COMENTARIO
Moab había sido enemigo tradicional de Judá. Estaba compuesto por tribus nómadas que merodeaban al este del Jordán y del Mar Muerto. Emparentadas con los israelitas (cfr Gn 19,30-37), habían aprovechado diversas ocasiones de debilidad o desgracia de Judá para atacarla y apoderarse de algunas tierras. Esta circunstancia explica que en los oráculos contra las naciones de Amós (Am 2,1-3), Jeremías (48,1-47) y Ezequiel (Ez 25,8-11) se encuentre un vaticinio contra Moab. El recogido aquí, lo mismo que el de Jeremías, es un largo poema. Primero se presenta al país de Moab —con sus principales montes (Nebo), fuentes y ciudades— totalmente asolado (15,1-9). Los moabitas buscan en vano refugio en Judá ante la invasión de las tropas asirias (16,1-5). Sigue una lamentación por la penosa situación en que quedará Moab, a quien no servirá de nada ir con plegarias a sus santuarios idolátricos (16,6-12). Por último, una breve pieza en prosa en la que se dictamina la inminente desgracia de Moab (16,13-14).
Algunas expresiones de las contenidas en Isaías se encuentran formuladas con términos parecidos en Jeremías (16,6-10 y Jr 48,29-33; 15,2b-3 y Jr 48,37-38). Al final, lo mismo que en los oráculos de Jeremías (Jr 48,47), se indica que quedará un resto de Moab, aunque pequeño (16,14).