COMENTARIO

 Is 21,11-12 

Dumá es un oasis situado en el norte de Arabia, territorio del clan ismaelita que lleva ese nombre (cfr Gn 25,14; 1 Cro 1,30). Pero es más probable que aquí Dumá sea una variante del nombre de Edom, territorio situado en Transjordania, contra el que se contienen oráculos en otros profetas: Jeremías (Jr 49,7-22), Ezequiel (Ez 25,12-14; 35,1-15) y Abdías (Ab 1-9). De hecho, el monte de Seír citado en este oráculo (v. 11) está en la región de Edom. La versión griega lee: «Oráculo sobre Idumea», es decir, Edom.

En la Biblia las tinieblas de la noche simbolizan desventura, mientras que la luz del día es figura de salvación. La misteriosa respuesta del centinela es una amenaza: a pesar de que primero tengan un tiempo de serenidad y triunfo (la mañana), al final sobrevendrá el castigo (la noche) (cfr v. 12).

La exhortación a la vigilancia —«centinela, ¿qué es de la noche?»— se ha entendido también como una llamada para el cristiano a mantener una actitud de desvelo por la fidelidad de los demás en la Iglesia: «Siendo necesario guardar mi propia conciencia y la del prójimo, ni una ni otra es bastante conocida de mí: una y otra son abismo insondable; una y otra son abismo para mí, y, con todo eso, exigen de mí la guarda de una y de otra, y vocean: Centinela, ¿qué has visto esta noche?» (S. Bernardo, Sermones in adventu Domini 3,6). De ahí que San Josemaría enseñara: «Custos, quid de nocte! —¡Centinela, alerta! Ojalá tú también te acostumbraras a tener, durante la semana, tu día de guardia: para entregarte más, para vivir con más amorosa vigilancia cada detalle, para hacer un poco más de oración y de mortificación» (S. Josemaría Escrivá, Surco, n. 960).

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