COMENTARIO
El profeta habla ahora con ironía dramática sobre la desolación y las víctimas que inundarían a Judá de dolor: la altivez y el lujo con que se adornan las mujeres de Jerusalén se tornarán en humillación y tormento (3,16-24), y no encontrarán quien las tome por esposas de tantos hombres como habrán perecido (3,25-4,1).
En el lector de estos oráculos resuenan sin duda los acontecimientos de la caída de Jerusalén ante las tropas de Nabucodonosor y las filas de deportados con sus familias caminando tristemente hacia Babilonia. Los que llevaban una vida atolondrada y frívola, despreocupada del Señor, comprobaron que sus placeres eran efímeros y sus alegrías superficiales, que se trocaron en sufrimientos y privaciones.