COMENTARIO
El libro de Isaías, según nos ha llegado, intercala entre los oráculos contra las naciones el cap. 22, que contiene oráculos contra la misma Jerusalén (vv. 1-14) y contra un personaje llamado Sebná (22,15-25), alto funcionario de la corte del rey Ezequías de Judá. La razón para su inclusión en este lugar puede deberse a que hace referencia a sucesos de alrededor del año 701 a.C., ya muy avanzado el ministerio profético de Isaías.
El oráculo sobre Jerusalén (vv. 1-14) reprocha la alegría desmesurada de sus habitantes tras el levantamiento del cerco de las tropas de Senaquerib de Asiria (año 701 a.C.). Los moradores de Jerusalén se olvidaron pronto de que fue el Señor quien los había librado. Para Isaías, no han entendido nada de lo que ha ocurrido: Dios los ha salvado esta vez para que se arrepientan de sus pecados, pero ellos persisten en sus delitos. Decepcionado por la actitud irresponsable del pueblo, el profeta presiente que el alborozo se tornará en duelo. La mención de Elam y Quir se explica por el hecho de que esas regiones de Persia y del norte de Arabia, respectivamente, habían proporcionado mercenarios a los ejércitos asirios. En el v. 11 se alude a las obras de Ezequías para proveer de agua a Jerusalén durante el asedio (cfr 2 R 20,20 y 2 Cro 32,27ss.), entre ellas un túnel que sigue existiendo en la actualidad.
No se conoce ningún valle que tenga por nombre «valle de la Visión» (vv. 1.5). Podría ser un nombre simbólico; en todo caso, estaría en las afueras de Jerusalén. La «Casa del Bosque» (v. 8) era una gran sala dentro del palacio de Salomón (cfr 1 R 7,1-12).
La segunda parte del v. 13 «comamos y bebamos que mañana moriremos» es citada por San Pablo en 1 Co 15,32b como resumen de la actitud que podría adoptar el hombre si no existiera la resurrección de los muertos. Por eso San Juan Damasceno, comentando este versículo, dice: «Habrá resurrección. En efecto, Dios es justo y habrá recompensa para los que le esperan (cfr Hb 11,6). Si el alma hubiera combatido por sí sola en la palestra de la virtud, ella sola sería premiada; y si ella sola se hubiera sumido en los placeres, ella sola sería justamente castigada. Pero, puesto que el alma no se ha entregado sin el cuerpo ni a la virtud ni al vicio, justamente una y otro recibirán justamente el premio o el castigo» (De fide orthodoxa 4,27).