COMENTARIO
«Aprended a hacer el bien». La conducta que Dios pide exige un renovado esfuerzo en mejorar nuestro comportamiento mediante el empeño en formarse mejor. San Basilio comenta: «Como la ciencia moral no es evidente ni por sí misma es clara para todos, debemos aprender a hacer cosas buenas mediante la doctrina» (Enarratio in Isaiam 1,40). Y junto a la doctrina, el camino de la santidad requiere ejercitarse en las virtudes un día y otro, con constancia, en el ambiente y en las circunstancias en que vivimos. Las «virtudes humanas (…) son el fundamento de las sobrenaturales; y éstas proporcionan siempre un nuevo empuje para desenvolverse con hombría de bien. Pero, en cualquier caso, no basta el afán de poseer esas virtudes: es preciso aprender a practicarlas. Discite benefacere (Is 1,17), aprended a hacer el bien. Hay que ejercitarse habitualmente en los actos correspondientes —hechos de sinceridad, de veracidad, de ecuanimidad, de serenidad, de paciencia—, porque obras son amores, y no cabe amar a Dios sólo de palabra, sino con obras y de verdad (1 Jn 3,18)» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 91).