor, Dios de los ejércitos, retira de Jerusalén y de Judá sustento y apoyo —todo sustento de pan y todo sustento de agua—:
2al capitán y al guerrero,
al juez y al profeta, al adivino y al anciano,
3al jefe de cincuenta y al hombre honorable,
al consejero, al experto en magia,
y al instruido en sortilegios.
4Les daré por príncipes a muchachos,
y los gobernarán niños inseguros.
5Las gentes se afrentarán, unos a otros,
cada cual a su prójimo,
el joven al anciano,
y el plebeyo al noble.
6Tomará uno a su hermano,
al de la casa de su padre, diciendo:
«Tienes un manto,
sé nuestro jefe,
y este montón de ruinas estará bajo tu mando».
7Pero ese mismo día responderá diciendo:
«No soy curandero,
y en mi casa no hay pan ni manto.
No me pongan como jefe del pueblo».
8Se derrumbó Jerusalén, cayó Judá,
porque su lengua y sus acciones están contra el Señor,
rebelándose contra su gloria.
9La expresión de sus rostros los denuncia, y, como Sodoma, ellos mismos
proclaman su pecado, no lo ocultan.
¡Ay de ellos,
que se han labrado su propia desgracia!
10Digan al justo que bien,
que comerá del fruto de sus obras.
11Pero ¡ay, del malvado!
Le irá mal, porque le pagarán según las obras de sus manos.
12¡Pueblo mío! Lo oprime un niño, lo dominan mujeres.
¡Pueblo mío!
Tus guías te pierden,
y confunden el camino de tu marcha.
13El Señor está dispuesto para litigar,
firme para juzgar a los pueblos.
14El Señor lleva a juicio
a los ancianos y a los príncipes de su pueblo:
«Ustedes habían incendiado la viña,
y lo robado al pobre está en sus casas.
15¿Por qué aplastan a mi pueblo,
y machacan el rostro de los pobres?»
—oráculo del Señor, Dios de los ejércitos—.
16Ha dicho el Señor:
«Puesto que las hijas de Sión son altivas,
andan con el cuello estirado y los ojos seductores,
caminan contoneándose
y haciendo tintinear las ajorcas de sus pies,
17el Señor cubrirá de tiña la calva de las hijas de Sión,
y desnudará sus vergüenzas».
18Aquel día el Señor quitará el lujo de las ajorcas, las diademas y las lunetas, 19los pendientes, las pulseras y los velos, 20las cofias y las cadenillas de los tobillos, las cintas, los tarros de esencias y los amuletos, 21los aretes y los anillos de nariz, 22los vestidos lujosos y los mantos, los chales y los bolsos, 23los espejos, las túnicas, los sombreros y las mantillas.
24Y sucederá que donde había perfume habrá hedor,
donde cinturón, soga,
donde rizos, calvicie,
donde atuendo, esparto,
donde hermosura, quemadura.
25Tus hombres caerán a espada,
y tus caballeros en el combate.
26Sus puertas se lamentarán y se dolerán,
y ella, desolada, se sentará en el suelo.
4Is1Siete mujeres pretenderán a un solo hombre en aquel día, diciendo:
«Comeremos de nuestro pan,
y vestiremos con nuestros vestidos,
tan sólo queremos llevar tu apellido,
¡líbranos de nuestro oprobio!».
2Aquel día,
habrá un brote del Señor
de hermosura y de gloria,
y los frutos de la tierra
serán honor y orgullo
para los supervivientes de Israel.
3Y sucederá que quien quede en Sión y permanezca en Jerusalén —todo inscrito entre los vivos en Jerusalén— será llamado santo 4cuando el Señor haya lavado la inmundicia de las hijas de Sión, y haya limpiado la sangre de en medio de Jerusalén con espíritu de justicia y espíritu abrasador.
5Y creará el Señor sobre todo lugar del monte Sión y sobre toda su asamblea una nube para el día, y humo y resplandor de fuego llameante para la noche. Habrá un toldo sobre toda la gloria, 6y una tienda proporcionará sombra durante el día contra el calor, y abrigo y cobijo contra la tormenta y la lluvia.
C. PLEITO POR LA FALTA DE CORRESPONDENCIA
5Is1Voy a cantar a mi amado
la canción de mi amigo a su viña:
Mi amado tenía una viña en una loma fértil.
2La cercó con una zanja y la limpió de piedras,
la plantó de cepas selectas,
construyó en medio una torre,
y excavó un lagar.
Esperó a que diera uvas,
pero dio agraces.
3Ahora, habitantes de Jerusalén
y hombres de Judá:
juzguen entre mi viña y yo.
4¿Qué más pude hacer por mi viña,
que no lo hiciera?
¿Por qué esperaba que diera uvas,
y dio agraces?
5Pues ahora les daré a conocer
lo que voy a hacer con mi viña:
arrancaré su seto
para que sirva de leña;
derribaré su cerca
para que la pisoteen;
6la haré un erial,
no la podarán ni la labrarán,
crecerán cardos y zarzas,
y mandaré a las nubes que no descarguen lluvia en ella.
7Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel,
y los hombres de Judá, la cepa de sus delicias.
Esperaba juicio y encontró perjuicios,
justicia y encontró congoja.
8¡Ay de los que acumulan casas y más casas,
y juntan campos y más campos, hasta agotar el terreno!
¿Es que sólo viven ustedes en el país?
9El Señor de los ejércitos me ha jurado al oído:
«¡Muchas casas grandes y hermosas
quedarán desoladas, sin nadie que las habite!».
10Pues diez yugadas de viña producirán un solo cántaro,
y un saco de simiente producirá una espuerta.
11¡Ay de los que madrugan de mañana para ir
tras los licores,
y trasnochan para que el vino los encandile!
12Todo es cítara y arpa,
pandero, flauta,
y vino en sus festines,
pero no contemplan la obra del Señor
ni miran la hechura de sus manos.
13Por eso, mi pueblo va a ser deportado
por falta de inteligencia;
sus nobles morirán de hambre,
y su plebe abrasada de sed.
14Por eso, el sheol ensanchará sus fauces,
abrirá su boca descomunal,
y bajarán sus nobles y sus plebeyos,
su bullicio y su alborozo.
15El hombre será doblegado, el varón será humillado,
y los ojos de los altivos, abajados.
16Pero el Señor de los ejércitos será ensalzado en el juicio,
el Dios Santo se mostrará santo en la justicia.
17Pacerán corderos como en sus prados,
y cabritos cebados rumiarán entre las ruinas.
18¡Ay de los que tiran de la culpa con las cuerdas de la vanidad,
y del pecado con sogas de carreta;
19de los que van diciendo: «Que se dé prisa,
que actúe pronto para que veamos su obra,
que se acerque y llegue el designio del Santo de Israel,
y lo conoceremos!».
20¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal,
de los que ponen tinieblas por luz y luz por tinieblas,
de los que cambian lo amargo en dulce y lo dulce en amargo!
21¡Ay de los que se ven sabios,
y se tienen por sensatos!
22¡Ay de los campeones en beber vino,
y de los intrépidos en mezclar licores;
23de los que justifican al delincuente, a cambio de soborno,
y privan al justo de su justicia!
24Por eso, como la llama de fuego devora el rastrojo,
y la paja sucumbe en la hoguera,
así se pudrirá su raíz,
y sus flores se dispersarán como el polvo,
porque despreciaron la Ley del Señor de los ejércitos
y ultrajaron la palabra del Santo de Israel.
25Por eso, se encendió la ira del Señor contra su pueblo,
extendió su mano contra él y lo golpeó:
las montañas temblaron,
y sus cadáveres quedaron como estiércol en medio de las calles.
A pesar de todo, no se ha calmado su ira,
y su mano continúa extendida.
26Alzará una bandera a una nación lejana,
le silbará desde el extremo de la tierra,
y vendrá a prisa y corriendo.
27Ninguno de ellos se fatiga, nadie tropieza,
no dormita ni duerme,
no se suelta el cinturón de su cintura,
ni se rompe la correa de sus sandalias.
28Sus flechas están afiladas y todos sus arcos tensados;
los cascos de sus caballos parecen de pedernal,
y sus ruedas, un torbellino.
29Su rugido es como de una leona;
ruge como los leones jóvenes, brama,
agarra la presa, la pone a buen recaudo,
y no hay quien se la quite.
30Bramará contra él aquel día como el bramido del mar.
Contemplará la tierra, y habrá una oscuridad angustiosa,
pues la luz se oscureció con sus tinieblas.
6Is1El año de la muerte del rey Uzías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado. El vuelo de su manto llenaba el Templo. 2Unos serafines se mantenían por encima de Él. Cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban. 3Clamaban entre sí diciendo:
—¡Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos!
¡Llena está toda la tierra de su gloria!
4Retemblaron los soportes de los dinteles por el estruendo del clamor, mientras el Templo se llenaba de humo.
5Entonces me dije:
—¡Ay de mí, estoy perdido,
pues soy un hombre de labios impuros,
que habito en medio de un pueblo de labios impuros,
y mis ojos han visto al Rey, al Señor de los ejércitos!
6Entonces voló hacia mí uno de los serafines portando una brasa que había tomado del altar con unas tenazas, 7tocó mi boca y dijo:
—Mira: esto ha tocado tus labios,
tu culpa ha sido quitada,
y tu pecado, perdonado.
8Entonces oí la voz del Señor, que decía:
—¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?
Y respondí:
—Aquí estoy. Envíame a mí.
9Él dijo:
—Vete y di a ese pueblo:
«Oír, oirán, pero no entenderán,
ver, verán, pero no conocerán».
10Embota el corazón de este pueblo,
endurece sus oídos,
ciega sus ojos,
no sea que vea con sus ojos,
oiga con sus oídos,
entienda con su corazón,
y se convierta y sea sanado».
11Y pregunté:
—¿Hasta cuándo, Señor?
Y respondió:
—Hasta que queden devastadas
sus ciudades sin nadie que las habite,
sus casas, también sin nadie,
y sus tierras queden desiertas.
12Porque el Señor alejará a los hombres,
y habrá un gran abandono en el país;
13pero aún quedará en él una décima parte,
que volverá a servir de leña;
pero será como la encina y el roble,
que, al ser podados, queda el tronco:
su tronco será germen santo.
7Is1Sucedió en los días de Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Uzías, rey de Judá, que Resín, rey de Siria, y Pecaj, hijo de Remalías, rey de Israel, subieron hacia Jerusalén para atacarla —aunque no podrían conquistarla—. 2La noticia llegó a la casa de David: «Siria ha acampado en Efraím». Entonces se estremeció su corazón y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque por el viento. 3Y el Señor dijo a Isaías:
—Sal al encuentro de Ajaz, tú y Sear–Yasub, tu hijo, al extremo del acueducto de la alberca de arriba, junto al camino del campo del Batanero, 4y dile: «Ponte en alerta, pero tranquilo. No temas, que no desmaye tu corazón por esos dos tizones humeantes, por el ardor de la ira de Resín y Siria, y del hijo de Remalías, 5porque Siria, Efraím y el hijo de Remalías hayan tomado una decisión perversa contra ti diciendo: 6“Vamos a subir contra Judá, para llenarla de temor, conquistarla y poner como rey de ella al hijo de Tabeel”».
7Porque así ha dicho el Señor Dios:
«No lo conseguirán ni sucederá.
Pues la cabeza de Siria es Damasco,
y la cabeza de Damasco, Resín.
8Dentro de sesenta y cinco años
Efraím dejará de ser pueblo.
9La cabeza de Efraím es Samaría,
y la cabeza de Samaría, el hijo de Remalías.
Si ustedes no creen, no subsistirán».
10Y el Señor siguió hablando a Ajaz:
11—Pídele al Señor, tu Dios, un signo, en el fondo del sheol o en lo alto del cielo.
12Pero Ajaz dijo:
—No lo pediré y no tentaré al Señor.
13Entonces respondió:
—Escuchen, casa de David: «¿Les parece poco cansar a los hombres para que cansen también a mi Dios? 14Pues bien, el propio Señor les da un signo. Miren, la virgen está encinta y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Enmanuel. 15Cuajada y miel comerá hasta que sepa rechazar lo malo y elegir lo bueno. 16Porque antes de que el niño sepa rechazar lo malo y elegir lo bueno, quedará abandonada la tierra de los dos reyes a los que temes. 17El Señor hará que te vengan a ti, a tu pueblo y a la casa de tu padre, unos días como nunca vinieron desde el día en que el rey de Asiria apartó Efraím de Judá».
18Aquel día
el Señor silbará a los tábanos
de los confines de los ríos de Egipto,
y a las abejas de la tierra de Asiria,
19y vendrán todos y se posarán
en las torrenteras de las quebradas,
en las grietas de las rocas,
y en todos los espinos y matorrales.
20Aquel día el Señor rapará
con navaja alquilada al otro lado del Río,
—esto es, con el rey de Asiria—,
la cabeza y el pelo de las piernas,
y también afeitará la barba.
21Aquel día
criará cada cual una ternera y dos ovejas,
22y de tanta leche como darán
comerán cuajada,
pues cuajada y miel comerá
cualquiera que reste en el país.
23Aquel día
cualquier lugar en que había mil cepas,
que valían mil siclos de plata,
tendrá zarzas y abrojos.
24Allí entrarán con flechas y arcos,
pues todo el país será zarzas y abrojos.
25Y en los montes que se cultivaban con la azada,
no entrarás por miedo a las zarzas y abrojos,
serán dehesa de bueyes, lugar hollado por ovejas.
8Is1El Señor me dijo:
—Toma un tabla grande y escribe en ella con cincel de hombre: le–maher salal, jas baz.
2Yo me procuré dos testigos fidedignos: Urías, el sacerdote, y Zacarías, hijo de Yeberequías. 3Me acerqué a la profetisa, que concibió y dio a luz un hijo. Y el Señor me dijo:
—Le pondrás por nombre Maher–salal-jas-baz, 4porque antes de que el niño sepa decir «papá» y «mamá» la riqueza de Damasco y el botín de Samaría serán llevados ante el rey de Asiria.
5El Señor aún siguió hablándome:
6—Ya que ese pueblo ha despreciado las aguas de Siloé,
que corren mansamente,
y se ha regocijado con Resín y el hijo de Remalías,
7por eso, el Señor hará que los inunden
las aguas del Río, bravas y caudalosas:
el rey de Asiria y toda su gloria,
desbordará todos sus cauces,
e inundará todas sus riberas;
8atravesará Judá como tromba de agua que pasa
hasta llegar al cuello.
La envergadura de sus alas
abarcará la anchura de tu tierra.
¡Dios está con nosotros!
9¡Entérense, pueblos, que serán destrozados,
presten oídos, regiones lejanas de la tierra!
¡Tomen las armas, que serán destrozados,
tomen las armas, que serán destrozados!
10¡Lleguen a un acuerdo, y fracasará!
¡Queden en algo, y no se mantendrá!,
porque ¡Dios está con nosotros!
11Pues así me habló el Señor mientras me tomaba de la mano y me advertía que no marchase por el camino de este pueblo, diciéndome:
12—No llamen conspiración
a todo lo que ese pueblo llama conspiración,
ni teman, ni los asuste, lo que él teme.
13Al Señor de los ejércitos, a Él deben reverenciar,
Él sea su temor, Él sea su terror.
14Él será un santuario,
pero piedra de tropiezo,
y roca de escándalo
para las dos casas de Israel,
lazo y trampa para los habitantes de Jerusalén.
15Muchos de ellos tropezarán,
caerán, se destrozarán,
serán atrapados y capturados.
16Cierra el testimonio, sella la ley en mis discípulos. 17Aguardaré al Señor, que oculta su rostro a la casa de Jacob, en Él esperaré. 18Aquí estamos, yo y los hijos que el Señor me ha dado, como signos y símbolos para Israel, de parte del Señor de los ejércitos, que habita en el monte Sión. 19Y si les dicen: «Consulten a los nigromantes y a los adivinos que cuchichean y musitan», ¿no consulta un pueblo a los dioses, a los muertos acerca de los vivos? 20Aténganse a la Ley y al testimonio. Los que no hablan de acuerdo con esto no tendrán amanecer.
21Y pasará por allí abrumado y hambriento,
y, cuando el hambre apriete, se irritará,
y maldecirá a su rey y a su Dios,
y volverá el rostro hacia arriba,
22y mirará a la tierra,
pero verá angustia y tinieblas,
oscuridad angustiosa,
sombra sin luz.
23Pero no habrá más tinieblas
donde había angustia.
Así como en el tiempo primero menospreció la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, en el tiempo postrero honrará el camino del Mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles.
9Is1El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz;
a los que habitaban en tierra de sombras de muerte,
les ha brillado una luz.
2Multiplicaste el gozo,
aumentaste la alegría.
Se alegran en tu presencia
con la alegría de la siega,
como se gozan al repartirse el botín.
3Porque el yugo que los cargaba,
la vara de su hombro,
el cetro que los oprimía,
los quebraste como en el día de Madián.
4Pues toda bota militar que taconea con estrépito,
y todo manto restregado en sangre,
están destinados a arder, a ser pasto del fuego.
5Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado.
Sobre sus hombros está el imperio,
y lleva por nombre:
Consejero maravilloso, Dios fuerte,
Padre sempiterno, Príncipe de la paz.
6El imperio será engrandecido,
y la paz no tendrá fin
sobre el trono de David
y sobre su reino,
para sostenerlo y consolidarlo
con el derecho y la justicia,
desde ahora y para siempre.
El celo del Señor de los ejércitos lo hará.
7Una palabra ha enviado el Señor contra Jacob, y ha caído en Israel.
8La sabrá el pueblo entero, Efraím y los que habitan en Samaría, que decían con orgullo y corazón soberbio:
9«Se cayeron los ladrillos; pues construiremos con sillares.
Talaron los sicómoros; pues los cambiaremos por cedros».
10Pero el Señor hizo que los adversarios de Resín prevalecieran sobre él,
y soliviantó a sus enemigos:
11Siria a levante y los filisteos a poniente,
que han devorado a Israel a boca llena.
A pesar de todo, no se ha calmado su ira,
y su mano continúa extendida.
12Y el pueblo no se ha vuelto a quien le hería,
ni ha buscado al Señor de los ejércitos.
13Por eso el Señor ha cortado de Israel cabeza y cola,
palmera y junco, en un solo día.
14El anciano y el de rostro honorable son la cabeza,
el profeta que enseña mentira es la cola.
15Los guías de este pueblo son quienes los extravían,
y sus conducidos, los perdidos.
16Por eso, el Señor no se complace en sus jóvenes,
ni se apiada de sus huérfanos y de sus viudas,
pues todos ellos son impíos y malvados,
y toda boca pronuncia infamias.
A pesar de todo, no se ha calmado su ira,
y su mano continúa extendida.
17Pues la impiedad está ardiendo como fuego
que devora cardos y espinos,
prende en la espesura del bosque,
y sube en columnas de humo.
18Por la ira del Señor de los ejércitos está incendiado el país,
el pueblo es como pasto del fuego,
nadie se compadece de su hermano.
19Desgarra a la derecha, y queda hambriento,
come a la izquierda, y queda insaciable,
cada uno se come la carne de su prójimo:
20Manasés a Efraím y Efraím a Manasés,
y ambos juntos a Judá.
A pesar de todo, no se ha calmado su ira,
y su mano continúa extendida.
10Is1¡Ay de los que decretan decretos inicuos,
y de los que dictan documentos abusivos,
2para privar de juicio a los débiles,
y robar los derechos a los pobres de mi pueblo,
para despojar a las viudas y expoliar a los huérfanos!
3¿Qué van a hacer el día de rendir cuentas,
y de la calamidad que se viene de lejos?
¿A quién acudirán en busca de auxilio,
y dónde depositarán su gloria?
4No quedará sino doblar la rodilla entre los cautivos,
y caer entre los asesinados.
A pesar de todo, no se ha calmado su ira,
y su mano continúa extendida.
5¡Ay de Asiria, vara de mi cólera,
bastón en manos de mi furor!
6Yo lo envío contra una nación impía,
contra el pueblo de mi furia lo voy a mandar,
para que saquee despojos y expolie presas,
y dejar que lo pisoteen
como el barro de las calles.
7Pero él no se lo imagina así,
su corazón no lo juzga de ese modo,
sino que su corazón piensa en destruir,
en exterminar no pocas naciones.
8Pues dice: «¿Acaso mis príncipes, no son todos reyes?
9¿No es Calnó como Carquemís?
¿Y no es Jamat como Arpad,
o Samaría como Damasco?
10Así como mi mano alcanzó los reinos de los ídolos,
donde había muchas más estatuas que en Jerusalén y Samaría,
11lo que hice con Samaría y sus ídolos,
¿no lo voy a hacer con Jerusalén y sus simulacros?».
12Y cuando el Señor acabe todas sus obras en el monte Sión y en Jerusalén, pediré cuentas por su fruto soberbio al corazón del rey de Asiria y por el orgullo altivo de sus ojos, 13pues ha dicho:
«Lo he hecho con la fuerza de mi mano
y con mi sabiduría, pues soy inteligente:
he suprimido las fronteras de los pueblos,
he saqueado sus riquezas,
como un héroe, he derribado a los que se sentaban en sus tronos.
14Mi mano ha llegado a la riqueza de los pueblos como a un nido;
como se recogen huevos abandonados,
he recogido yo toda la tierra,
sin que nadie moviese las alas, abriera el pico ni graznara».
15¿Es que se jacta el hacha
ante quien corta con ella,
o se enorgullece la sierra
frente a quien la maneja?
¡Como si la vara moviera a quien la alza,
como si el bastón levantase a quien no es madera!
16Por eso el Señor, Dios de los ejércitos,
enviará delgadez a sus hombres robustos,
y debajo de su gloria
encenderá una hoguera como incendio de fuego.
17La luz de Israel será fuego,
y su Santo, llama
que se inflamará y devorará sus espinos
y sus cardos en un solo día.
18La gloria de sus bosques y sus huertos,
la consumirá desde el alma hasta la carne:
será como el desfallecer de quien se tambalea.
19Los árboles que queden de sus bosques,
serán tan pocos
que un niño podrá contarlos.
20Aquel día, el resto de Israel
y los supervivientes de la casa de Jacob
no se apoyarán más en quien los hiere,
sino que se apoyarán en el Señor,
en el Santo de Israel, con fidelidad.
21Un resto volverá,
el resto de Jacob, hacia el Dios Fuerte.
22Pues, aunque fuese tu pueblo Israel como la arena del mar,
sólo volverá un resto de él.
El exterminio decidido, rebosa justicia.
23El exterminio que ha decidido
el Señor, Dios de los ejércitos, lo realizará en todo el país.
24Por eso, así dice el Señor, Dios de los ejércitos: «No temas a Asiria, pueblo mío que habitas en Sión, aunque te pegue con la vara y alce su bastón contra ti como lo hizo Egipto. 25Porque un poco más, un poquito, y cesará mi furor, y mi ira los arruinará».
26Entonces el Señor de los ejércitos sacudirá sobre ellos el látigo, como azotó a Madián en la roca de Horeb, y alzará su vara sobre el mar, como hizo en Egipto.
27Y sucederá aquel día que
su carga será quitada de tus espaldas,
y su yugo de tu cuello.
El devastador subirá desde Rimón.
28Viene hacia Ayat, atraviesa Migrón,
en Micmás deja su impedimenta.
29Pasan el Vado:
«En Gueba pasaremos la noche».
Tiembla Ramá. Guibeá de Saúl huye.
30¡Grita fuerte, bat–Galim!
¡Presta atención, Lais! ¡Pobrecita Anatot!
31Madmená escapa.
Los habitantes de Guebim huyen.
32Hoy todavía se detendrá en Nob,
agitando el puño contra el monte de la hija de Sión,
la colina de Jerusalén.
33He aquí que el Señor, Dios de los ejércitos,
descuaja el ramaje con violencia;
las guías más altas son tronchadas,
y los árboles más excelsos abatidos.
34La espesura del bosque se abre a golpe de hierro,
y el majestuoso Líbano sucumbe.
11Is1Saldrá un vástago de la cepa de Jesé, y de sus raíces florecerá un retoño.
2Sobre él reposará el Espíritu del Señor,
espíritu de sabiduría y de entendimiento,
espíritu de consejo y de fortaleza,
espíritu de ciencia y de temor del Señor.
3Y lo inspirará con el temor del Señor.
No juzgará según las apariencias,
ni decidirá según los rumores;
4sino que juzgará con justicia a los desvalidos,
y decidirá con rectitud a favor de los pobres de la tierra.
Golpeará al país con la vara de su boca,
y matará al impío con el soplo de sus labios.
5La justicia será el ceñidor de su cintura,
y la fe, el cinturón de sus caderas.
6Entonces el lobo convivirá con el cordero,
el leopardo se tumbará con el cabrito,
ternero y león joven engordarán juntos,
y un niño pequeño los guiará.
7La vaca pacerá con la osa,
sus crías se recostarán juntas,
y el león, como el buey, comerá paja.
8El niño de pecho jugará junto al agujero del áspid
y el destetado meterá su mano en la madriguera de la víbora.
9Nadie hará mal ni causará daño
en todo mi monte santo,
porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor,
como las aguas que cubren el mar.
10Aquel día, la raíz de Jesé
se alzará como bandera para los pueblos,
la buscarán las naciones,
y su morada será gloriosa.
11Aquel día, el Señor volverá a extender su mano
para rescatar al resto de su pueblo
que haya quedado en Asiria y en Egipto,
en Patrós, en Etiopía,
en Elam, en Sinar,
en Jamat y en las islas del mar.
12Alzará una bandera a las naciones,
reunirá a los dispersos de Israel,
juntará a los desperdigados de Judá
desde las cuatro esquinas de la tierra.
13Cesará la envidia de Efraím,
y los que oprimen a Judá serán aniquilados.
Efraím ya no envidiará a Judá,
y Judá no oprimirá a Efraím,
14sino que volarán a la espalda de los filisteos hacia el mar,
y, a la par, saquearán a los hijos de oriente;
extenderán sus manos contra Edom y Moab
y los hijos de Amón les estarán sujetos.
15El Señor desecará la lengua del Mar de Egipto,
alzará su mano contra el Río con la fuerza de su aliento,
y lo dividirá en siete brazos,
hasta hacerlo andadero con sandalias.
16Y habrá una calzada para el resto de su pueblo
que haya quedado en Asiria,
como la hubo para Israel
el día que subió de la tierra de Egipto.
12Is1Aquel día dirás: «Te alabo, Señor,
pues, aunque te airaste conmigo,
se ha cambiado tu ira y me has consolado.
2Éste es el Dios de mi salvación:
confío y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi canción,
y Él me ha salvado».
3Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación;
4y aquel día dirán:
«Alaben al Señor, invoquen su Nombre,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
recuerden que su Nombre es excelso.
5Canten al Señor, porque ha hecho proezas
¡que sean conocidas en toda la tierra!
6¡Exulta y grita de júbilo, tú que habitas en Sión,
que es grande en medio de ti el Santo de Israel!».