COMENTARIO

 Is 4,2-6 

En medio de tanta aflicción ha quedado un germen que permite abrigar esperanzas de que el Señor volverá a estar presente entre los suyos otorgándoles su protección. Se completa así la visión de 2,1-5. El monte Sión se refiere sobre todo a la congregación de ese resto de Israel reunida en el Templo, que gozará de la protección del Señor como en los días del desierto, cuando tras la liberación de Egipto peregrinaban hacia la tierra prometida bajo la guía de la columna de nube y fuego (cfr Ex 13,21-22).

El «brote del Señor» (v. 2) es un título del monarca descendiente de David (cfr 11,1). No es sólo el «resto» de Israel que sobrevivirá y verá la gloria de la Jerusalén purificada, sino que es el Mesías, hijo de David. Por eso, un antiguo autor cristiano, al comentar el saludo de Isabel a María —«Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre» (Lc 1,42)— dice: «De este fruto habla Isaías cuando dice: Aquel día, el germen del Señor será hermosura y gloria, fruto del país. ¿Cuál puede ser este fruto, sino el Santo de Israel, que a la vez es semilla de Abrahán, vástago del Señor, y flor que sube de la raíz de Jesé, fruto de vida del que hemos participado?» (Balduino de Cantorbery, De salutatione angelica).

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