COMENTARIO

 Is 7,1-9 

Tras el relato de la vocación de Isaías donde se hablaba de la incapacidad de un corazón endurecido para escuchar la palabra del Señor (cfr 6,9-10), se aduce ahora un ejemplo que lo corrobora. Se trata de lo sucedido en un encuentro entre Isaías y el rey Ajaz, en el que el monarca se debate en la duda de qué postura tomar ante las presiones que recibe para que su reino se incorpore a la coalición antiasiria formada por Israel (aquí también llamado Efraím) —cuya capital era Samaría— y por Siria —cuya capital era Damasco—. De Tabeel (o Tabeal) (v. 6) no se conoce más de lo que aquí se dice. Quizá fuera un alto funcionario, dispuesto a seguir la política aramea en el reino del Sur. El mensaje profético consiste en advertir a Judá que debe confiar en Dios prestando fe a su palabra, sin recurrir a alianzas políticas, ni con los sirio–efraimitas ni con Asiria. El párrafo termina lacónicamente con la amenaza de que si Ajaz y los suyos no creen, no subsistirán (vv. 7-9). En la narración se pone como testigo del diálogo a un hijo de Isaías al que se llama «Sear-Yasub» (v. 3), nombre que está cargado de simbolismo, pues significa «un resto volverá». De algún modo, con su presencia, está testificando que Dios asegura la permanencia perenne del pueblo: siempre habrá una parte, un resto, que volverá a Dios y recobrará lo perdido (cfr 10,20-22).

Volver a Is 7,1-9