II. ORÁCULOS DIRIGIDOS A LAS NACIONES

Oráculo contra Babilonia

13Is1Oráculo sobre Babilonia que contempló Isaías hijo de Amós.

2Ícen la bandera sobre un monte pelado,
levanten la voz, agiten la mano
para que entren por las Puertas de los Nobles.
3Yo he dado orden a mis santos,
he llamado también a mis valientes para que ejecuten mi ira,
los que se alegran de mi majestad.
4Clamor estruendoso hay en las montañas, como de pueblo inmenso.
Clamor tumultuoso de reinos, de naciones congregadas.
El Señor de los ejércitos pasa revista a la tropa de combate.
5Vienen de tierras lejanas, de los confines del cielo,
el Señor y los instrumentos de su indignación
para arrasar toda la tierra.
6Aúllen, porque el día del Señor está cerca,
ya llega como azote del Omnipotente.
7Por eso, todos los brazos flaquean,
y todo corazón humano desfallece.
8Se llenan de terror.
Angustias y dolores los sobrecogen,
se retuercen como parturientas;
cada cual recela de su prójimo,
semblantes inflamados son sus rostros.
9Miren que ya viene el día del Señor,
implacable, lleno de indignación
y arrebato de ira,
para desolar la tierra,
y exterminar de ella a los pecadores.
10Porque las estrellas del cielo y sus constelaciones
no harán brillar su luz;
el sol se oscurecerá al nacer,
y no resplandecerá la luz de la luna.
11Tomaré cuentas al orbe de su maldad,
y a los impíos de su iniquidad;
pondré fin al engreimiento de los orgullosos,
y humillaré la altivez de los tiranos.
12Haré al ser humano más preciado que el oro fino,
a los hombres, más escasos que el oro de Ofir.
13Pues agitaré los cielos
y la tierra se moverá de su sitio
por el furor del Señor de los ejércitos
el día del ardor de su ira.
14Será como gacela ahuyentada,
como oveja que nadie recoge;
cada uno se volverá hacia su pueblo,
cada uno huirá a su país.
15A todo el que encuentren lo atravesarán,
todo el que sea capturado caerá a espada.
16Estrellarán sus niños ante sus propios ojos,
saquearán sus casas,
y violarán a sus mujeres.
17Miren que suscito contra ellos a los medos,
que no aprecian la plata ni codician el oro.
18Sus arcos acribillarán a los jóvenes,
no se apiadarán del fruto del vientre,
ni sus ojos tendrán compasión de los niños.
19Babilonia, la joya de los reinos,
gala de la altivez de los caldeos,
será como Sodoma y Gomorra que Dios derribó.
20Nunca jamás será habitada,
ni poblada a lo largo de las generaciones;
ni el árabe levantará allí la tienda,
ni los pastores acamparán allí;
21sino que allí sestearán los chacales,
los búhos invadirán sus casas,
los avestruces habitarán en ella,
y allí brincarán las cabras salvajes.
22Las hienas aullarán en sus palacios,
y los chacales en sus salones.
Su tiempo está a punto de llegar,
no se prolongarán sus días.

14Is1Pero el Señor se compadecerá de Jacob y elegirá de nuevo a Israel; le hará reposar en su tierra, se le unirán extranjeros y se asociarán a la casa de Jacob. 2Los pueblos los tomarán para conducirlos a su lugar, y la casa de Israel los poseerá como siervos y siervas en la tierra del Señor, de modo que cautivarán a sus cautivadores y dominarán a quienes los oprimían.

3El día en que el Señor te conceda reposo de tu aflicción y de tu intranquilidad, y de la dura servidumbre a que fuiste sometido, 4dirigirás la siguiente sátira sobre el rey de Babilonia:

«¡Cómo acabó el tirano! ¡Acabó la arrogancia!
5El Señor quebró el bastón de los impíos,
la vara de los déspotas,
6que golpeaba a los pueblos con furor, con golpes sin tregua,
que avasallaba a las naciones con ira, las acosaba sin freno.
7La tierra entera descansa tranquila,
exulta con gritos de júbilo.
8Hasta los cipreses y los cedros del Líbano se alegran por ti:
“Desde que yaces muerto no sube nadie a talarnos”.
9Por abajo, el sheol se agita por ti
al anuncio de tu llegada;
despierta por ti las sombras de los muertos, a cuantos eran potentados en la tierra;
hace levantarse de sus tronos
a cuantos eran reyes de las naciones.
10Todos responden y te dicen:
“Tú también, como nosotros, te has consumido,
eres igual que nosotros”.
11Tu pompa ha sido precipitada en el sheol,
con el son de tus arpas.
Debajo de ti extenderán un lecho de gusanos,
y tu manta serán bichos asquerosos.
12¡Cómo has caído del cielo,
lucero, hijo de la aurora!
¡Has sido abatido a tierra,
tú que postrabas a naciones!
13Tú, que decías en tu corazón:
“Subiré a los cielos,
por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono
y me sentaré en el monte de la reunión,
en los confines del septentrión.
14Subiré a las alturas de las nubes,
seré semejante al Altísimo”.
15¡Ya! ¡Al sheol has sido precipitado,
a lo más profundo de la fosa!
16Los que te ven se fijan en ti,
en ti prestan atención:
“¿Es éste el hombre que hacía temblar la tierra,
el que hacía estremecerse los reinos,
17el que dejó el orbe desierto
y destruyó sus ciudades,
el que no dejó a sus prisioneros ir a casa?
18Todos los reyes de las naciones, todos ellos, yacen con gloria,
cada uno en su morada;
19pero tú has sido arrojado fuera de tu sepulcro,
como retoño abominable,
rodeado de muertos pasados a espada,
que descendieron a las piedras de la fosa
como un cadáver pisoteado.
20No compartirás con ellos sepultura,
porque asolaste tu tierra
y asesinaste a tu pueblo.
No será nombrada jamás la estirpe de los malvados.
21Preparen a sus hijos al degüello
por la iniquidad de sus padres,
no sea que se levanten y se adueñen de la tierra,
y llenen de ciudades la faz del orbe”».

22«Me alzaré contra ellos —oráculo del Señor de los ejércitos— y extirparé de Babilonia nombre y resto, posteridad y estirpe —oráculo del Señor—. 23La dejaré como heredad a erizos y aguas cenagosas, la barreré con la escoba del exterminio» —oráculo del Señor de los ejércitos—.

Oráculo contra Asiria

24El Señor de los ejércitos ha jurado así:
«¿Acaso no sucederá como pensé,
y no se cumplirá lo que decidí?
25Destrozaré a Asiria en mi país,
lo pisotearé en mis montes.
Su yugo dejará de estar sobre ellos,
su carga será quitada de sus espaldas».
26Ésta es la decisión tomada
para toda la tierra,
ésta es la mano extendida
sobre todas las naciones.
27Cuando el Señor de los ejércitos
toma una decisión,
¿quién podrá anularla? Su mano extendida,
¿quién podrá apartarla?

Oráculo contra Filistea

28El año de la muerte del rey Ajaz hubo el siguiente oráculo:
29«No te alegres, tú, Filistea entera,
de que se haya roto la vara que te pegaba,
pues de raíz de serpiente saldrá una víbora,
cuyo fruto será un dragón volador.
30Serán apacentados los primogénitos de los débiles
y los pobres reposarán al seguro,
pero haré morir de hambre a tu raíz,
y asesinaré a tu resto.
31¡Aúlla, puerta! ¡Grita, ciudad!
¡Desmaya, Filistea entera!
que del norte llega una humareda
y no hay rezagados en sus escuadrones».
32¿Qué responder a los mensajeros de esta nación?
«Que el Señor fundó a Sión,
y en ella se refugian los pobres de su pueblo».

Oráculo contra Moab

15Is1Oráculo sobre Moab. Sí, la noche en que fue asolada Ar–Moab, pereció.

Sí, la noche en que fue asolada Quir–Moab, pereció.
2La hija de Dibón sube a los lugares altos para llorar.
Sobre el Nebo y sobre Medebá aúlla Moab,
con sus cabezas todas rapadas,
con sus barbas todas rasuradas.
3En sus calles se ciñen de saco,
sobre sus terrados y en sus plazas
todo el mundo aúlla
sumiéndose en llanto.
4Jesbón y Elalé gritan,
hasta Yahás se escucha su clamor;
por eso tiemblan los flancos de Moab,
jadea su alma.
5Mi corazón se lamenta por Moab:
sus fugitivos llegan hasta Soar, a Eglat–Selisías.
Por la cuesta de Lujit suben llorando,
por el camino de Joronaim dan gritos de quebranto.
6Pues las aguas de Nimrim se han secado,
se ha marchitado la hierba, se ha agostado el césped,
no queda verdor.
7Por eso, sus pertenencias y provisiones
se las llevan tras el torrente de los Sauces.
8El griterío rodea
las fronteras de Moab,
hasta Eglaim llegan sus aullidos,
hasta Beer–Elim llegan sus aullidos.
9Las aguas de Dimón están llenas de sangre.
Pero aún pondré algo más sobre Dimón:
leones para los que escapen de Moab y para los que queden en su tierra.
16Is1Envíen corderos al gobernador del país,
desde Sela del desierto al monte de la hija de Sión.
2Como aves fugitivas,
nidada espantada,
serán las hijas de Moab
por los vados del Arnón.
3Da un consejo, juzga rectamente.
Haz en pleno día tu sombra como la noche,
esconde a los fugitivos, no descubras al que huye.
4Que puedan hospedarse en ti los fugitivos de Moab,
sé refugio para ellos ante el devastador.
Porque cuando cese el opresor,
termine la opresión
y desaparezca de la tierra el que la pisotea,
5entonces, será establecido,
en la tienda de David,
un trono misericordioso,
donde se sentará fielmente
un juez y celador del derecho,
solícito de establecer la justicia.
6Hemos oído la soberbia de Moab,
el muy soberbio,
su soberbia, su arrogancia y su iracundia;
sin fundamento es su jactancia.
7Por eso aullará Moab por Moab,
todos aullarán;
por las tortas de pasas de Quir–Jaréset
suspirarán consternados.
8Porque las campiñas de Jesbón están marchitas, ¡las viñas de Sibmá!
Los señores de las naciones destrozaron sus cepas,
que llegaban hasta Yazer,
se extendían por el desierto;
sus sarmientos se expandían,
penetraban en el mar.
9Por eso lloraré por las viñas de Sibmá
con el llanto de Yazer, te inundaré con mis lágrimas, Jesbón y Elalé,
porque sobre tu vendimia y sobre tu cosecha
se han precipitado los gritos.
10La alegría y el júbilo se han marchado de los huertos;
en las viñas no se canta de alegría, ni se dan gritos de alborozo,
ni el pisador pisa vino en los lagares:
ha cesado el clamor.
11Por eso, mis entrañas, como un arpa, trepidan por Moab,
y mi interior, por Quir–Jeres.
12Así, cuando aparezca,
cuando se canse Moab sobre los lugares altos,
y vaya a sus santuarios a orar,
no obtendrá nada.

13Ésta es la palabra que pronunció entonces el Señor acerca de Moab. 14Pero ahora ha hablado el Señor diciendo: «Dentro de tres años, como los años del mercenario, será despreciada la gloria de Moab, con toda su ingente multitud, y el resto será minúsculo, irrelevante».

Oráculo contra Damasco y Efraím

17Is1Oráculo sobre Damasco: Miren: Damasco dejará de ser ciudad,
será un montón de ruinas.
2Las ciudades de Aroer, abandonadas, servirán para los ganados,
que se tenderán sin que nadie los inquiete.
3Desaparecerá la plaza fuerte de Efraím,
y el reino de Damasco;
y lo que reste de Siria vendrá a ser lo que ha sido de la gloria de los hijos de Israel
—oráculo del Señor de los ejércitos—.
4Aquel día se debilitará la gloria de Jacob,
enflaquecerá la obesidad de su carne,
5será como la paja cuando el segador ha recogido la mies
y su brazo ha segado las espigas,
como el que rebusca espigas en el valle de Refaím;
6sólo quedará el desecho,
como después de varear el olivo:
dos o tres aceitunas en la cima de la copa,
cuatro o cinco en las ramas del frutal
—oráculo del Señor, Dios de Israel—.

7Aquel día el hombre volverá la vista a su Hacedor, y sus ojos mirarán al Santo de Israel. 8No volverá la vista a los altares, obra de sus manos, ni mirará a lo que hicieron sus dedos, a las estelas y altares de incienso.

9Aquel día quedarán abandonadas sus plazas fuertes como fueron abandonados los bosques y las alturas, que abandonaron ante la presencia de los hijos de Israel: habrá desolación.

10Porque olvidaste al Dios de tu salvación,
y no te acordaste de la Roca de tu refugio,
por eso plantas huertos de placer,
e injertas cepas extranjeras.
11El día que plantes y caves alrededor,
harás que a la mañana florezca la simiente,
pero la cosecha se desvanecerá
el día de la enfermedad
y del mal incurable.
12¡Ah! ¡Bramido de muchos pueblos!
Braman como el bramido del mar.
¡Estruendo de naciones!
Arman estruendo
como el estruendo de aguas tumultuosas.
13¡Las naciones hacen ruido como el fragor de aguas crecidas!
Pero Él les amenaza y huyen lejos,
son arrastradas como pelusa de los montes por el viento,
como paja por el vendaval.
14Al atardecer se presenta el espanto,
pero al amanecer deja de existir:
es lo que toca a quienes nos saquean,
la suerte de quienes nos expolian.

Oráculo contra Etiopía

18Is1¡Ay, tierra del zumbido de alas, la que está allende los ríos de Etiopía,

2la que envía embajadores por mar,
en barcos de junco sobre la superficie de las aguas!
Vayan, veloces mensajeros,
a la gente esbelta de bruñida piel,
al pueblo temible
de cerca y de lejos,
a la nación vigorosa y aplastante,
a la del país surcado de ríos.
3¡Habitantes todos del orbe,
moradores de la tierra:
cuando se ice bandera en los montes, miren;
cuando suene la trompeta, escuchen!
4Porque así me ha dicho el Señor:
«Estaré tranquilo y observaré desde mi sitio,
como el calor ardiente al brillar la luz,
como nube de frescor en el calor de la siega».
5Pues antes de la vendimia, una vez terminada la floración,
cuando el fruto en ciernes comienza a madurar,
cortará los sarmientos con las podaderas,
y extirpará y arrancará las cepas.
6Todos ellos serán abandonados a las aves de rapiña de los montes
y a las alimañas del campo;
sobre ella pasarán el verano las aves de rapiña,
y en ella invernará cualquier alimaña del campo.

7En aquel tiempo el pueblo esbelto y de piel bruñida, el pueblo temible de cerca y de lejos, la nación vigorosa y aplastante, la del país surcado de ríos, traerá presentes al Señor de los ejércitos al lugar del Nombre del Señor de los ejércitos, al monte Sión.

Oráculo contra Egipto

19Is1Oráculo sobre Egipto.
Miren: el Señor cabalga sobre nube veloz y entra en Egipto.
Ante su presencia se tambalean los ídolos de Egipto,
el corazón de Egipto se derrite en su interior.
2«Incitaré a egipcios contra egipcios,
y lucharán unos contra otros,
cada uno contra su prójimo,
ciudad contra ciudad,
reino contra reino.
3El ánimo de Egipto quedará desolado en sus entrañas,
y desharé sus planes.
Consultarán a los ídolos y a los hechiceros,
a los nigromantes y a los adivinos.
4Entregaré a los egipcios en manos de un amo severo,
un rey cruel los dominará»
—oráculo del Señor, Dios de los ejércitos—.
5Se desecarán las aguas del Mar,
se agotará y se secará el Río.
6Apestarán las acequias,
menguarán y se agotarán los canales de Egipto,
cañas y juncos se marchitarán.
7Los prados en la ribera del Nilo,
junto a la embocadura del Nilo,
y toda sementera del Nilo
se secarán, se marchitarán y desaparecerán.
8Gemirán los pescadores,
se lamentarán cuantos echan anzuelo en el Nilo,
y se afligirán los que echan la red en las aguas.
9Quedarán confusos los que trabajan el lino,
palidecerán cardadoras y tejedores;
10quedarán deprimidos los artesanos,
desesperados todos los jornaleros.
11¡Qué necios son los príncipes de Soán!
Los sabios consejeros del faraón le dan un consejo estúpido.
¿Cómo dicen al faraón:
«Soy hijo de sabios, hijo de reyes de antaño»?
12¿Dónde están tus sabios?
Que te muestren y te hagan saber
lo que ha decidido el Señor de los ejércitos acerca de Egipto.
13Los príncipes de Soán se han vuelto locos,
ilusos los príncipes de Nof;
descarrían a Egipto los jefes de sus tribus.
14El Señor ha infundido en su interior un espíritu delirante,
que hace descarriar a Egipto en todo cuanto hace,
como se tambalea un borracho mientras vomita.
15No aprovechará a Egipto obra alguna
que haga cabeza o cola, palmera o junco.

16Aquel día Egipto será como las mujeres: temblará y se llenará de miedo al ver que el Señor de los ejércitos sacude su mano contra él. 17La tierra de Judá llenará de terror a Egipto: cada vez que se la nombren, se llenará de pavor ante la decisión que el Señor de los ejércitos tomó contra él.

18Aquel día, en el país de Egipto habrá cinco ciudades que hablarán en la lengua de Canaán y jurarán por el Señor de los ejércitos: Ciudad del Sol se llama una de ellas.

19Aquel día el Señor tendrá un altar en medio de la tierra de Egipto, y habrá un obelisco al Señor junto a la frontera. 20Servirá de señal y testimonio para el Señor de los ejércitos en la tierra de Egipto: cuando clamen al Señor ante los opresores, les enviará un salvador y defensor que los librará.

21Aquel día el Señor se dará a conocer a Egipto, y los egipcios conocerán al Señor, y le darán culto con sacrificios y oblaciones, y harán votos al Señor y los cumplirán. 22El Señor herirá a Egipto con gran plaga, pero los sanará, y se convertirán al Señor, que les será propicio y los curará.

23Aquel día habrá una calzada de Egipto a Asiria. Los asirios irán a Egipto y los egipcios a Asiria. Egipto junto con Asiria darán culto.

24Aquel día Israel será tercero, junto con Egipto y Asiria: una bendición en medio de la tierra, 25porque los bendecirá el Señor de los ejércitos, diciendo: «¡Bendito sea mi pueblo, Egipto, y la obra de mis manos, Asiria, y mi heredad, Israel!».

Isaías, señal contra Egipto y Etiopía

20Is1El año en que el Tartán llegó a Asdod, cuando lo envió Sargón, rey de Asiria, y asedió Asdod y la tomó, 2en aquella sazón, habló el Señor por medio de Isaías, hijo de Amós, diciendo:

—¡Vete y desátate el saco de la cintura, y quítate las sandalias de los pies!
Y así lo hizo. Caminó desnudo y descalzo.

3Entonces dijo el Señor:

—Como mi siervo Isaías ha andado desnudo y descalzo tres años, siendo signo y símbolo para Egipto y Etiopía, 4así conducirá el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y a los deportados de Etiopía, jóvenes y ancianos, desnudos y descalzos, y con las nalgas al aire, para vergüenza de Egipto. 5Se consternarán y se avergonzarán por Etiopía, su esperanza, y por Egipto, su orgullo. 6Aquel día quien habite estas costas dirá: «Miren: ahí estaba nuestra esperanza, donde buscábamos refugio para ser ayudados y librados del rey de Asiria. ¿Cómo nos podremos escapar?».

Oráculo sobre la caída de Babilonia

21Is1Oráculo sobre el Desierto del Mar.
Como vendavales que atraviesan el Négueb, del desierto viene, del país temible.
2Una dura visión me ha sido mostrada:
el traidor traiciona,
el devastador devasta.
¡Sube, Elam! ¡Asedia, Media!
A todo gemido he dado descanso.
3Por eso, mis entrañas se llenaron de espasmos,
dolores como de parturienta se apoderaron de mí.
Me he turbado al oírlo,
me he espantado al verlo.
4Mi corazón siente vértigo,
el terror me invade.
El atardecer que yo anhelaba
se ha convertido para mí en sobresalto.
5Preparar la mesa,
disponer los tapices, comer, beber.
¡Levántense, príncipes,
engrasen el escudo!
6Porque así me ha dicho el Señor:
«Marcha. Pon un centinela
que anuncie lo que vea.
7Cuando vea carros, parejas de jinetes a caballo,
jinetes en burro, jinetes en camello,
que preste atención, mucha atención».
8Y el vigía clamó:
«Sobre la atalaya estoy, mi Señor,
de pie el día entero,
y en mi puesto de guardia
firme todas las horas de la noche.
9¡Atención! Llega un carro,
con un hombre y dos caballos».
Y tomó la palabra y dijo:
«¡Cayó, cayó Babilonia,
y todas las estatuas de sus dioses
yacen destrozadas por tierra!».
10¡Grano mío trillado, hijo de mi era!
Lo que he oído de parte del Señor de los ejércitos, el Dios de Israel,
se los anuncio.

Oráculo sobre Dumá

11Oráculo sobre Dumá.
Alguien me grita desde Seír:
«Centinela, ¿qué es de la noche?
centinela, ¿qué es de la noche?».
12Responde el centinela:
«Viene la mañana, y también la noche.
Si quieren preguntar, pregunten.
Vuelvan, vengan».

Oráculo sobre Arabia

13Oráculo sobre Arabia.
En el bosque, en la estepa ustedes pernoctan,
caravanas de Dedán.
14Al encuentro del sediento, traigan agua,
moradores de la tierra de Temá,
reciban con pan al fugitivo.
15Pues huyen de las espadas,
de la espada desenvainada,
del arco tenso,
de la violencia de la guerra.

16Porque así me ha dicho el Señor: «Dentro de un año, como año de jornalero, se habrá terminado la gloria de Quedar. 17Pocos serán los bravos arqueros, hijos de Quedar, que resten, porque el Señor, Dios de Israel, lo ha dicho».

Oráculo sobre el valle de la Visión

22Is1Oráculo del valle de la Visión. ¿Qué te pasa para que te subas,
toda entera a los terrados,
2llena de ruidos, ciudad bulliciosa,
ciudadela jubilosa?
Tus caídos no perecieron a espada,
ni murieron en combate.
3Todos tus capitanes huyeron a una,
los apresaron juntos, sin arco;
a todos los que encontraron los apresaron juntos,
aunque huían lejos.
4Por eso digo: «Dejen de mirarme.
Lloraré amargamente,
no insistan en consolarme
por la destrucción de la hija de mi pueblo».
5Que es día de confusión,
aplastamiento y consternación,
de parte del Señor, Dios de los ejércitos.
En el valle de la Visión
se desploma la muralla
y el grito de socorro llega hasta el monte.
6Elam porta la aljaba,
con carros, infantes y jinetes;
Quir prepara el escudo.
7Tus mejores valles
están repletos de carros,
y la caballería se aposta frente a la puerta.
8Ha caído la defensa de Judá.
Aquel día observabas el arsenal de la Casa del Bosque,
9y vieron que eran muchas
las brechas de la ciudad de David;
recogieron las aguas de la alberca de abajo.
10Hicieron el recuento de las casas de Jerusalén,
y demolieron casas
para fortificar la muralla.
11Hicieron una represa entre los dos muros
para las aguas de la alberca antigua,
pero no pusieron la mirada en quien hizo esto,
ni miraron a quien es su artífice desde antaño.
12Aquel día, el Señor, Dios de los ejércitos, hizo un llamamiento
al llanto y al duelo,
a raparse el pelo y vestirse de saco.
13Sin embargo, ¡hala!, alegría y algazara,
a matar vacas, a degollar ovejas,
a comer carne y a beber vino:
«Comamos y bebamos,
que mañana moriremos».
14Pero a mis oídos se ha revelado
el Señor de los ejércitos:
«Con certeza, no les será perdonado este delito hasta que mueran»

—lo ha dicho el Señor, Dios de los ejércitos—.

Oráculo sobre Sebná

15Así ha dicho el Señor, Dios de los ejércitos:
«Anda, ve a ese mayordomo,
a Sebná, el intendente de palacio:
16“¿Qué tienes aquí, y a quién tienes ahí,
para haberte labrado un sepulcro?
¿Tú, el que se labra en lo alto su sepulcro,
el que se excava en la roca un mausoleo?
17Mira, el Señor te lanzará con violencia,
hombre prepotente, te envolverá;
18te hará dar más vueltas que a un ovillo,
te lanzará como una pelota
en un espacio ancho.
Allí morirás,
allá irán tus gloriosos carros,
vergüenza del palacio de tu señor.
19Te depondré de tu cargo,
te derrocaré de tu puesto”.
20Aquel día
llamaré a mi siervo Eliaquim, hijo de Jilquías.
21Lo revestiré con tu túnica,
le ceñiré con tu cinturón,
pondré en su mano tu poder,
y será un padre para los habitantes de Jerusalén
y para la casa de Judá.
22Pondré la llave de la casa de David
sobre su hombro:
abrirá y no habrá quien cierre,
cerrará y no habrá quien abra.
23Lo hincaré como clavo en sitio firme,
y será un trono de gloria para la casa de su padre.

24Él sostendrá toda la gloria de la casa de su padre: descendencia y prole, toda la vajilla menor, desde las copas hasta cualquier jarra.

25Aquel día —oráculo del Señor de los ejércitos—, será quitado el clavo hincado en sitio firme, se quebrará y caerá, y se romperá la carga que sostenía —pues lo ha dicho el Señor—».

Oráculo sobre Tiro

23Is1Oráculo sobre Tiro.
Aullen, naves de Tarsis, que su refugio está destruido.
Al volver del país de Quitim
lo han descubierto.
2Enmudezcan, habitantes de la isla,
mercaderes de Sidón,
que cruzando el Mar te abastecían.
3A través de aguas caudalosas, el grano de Sijor,
la cosecha del Nilo, que era tu beneficio,
se ha convertido en negocio de las naciones.
4Avergüénzate, Sidón, que habla el Mar,
la fortaleza del Mar, diciendo:
«No engendré, ni di a luz,
ni crié jóvenes,
ni eduqué doncellas».
5En cuanto se oiga en Egipto,
se estremecerán por las noticias de Tiro.
6¡Pasen a Tarsis,
aullen, habitantes de la isla!
7¿Es ésta su alegre ciudad,
de antigüedad remota,
cuyos pies la transportaban
a lejanos países para establecerse allí?
8¿Quién tomó tal decisión
contra Tiro, la gran metrópoli,
cuyos mercaderes eran príncipes
y sus comerciantes, nobles de la tierra?
9El Señor de los ejércitos tomó tal decisión,
para abajar el orgullo de toda pompa,
para envilecer a todos los nobles de la tierra.
10Cultiva tu tierra, como el Nilo,
hija de Tarsis, ya no existe el puerto.
11El Señor ha extendido su mano contra el Mar,
ha agitado los reinos,
ha ordenado acerca de Canaán
destruir sus fortalezas.
12Y ha dicho: «No continuarás alegrándote,
¡oh doncella ultrajada, hija de Sidón!
Levántate, cruza a Quitim,
tampoco allí tendrás reposo».
13Miren la tierra de los caldeos:
tal pueblo no existía.
Asiria la destinó para las bestias del desierto.
Alzó sus torres de asedio,
destruyó sus palacios,
la convirtió en montón de ruinas.
14Aúllen, naves de Tarsis,
que su refugio está destruido.

15Aquel día acaecerá que Tiro será dada al olvido durante setenta años, como los días de un rey. Al cabo de setenta años le ocurrirá a Tiro como en la canción de la ramera:

16«Toma la cítara, ronda la ciudad,
ramera olvidada,
tócala bien, repite las canciones
para que se te recuerde».

17Sucederá, pues, que al cabo de setenta años, el Señor visitará a Tiro, y ella volverá a sus ganancias, y se prostituirá de nuevo con todos los reinos del orbe sobre la faz de la tierra. 18Pero sus beneficios y sus ganancias serán consagrados al Señor. No serán amontonados ni almacenados, sino que sus beneficios serán para quienes habitan en la presencia del Señor, para que coman y queden satisfechos y se vistan lujosamente.