COMENTARIO

 Is 24,1-23 

Si en los oráculos dirigidos a las naciones (13,1-23,18) se manifiesta el juicio de Dios contra cada uno de los pueblos, ahora, en este terrible oráculo, se anuncia un castigo de dimensión universal. En él cabe distinguir varias secciones: la destrucción de todos los habitantes de la tierra (vv. 1-3); los efectos en los seres de la tierra y en sus elementos (vv. 4-16a); la destrucción definitiva de la tierra y de todo lo que contiene (vv. 16b-23).

El oráculo habla de una catástrofe cósmica que hace presa en la tierra, e incluso en los cielos (v. 4), a causa de que los hombres han transgredido las leyes y han violado la «alianza eterna» (v. 5). Es probable que esta «alianza eterna» se refiera a la alianza de Noé (Gn 9,8-17), que al ser incumplida pesa como una maldición que trae toda clase de desgracias, de las que sólo se salva un pequeño resto (v. 6).

Como ya se decía en los relatos de los orígenes, cuando la humanidad hizo sus planes al margen de Dios fue dispersada (cfr Gn 11,1-9). También ahora la ciudad queda vacía y todo es desolación (vv. 8-12). Sin embargo, en medio de la ruina universal hay gentes que gritan desde el mar con júbilo por su liberación (vv. 13-20), como sucedió en el éxodo tras el paso del Mar Rojo. Por último, «aquel día», como en el Diluvio (cfr Gn 6,13-8,22), el Señor mostrará su poder castigando a los pecadores, a la vez que manifiesta abiertamente su gloria reinando desde Jerusalén (vv. 21-23).

Por «Mar» (v. 14) se entiende el Mediterráneo y, por extensión, el occidente. «Ejército de las alturas» (v. 21) se refiere a los astros, divinizados en los mitos asirio–babilónicos.

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