COMENTARIO

 Is 5,8-30 

Seis ayes o lamentaciones configuran el conjunto del poema (vv. 8-10.11-17.18-19.20.21 y 22-24), que se cierra con la amenaza de un castigo aún mayor del que han sufrido (vv. 25-30). El profeta denuncia seis especies de pecados de los hijos de Judá y Jerusalén, que acarrearán el castigo divino. Es otro modo de lamentar la falta de correspondencia censurada antes en la parábola de la viña (5,1-7).

La primera lamentación (vv. 8-10) se dirige a los que atesoran riquezas para sí, despreocupándose de los demás (cfr St 5,1-5). El castigo divino será una gran penuria, descrita de modo dramático. El texto hebreo dice literalmente: «Pues diez yugadas de viña producirán un solo bat, y un jómer de simiente producirá un efah». Una yugada es el terreno que puede arar en un día una yunta de bueyes, y un bat es una medida de capacidad de unos 21 litros. Un jómer, medida de áridos, equivale a unos 200 kgs., y un efah es la décima parte de un jómer. La imagen del profeta alude a que la tierra ni siquiera devolverá una cantidad equivalente a la que recibió en la siembra, sino menos aún: solamente la décima parte de lo que se empleó para sembrar.

En las demás lamentaciones se hace patente la degradación moral y ética de los nobles para los que sólo cuentan los banquetes, la vanidad y la mentira, pero no la justicia ni el derecho. Así pues, se dirigen invectivas contra los que viven tan sólo ocupados de pasarlo bien (vv. 11-17) y contra los que denigran desvergonzadamente el mensaje profético (vv. 18-19). De éstos se resalta su apegamiento al pecado, simbolizado en las cuerdas que les atan a la «vanidad», es decir, a la malicia, a la vez que desprecian la voluntad de Dios. A continuación se condena a los que niegan la verdad moral objetiva (v. 20), a los que presumen de ser sabios (v. 21), a los bebedores (v. 22) y a los jueces injustos (v. 23). A todos ellos se les anuncia que les llegará el castigo (v. 24). En la descripción de esta condena del pueblo de Judá y de Jerusalén se alude a todo tipo de desgracias: unas naturales, como fue el devastador terremoto (v. 25) sucedido durante el reinado de Uzías (cfr Am 1,1; Za 14,5); otras, consecuencia de la guerra (vv. 26-29), como la desolación que las tropas asirias fueron sembrando por todo el territorio de Judá, y que con el tiempo fue mayor, pues llegaron nuevos refuerzos aún más fuertes y fieros que los que ya estaban devastando el país.

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