COMENTARIO

 Is 13,1-23,18 

La segunda sección de la primera parte del libro de Isaías está formada por una colección de oráculos dirigidos a las naciones. Tal como se nos ha transmitido, la sección forma un conjunto coherente desde el punto de vista literario. La sucesión de oráculos no se ajusta a un orden cronológico, sino que están agrupados por naciones.

Esta sección tiene amplias correspondencias en muchos otros libros proféticos: Amós, Jeremías y Ezequiel principalmente. Los acontecimientos a los que alude se sitúan en un arco temporal muy amplio, unos dos siglos, pues el imperio babilónico no acabará hasta el 539 a.C., con la conquista de Ciro el Grande, rey de los persas y medos.

Los oráculos se dirigen contra Babilonia (13,1-14,23), Asiria (14,24-27), Filistea (14,28-32), Moab (15,1-16,14), Damasco y Efraím (17,1-14), Etiopía (18,1-7), Egipto (19,1-20,6), de nuevo Babilonia (21,1-10), y finalmente Dumá (21,11-12) y Arabia (21,13-17). Hay también uno contra la propia Jerusalén (22,1-14) y otro, excepcional, contra una persona: Sebná (22,15-25). Por último se recogen los oráculos contra Tiro (23,1-18).

El mensaje teológico de esta sección es claro: Dios es el Señor de la historia. A veces hace uso de las naciones como instrumentos de su cólera para castigar las rebeldías y pecados del pueblo elegido. Pero juzga y condena también a esas naciones por la crueldad y orgullo con que han ejecutado los designios divinos. Pese a todas las desgracias y pecados, el Señor salvará a su pueblo, es más, llevará a cabo lo que parecería imposible: la conversión de las naciones (cfr 19,12-25).

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