COMENTARIO

 Is 7,1-12,6 

Este conjunto de relatos y oráculos ha sido llamado comúnmente «Libro del Enmanuel», porque se estima que su cumbre está en el misterioso anuncio del Mesías-Salvador, llamado Immanu-El, «Enmanuel», que significa «Dios–con–nosotros» (7,14). Es uno de los bloques más interesantes de la primera parte de Isaías. Algunos autores incluyen también en el «Libro del Enmanuel» la visión de la majestad divina y vocación del profeta (6,1-13), que puede ser considerada como un capítulo introductorio.

La profecía del Enmanuel comienza con el anuncio profético del «signo» salvífico que será dado por Dios: la «virgen» que concebirá y dará a luz un «niño» (7,1-8,22). El «niño» es descrito con atributos que difícilmente se explican en el nivel de lo meramente humano (8,23-9,6). La alegría de la salvación que acaba de anunciarse se entenebrece —es una de las paradojas frecuentes del libro— con los anuncios de la ira del Señor y la destrucción de Samaría y la amenaza a Jerusalén a manos de Asiria (9,7-10,19). Pero, como es habitual en la enseñanza de Isaías, se salvará un «resto». Dios hará surgir un «vástago» del tronco de Jesé, esto es, un descendiente de David en el que «se posará el Espíritu del Señor», e inaugurará el reinado de justicia y paz y volverán a su tierra los exiliados (10,20-11,16). Por ello, el profeta entona un breve salmo de acción de gracias (12,1-6).

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