III. APOCALIPSIS DE ISAÍAS

Castigo cósmico

24Is1Miren: el Señor devasta la tierra, la arrasa, altera su faz
y dispersa a sus habitantes.
2Lo mismo ocurrirá al pueblo y al sacerdote,
al siervo y a su amo,
a la sirvienta y a su señora,
al que compra y al que vende,
al que presta y al que toma prestado,
al acreedor y al deudor.
3La tierra será devastada por completo,
dada al mayor oprobio,
porque el Señor ha pronunciado esta palabra.
4La tierra está de duelo, languidece,
el orbe se abate, languidece,
los cielos con la tierra languidecen.
5La tierra está mancillada bajo sus habitantes,
pues transgredieron las leyes,
violaron el precepto,
rompieron la alianza eterna.
6Por eso una maldición devora la tierra,
y quienes la habitan cargan con su pena;
por eso se consumen los habitantes de la tierra,
y quedan pocos hombres.
7El mosto está de duelo,
la vid languidece;
sollozan todos los que se alegraban en su corazón.
8Cesó el alborozo de los panderos,
se acabó el bullicio de los alegres,
cesó el alborozo de la cítara.
9No beben vino al cantar,
el licor sabe amargo a quien lo bebe.
10Se derrumba la ciudad vacía,
toda casa está cerrada, inaccesible.
11En las calles hay lamento por el vino,
desapareció toda alegría,
el alborozo emigró de la tierra.
12Sólo queda desolación en la ciudad,
su puerta está hecha una ruina.
13Así sucederá dentro del país,
en medio de los pueblos:
como en el vareo del olivo,
como en el rebusco, cuando acaba la vendimia.
14Ellos alzarán su voz,
harán fiesta a la majestad del Señor,
darán gritos de júbilo desde el Mar.
15Por eso, en las regiones del oriente glorifiquen al Señor,
en las islas del mar, al Nombre del Señor, Dios de Israel.
16Desde los confines de la tierra
oímos cánticos:
«¡Gloria al Justo!».
Y yo me dije: «¡Estoy perdido!
¡Estoy perdido!
¡Ay de mí!».
Los traidores han traicionado.
Los traidores han cometido una gran traición.
17¡Pánico, fosa y trampa contra ti,
habitante de la tierra!
18Y sucederá que quien huya del ruido de pánico
caerá en la fosa,
y quien logre salir del fondo de la fosa
será apresado en la trampa,
pues las esclusas de las alturas se abrirán,
y se conmoverán los fundamentos de la tierra.
19La tierra estallará en pedazos,
la tierra se desmoronará una y otra vez,
la tierra temblará una y otra vez;
20una y otra vez se tambaleará la tierra como un borracho,
y se bamboleará como una tienda;
pesarán sobre ella sus delitos,
caerá y no volverá a alzarse.
21Aquel día
el Señor castigará al ejército de las alturas en las alturas,
y a los reyes de la tierra sobre la tierra;
22serán amontonados en montón, aprisionados en un foso,
encerrados en una cárcel,
y tras mucho tiempo serán castigados.
23La luna se ruborizará y el sol se avergonzará,
pues reinará el Señor de los ejércitos
en el monte Sión y en Jerusalén,
radiante de gloria en presencia de sus ancianos.

Himno de acción de gracias

25Is1Señor, Tú eres mi Dios, quiero ensalzarte, alabar tu Nombre,
porque has hecho maravillas.
Tus designios desde antaño son fidelidad, verdad.
2Has reducido la ciudad a escombros,
la ciudadela fortificada a una ruina;
el alcázar de los arrogantes ya no es una ciudad,
jamás será reconstruida.
3Por eso un pueblo poderoso reconoce tu gloria,
la ciudadela de gentes tiránicas te teme.
4Porque has sido refugio para el débil,
refugio para el pobre en su angustia,
cobijo en el temporal,
sombra en el ardor,
pues el vendaval de los tiranos
es como temporal de invierno.
5Como ardor en un páramo
es el estruendo de los arrogantes.
Tú calmas el ardor con la sombra de la nube,
y el canto de los tiranos queda ahogado.

El banquete del Señor

6El Señor de los ejércitos ofrecerá
a todos los pueblos, en este monte,
un banquete de sabrosos manjares,
un banquete de vinos añejos,
manjares suculentos,
y vinos exquisitos.
7Y eliminará en este monte
el velo que cubre el rostro de todos los pueblos,
y el manto que recubre todas las naciones.
8Eliminará para siempre la muerte.
El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros,
y apartará el oprobio de su pueblo en toda la tierra,
porque ha hablado el Señor.

Cánticos de salvación

9Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.
En Él esperábamos para que nos salvara;
es el Señor, en quien esperábamos:
exultemos y gocémonos de su salvación».
10Porque la mano del Señor descansará en este monte.
Pero Moab será pisado allá donde está,
como se pisa la paja en el estercolero.
11Allí dentro extenderá sus brazos,
como los extiende el nadador al nadar,
pero humillará su altivez y sus brazadas.
12Abatirá las altas defensas de tus murallas,
las derruirá, las echará por tierra hasta el polvo.
26Is1Aquel día se cantará este cántico en la tierra de Judá:
«Tenemos una ciudad fortificada;
ha levantado como defensa
murallas y antemurales.
2¡Abran las puertas, que va a entrar una nación justa,
que guarda la fidelidad!
3Al de ánimo firme
le guardas la paz,
la paz, porque en ti está seguro.
4Confíen siempre en el Señor,
porque el Señor es la Roca eterna;
5porque ha doblegado a los que habitan en las alturas,
ha humillado la plaza inaccesible,
la ha humillado hasta el suelo,
la ha abatido hasta el polvo.
6La pisotearán pies, pies de pobre,
pisadas de desvalidos.

Invocaciones del justo

7La senda del justo es recta.
Tú allanas al justo el sendero recto.
8En la senda de tus juicios, Señor, te hemos esperado;
tu Nombre y tu recuerdo es el anhelo del alma.
9Mi alma te anhela de noche,
mi espíritu, dentro de mí, por ti madruga.
Cuando tus juicios llegan a la tierra,
los que habitan el orbe aprenden la justicia.
10Aunque se otorgue gracia al impío,
no aprendería la justicia,
aun en país honesto obraría la iniquidad,
y no vería la majestad del Señor.
11Señor, alzada está tu mano, pero no la ven.
Que vean tu celo por el pueblo y queden avergonzados.
Que el fuego dispuesto para tus adversarios los devore.
12Señor, Tú nos preparas la paz.
Todas nuestras obras las haces Tú por nosotros.
13Señor, Dios nuestro, nos han dominado otros señores fuera de Ti,
pero no invocamos otro Nombre sino el tuyo.
14Ellos están muertos, no revivirán;
difuntos, no se levantarán,
porque los castigaste y exterminaste
y borraste todo recuerdo de ellos.
15Acrecentaste la nación, Señor,
acrecentaste la nación, y te llenaste de gloria;
ensanchaste todas las fronteras del país.
16En la tribulación, Señor, te buscaron,
recitaron sortilegios cuando les afligía tu castigo.
17Como la mujer encinta próxima al parto
se retuerce y grita por sus dolores,
así estuvimos delante de Ti, Señor.
18Estábamos encinta, nos retorcíamos,
pero era como si pariésemos viento.
No aportamos salvación al país,
ni le han nacido habitantes al orbe.
19¡Revivirán tus muertos, mis cadáveres se levantarán!
¡Despiértense y griten de gozo los que reposan en el polvo,
que rocío de luces es tu rocío,
y la tierra devolverá a los difuntos!

El juicio del Señor

20Anda, pueblo mío, entra en tus moradas,
cierra tus puertas tras de ti;
escóndete un instante
hasta que pase la furia.
21Porque el Señor sale de su sede,
para pedir cuentas del pecado de los que habitan la tierra.
La misma tierra descubrirá sus sangres
y no encubrirá ya más a sus víctimas.
27Is1Aquel día castigará el Señor,
con su espada dura, grande y fuerte,
a Leviatán, la serpiente huidiza, a Leviatán, la serpiente tortuosa,
y matará al dragón marino.
2Aquel día, a la viña deliciosa
entónenle este cantar:
3«Yo, el Señor, soy su guardián.
A cada instante la riego.
Para que nadie le haga daño,
día y noche la guardo.
4Ya no tengo cólera.
Si encontrara cardos y espinos,
les saldría al combate,
los pisotearía, les prendería fuego a todos.
5A no ser que se acoja a mi protección,
que haga la paz conmigo,
que conmigo haga la paz».
6Vendrán días en que Jacob arraigará,
en que Israel florecerá y dará frutos,
y la faz del orbe se llenará de su cosecha.
7¿Acaso lo ha herido como hirió a quienes lo herían,
o lo ha matado con la muerte con que mató a quienes lo mataban?
8Al expulsarlo, al arrojarlo lejos, lo has castigado.
Él lo arrastró con su huracán el día del solano.
9Pues así será expiada la culpa de Jacob,
y ése será el fruto completo del perdón de su pecado:
que deje todas las piedras del altar
como piedras calcinadas,
para que no se levanten más estelas y altares de incienso.
10Porque la ciudad fortificada está solitaria,
la morada, despoblada y abandonada como un desierto.
Allí pastan novillos, allí se echan
y ramonean sus arbustos.
11Cuando se secan sus ramas y se quiebran,
vienen mujeres y las queman.
No es ése un pueblo sensato,
por eso, su Hacedor no le tiene misericordia,
el que lo formó no le tiene clemencia.
12Aquel día sacudirá el Señor las espigas
desde el Río hasta el torrente de Egipto,
y ustedes serán recogidos
uno a uno, hijos de Israel.
13Aquel día se hará sonar la trompeta grande,
y vendrán los que están perdidos en el país de Asiria,
y los exiliados en el país de Egipto,
a postrarse ante el Señor
en el monte santo, en Jerusalén.

IV. ENDURECIMIENTO DE ISRAEL Y JUDÁ

Lamentación por los guías del pueblo

28Is1¡Ay de la altiva corona de los ebrios de Efraím,
y de la flor marchita de la gloria de su orgullo,
que se asienta en la cima del valle fértil, de los borrachos de vino!
2Miren: uno fuerte y poderoso viene de parte del Señor
—como tromba de granizo, tempestad destructora,
como tromba que hace desbordar las aguas—.
La echará por tierra de un manotazo;
3aplastará con los pies la corona altiva
de los ebrios de Efraím.
4Y la flor marchita de la gloria de su orgullo,
que se asienta en la cima del valle fértil,
será como breva que precede al verano,
que cualquiera que la ve
la toma y se la come.
5Aquel día el Señor de los ejércitos
será corona gloriosa
y diadema de gala
para el resto del pueblo,
6y espíritu de justicia
para quien se siente a juzgar,
y fortaleza
para quienes repelen el asalto a las puertas.
7También éstos se tambalean por el vino
y dan traspiés por el licor.
Sacerdote y profeta se tambalean por el licor,
están absorbidos por el vino,
dan traspiés por el licor,
desatinan en su visión,
titubean cuando juzgan.
8Todas las mesas están llenas de vómito repugnante,
sin que haya sitio limpio.
9¿A quién se instruirá en el conocimiento,
a quién se hará aprender la lección?
¿A los recién destetados,
a quienes acaban de dejar los pechos maternos?
10Dicen: «¡Sav lasav, sav lasav,
cav lacav, cav lacav!
zeér sham, zeér sham!».
11Porque con balbuceos de labios y lengua extraña
se hablará a este pueblo,
12al que les había dicho: «Éste es lugar de descanso, den reposo al desfallecido,
éste es sitio de sosiego».
Pero ellos no quisieron escuchar.
13Por eso será para ellos la palabra del Señor:
«¡Sav lasav, sav lasav,
cav lacav, cav lacav!
zeér sham, zeér sham!»,
para que al caminar caigan de espalda, se destrocen,
sean atrapados y capturados.
14Por eso, escuchen la palabra del Señor,
hombres escarnecedores, gobernantes de este pueblo
que está en Jerusalén.
15Puesto que han dicho: «Hemos sellado alianza con la muerte,
y hecho pacto con el sheol,
así que cuando pase el azote terrible
no nos alcanzará,
porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira
y nos hemos escondido en el engaño».
16Por eso, así ha dicho el Señor Dios:
«Miren que pongo como cimiento en Sión una piedra,
una piedra probada, angular, preciosa, firmemente asentada:
quien creyere no se inquietará.
17Pondré el derecho por regla,
y la justicia por plomada;
el granizo barrerá el refugio de la mentira,
y las aguas inundarán su escondrijo».
18Su alianza con la muerte será anulada,
y su pacto con el sheol no subsistirá;
que cuando pase el terrible azote
los pisoteará.
19Cada vez que pase los agarrará,
pues pasará mañana tras mañana,
de día y de noche,
y será el puro horror lo que los hará aprender la lección.
20El lecho será demasiado corto para estirarse,
y la manta demasiado estrecha para cubrirse.
21Porque el Señor se alzará como en el monte Perasim,
hará temblar como en el valle de Gabaón,
para realizar su obra, su obra insólita,
para hacer su trabajo,
su sorprendente trabajo.
22Ahora, pues, no lo tomen a burla,
no sea que se aprieten sus cadenas;
porque he escuchado una sentencia irrevocable
de parte del Señor, Dios de los ejércitos,
contra toda la tierra.
23Presten oído y escuchen mi voz,
estén atentos y oigan mi discurso.
24El labrador ¿no se pasa todo el día labrando para después sembrar?
¿No abre surcos y rastrilla la tierra,
25allana la superficie,
esparce el hinojo, desparrama el comino,
echa el trigo en los surcos,
la cebada en la parcela asignada,
y la avena en las lindes?
26Quien le enseña esta regla,
quien le instruye, es su Dios.
27Pues no con trillo se desgrana el hinojo,
ni la rueda del carro pasa sobre el comino,
sino que con vara se bate el hinojo,
y el comino con estaca.
28El trigo se trilla,
pero no se pisa sin cesar,
no se aplasta con la rueda del carro
ni se tritura con sus cuchillas.
29Esto también procede del Señor de los ejércitos,
que muestra maravilloso su consejo,
grande su inteligencia.

Lamentación por Ariel

29Is1¡Ay Ariel, Ariel,
ciudad que asedió David! Añadan un año al año.
Que las fiestas completen su ciclo.
2Pondré sitio a Ariel,
y habrá llanto y plañido,
y serás para mí como Ariel.
3Te asediaré con cerco,
te sitiaré con torres de asalto,
levantaré baluartes contra ti.
4Estarás tan hundida que hablarás desde el suelo,
tus palabras se apagarán en el polvo,
tu voz será como de serpiente de la tierra,
desde el polvo runruneará tu hablar.
5Pero la turba de tus agresores será como polvareda,
la turba de quienes te opriman, como pelusa que vuela.
Y sucederá de sorpresa, de repente.
6Serás visitada por el Señor de los ejércitos,
con truenos, fragor y gran estruendo,
torbellino y tempestad,
y llamas de fuego devorador.
7Será como un sueño, como una visión nocturna,
la turba de todos los paganos que ataquen a Ariel,
de todos los que la combatan,
y sus torres de asalto y los que la opriman.
8Como el hambriento sueña que está comiendo,
pero se despierta y se siente vacío,
como el sediento sueña que está bebiendo,
pero se despierta y se siente desfallecido
y con la garganta seca,
así sucederá a la turba de todos los paganos
que atacan al monte Sión.
9Pásmense y asómbrense,
observen y quédense ciegos;
se emborracharán, pero no de vino,
se tambalearán, pero no por el licor.
10Es que el Señor derrama en ustedes un espíritu de sopor,
cierra sus ojos, profetas,
y cubre su cabeza, videntes.

11Así, cualquier visión es para ustedes como las palabras de un libro sellado, que entregan a uno que sabe leer y le dicen: «Lee esto, por favor». Y responde: «No puedo, porque está sellado». 12O como si entregan un libro a quien no sabe leer y le dicen: «Lee esto, por favor». Y responde: «No sé leer».

13El Señor ha dicho:

«Puesto que este pueblo se me acerca con la boca,
y me honra con sus labios,
pero su corazón está lejos de Mí,
y el temor que me tiene
es un precepto humano que les ha sido enseñado,
14por eso, seguiré provocando el asombro a este pueblo,
asombro tras asombro.
Perecerá la sabiduría de sus sabios,
y la prudencia de sus prudentes quedará oculta».

Lamentación por quienes se esconden del Señor

15¡Ay de quienes se esconden del Señor
en las profundidades para ocultar sus planes!
Hacen sus obras en las tinieblas, y dicen:
«¿Quién nos va a ver, quién nos va a conocer?».
16¡Qué perversidad la suya!
Es como si el barro se creyese alfarero,
como si la obra dijese de su hacedor:
«No me ha hecho».
Y la vasija dijese de su alfarero:
«No sabe».
17¿Es que en poco tiempo el Líbano no se convertirá
en vergel,
y el vergel parecerá un bosque?
18Aquel día los sordos oirán las palabras del libro,
y, desde la oscuridad y las tinieblas, los ojos de los ciegos verán.
19Los humildes aumentarán su alegría en el Señor,
y los más pobres exultarán en el Santo de Israel.
20Porque habrá desaparecido el agresor,
se habrá acabado el desvergonzado,
y serán exterminados cuantos buscan la iniquidad,
21los que condenan de palabra a los hombres,
los que tienden lazos al juez en el tribunal,
y oprimen al justo sin razón.
22Por eso, así dice el Señor,
que rescató a Abrahán,
a la casa de Jacob:
«Ya no se avergonzará Jacob,
ni su rostro palidecerá.
23Porque, cuando sus hijos vean lo que han hecho mis manos con él,
santificarán mi Nombre,
santificarán al Santo de Jacob,
temerán al Dios de Israel.
24Entonces, los de espíritu errado alcanzarán discernimiento,
y los murmuradores aprenderán la lección».

Lamentación por los hijos rebeldes

30Is1«¡Ay de los hijos rebeldes —oráculo del Señor— que hacen proyectos sin contar conmigo,

que pactan alianzas sin contar con mi Espíritu,
para añadir pecado sobre pecado!
2Andan bajando a Egipto
sin consultar mi boca,
para ponerse a salvo al amparo del faraón
y cobijarse a la sombra de Egipto.
3El amparo del faraón les servirá de vergüenza,
y el cobijo a la sombra de Egipto, de bochorno.
4Puesto que sus príncipes están ya en Soán
y sus embajadores llegan a Janes;
5todos se verán avergonzados
por un pueblo que les será inútil;
no les servirá de ayuda, ni de provecho,
sino de vergüenza y de oprobio».
6Oráculo de las bestias del Négueb.
Por tierra de peligro y angustia,
de leonas y leones rugientes,
de víboras y dragones alados,
llevan sus riquezas a lomos de asnos,
y sus tesoros sobre gibas de camellos,
a un pueblo que les será inútil.
7Pues Egipto presta un auxilio vano y vacío,
por eso le he llamado «Rahab», la «inmóvil».
8Vete ahora. Escribe ante ellos en una tablilla,
grábalo en un libro,
para que en el futuro sirva de estatuto,
de testimonio perpetuo.
9Porque son un pueblo rebelde,
unos hijos hipócritas,
unos hijos que no quieren oír la Ley del Señor,
10que dicen a los videntes: «No vean»,
y a los que reciben visiones:
«No nos profeticen visiones verdaderas;
dígannos cosas halagüeñas,
profetícennos visiones ilusorias.
11Apártense del camino, desvíense del sendero,
quiten de nuestra presencia al Santo de Israel».
12Por eso, así dice el Santo de Israel:
«Ya que han despreciado esta palabra
y han confiado en la opresión y la perversidad,
y se han apoyado en ellas,
13esa iniquidad será para ustedes
como brecha ruinosa, como parte abombada en alto muro,
que de repente, por sorpresa,
se desploma,
14y se hace añicos como un jarro de alfarero
destrozado sin piedad,
entre cuyos trozos no se encuentra tiesto
para recoger fuego del hogar
ni sacar agua del aljibe».
15Porque así ha hablado el Señor Dios, el Santo de Israel:
«Serán salvos si se convierten y están tranquilos;
en la serenidad y la confianza estará su fuerza».
Pero no han querido, 16y han dicho:
«No, sino que huiremos a caballo».
Pues bien, huirán.
Y han añadido: «Montaremos en carros veloces».
Pues bien, más veloces serán quienes los persigan.
17Mil temblarán ante el grito de uno solo,
y ante el grito de cinco echarán a huir,
hasta que hayan quedado
como mástil en lo alto de un monte,
como señal sobre un cerro.
18Con todo, el Señor espera para concederles gracia;
con todo, se alza para compadecerse de ustedes,
porque el Señor es el Dios de la justicia:
dichosos cuantos esperan en Él.

19Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén: no tendrás que llorar más. Él te concederá gracia a la voz de tu súplica. Tan pronto la oiga, te responderá. 20El Señor te dará pan tasado y agua escasa, pero tu maestro no se ocultará más, sino que tus ojos verán a tu maestro 21y tus oídos oirán a tus espaldas estas palabras: «Éste es el camino, marchen por él». No se desvíen a la derecha ni a la izquierda. 22Tendrás por inmundicia la plata que recubre tus ídolos y los ornamentos de tus estatuas chapadas en oro. Las tirarás como paño de menstruación. «¡Fuera!», les dirás. 23Entonces te dará lluvia para la semilla que hayas sembrado en la tierra, y será abundante y sustancioso el pan que te produzca la tierra. Aquel día tu ganado pastará en anchas praderas, 24los bueyes y asnos que labran tu tierra comerán forraje salado, aventado con bieldo y criba. 25En todo monte alto y toda colina elevada habrá arroyos y corrientes de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres.

26La luz de la luna será como la luz del sol de mediodía, y la luz del sol de mediodía será multiplicada por siete, como la luz de siete días, el día en que el Señor vende la herida de su pueblo y cure la fractura que le hizo.

27Miren: el Nombre del Señor viene de lejos,
su ira se inflama, se espesa su humareda,
sus labios rebosan de furor,
y su lengua es como fuego devorador.
28Su soplo, como torrente desbordado
que cubre hasta el cuello,
para cribar a las naciones con criba de aniquilación,
y bridas que los descarríen en las quijadas de los pueblos.
29Entonarán canciones
como en noche de fiesta;
se les alegrará el corazón
como el que marcha al son de la flauta
cuando va al monte del Señor,
a la Roca de Israel.
30El Señor hará oír
su voz majestuosa
y mostrará el golpe de su brazo
con el furor de su ira,
con las llamas de fuego devorador,
con truenos, tormenta y pedrisco.
31Asiria se horrorizará a la voz del Señor,
que le golpeará con vara.
32Cada golpe de fusta de castigo
que el Señor descargue sobre ella,
será al son de panderos y cítaras,
y con continuos ataques le hará la guerra.
33Preparado está un Tófet
desde hace tiempo,
también para el rey;
dispuesta, profunda es la hoguera
con fuego y leña abundante;
el soplo del Señor, como torrente de azufre, la encenderá.

Lamentación por los que confían en Egipto

31Is1¡Ay de los que bajan a Egipto en busca de auxilio,

que buscan ayuda en los caballos,
que confían en los carros, porque son muchos,
y en los jinetes, porque son muy fuertes,
pero no miran al Santo de Israel, ni buscan al Señor!
2Pero Él es sabio, ha convocado la desgracia,
y no se retracta de sus palabras.
Se alzará contra la casa de los perversos
y contra el auxilio de los malhechores.
3Los egipcios son hombres y no dioses,
sus caballos, carne y no espíritu.
Cuando el Señor extienda su mano
flaqueará el que auxilia,
caerá el auxiliado,
y perecerán todos juntos.
4Porque así me ha dicho el Señor:
«Si ruge el león y el cachorro de león sobre su presa,
aunque se reúna en su contra un tropel de pastores,
ni se asusta de sus voces, ni hace caso de sus gritos;
así descenderá el Señor de los ejércitos
a pelear sobre el monte Sión y su colina.
5Como aves en vuelo,
así protegerá el Señor de los ejércitos a Jerusalén,
para guardarla y librarla,
perdonarla y salvarla».
6Hijos de Israel,
conviértanse a Aquel de quien se apartaron profundamente.
7Porque aquel día cada uno rechazará
los ídolos de plata y los ídolos de oro
que se fabricaron sus manos pecadoras.
8Asiria caerá a espada de quien no es hombre,
espada no humana los devorará;
huirá ante la espada,
y sus jóvenes guerreros serán sometidos a trabajos forzosos.
9Su roca desaparecerá de pánico,
sus príncipes se aterrarán ante la insignia.
Oráculo del Señor, que tiene una hoguera en Sión
y un horno en Jerusalén.
32Is1Miren: un rey reinará con justicia,
y los príncipes gobernarán conforme a derecho.
2Cada uno será como abrigo contra el viento,
y refugio contra el aguacero,
como arroyos de agua en el páramo,
como sombra de roca grande en tierra árida.
3No se enturbiarán los ojos de quienes ven,
y los oídos de quienes escuchan estarán atentos.
4El corazón de los atolondrados discernirá con prudencia,
y la lengua de los tartamudos hablará con soltura y claridad.
5Ya no se llamará noble al necio,
ni considerarán ilustre al taimado.
6Porque el necio habla necedades
y su corazón piensa lo malo,
habla con hipocresía
y dice impiedades contra el Señor,
para dejar vacía el alma del hambriento,
y privar de bebida al sediento.
7El taimado usa de malas artes, trama intrigas
para dañar a los desvalidos con palabras arteras
y al pobre cuando reclama su derecho.
8En cambio, el noble toma decisiones nobles
y está firme en su nobleza.
9¡Mujeres vanidosas: levántense, escuchen mi voz!
¡Hijas confiadas, presten oído a mi palabra!
10Dentro de un año y pocos días
¡temblarán, confiadas!,
porque se habrá concluido la vendimia,
pero no habrá cosecha.
11¡Tiemblen, vanidosas!
¡Espántense, confiadas!
Despójense de los vestidos, desnúdense,
ciñan sus cinturas.
12Dense golpes de pecho
por los campos atractivos,
por las viñas fértiles,
13por el solar de mi pueblo,
donde treparán zarzas y espinos
por todas las casas de recreo
de la ciudadela jubilosa.
14Porque el palacio quedará abandonado,
el bullicio de la ciudad enmudecerá,
el Ofel y el Baján se convertirán en antros
para siempre,
delicia de onagros,
pastizal de rebaños,
15hasta que sea derramado sobre nosotros
el Espíritu de lo alto.
El desierto se convertirá en vergel,
y el vergel se considerará un bosque.
16En el desierto habitará el derecho,
y la justicia se sentará en el vergel.
17Fruto de la justicia será la paz,
y fruto de la justicia, el sosiego
y la seguridad para siempre.
18Mi pueblo habitará en un solar de paz
en moradas seguras
y en lugares de reposo tranquilos.
19Pero el bosque caerá por completo
y la ciudad será abatida por entero.
20¡Dichosos ustedes, que podrán sembrar junto a todas las aguas,
y dejar sueltos el buey y el asno!

Lamentación por el que devasta y traiciona

33Is1¡Ay de ti, que devastas sin que nadie te haya devastado,
que traicionas, sin que hayas sido traicionado!
Cuando acabes de devastar, serás devastado.
Cuando termines de traicionar, te traicionarán.
2¡Señor, ten piedad de nosotros,
que esperamos en ti!
Sé nuestro brazo cada mañana,
nuestra salvación en tiempo de angustia.
3Ante el clamor estruendoso huyen los pueblos,
cuando te alzas corren en desbandada las naciones;
4se amontona su botín como se amontonan las cucarachas,
se precipitan sobre él como plaga de langostas.
5El Señor es excelso, pues habita en las alturas,
colma a Sión de derecho y justicia.
6Él será la seguridad de sus días,
abundancia de salvación, de sabiduría y de ciencia.
El temor del Señor es su tesoro.
7Miren: los heraldos gritan en las calles,
los mensajeros de paz lloran amargamente.
8Las calzadas están desiertas, ya no pasan los viajeros;
se ha roto la alianza,
se han rechazado los testimonios,
no se respeta a nadie.
9El país está de duelo, abatido,
el Líbano, abochornado, marchito;
el Sarón está como un páramo,
Basán y el Carmelo pierden la fronda.
10Dice el Señor: «Ahora me pondré de pie,
ahora voy a elevarme, ahora me alzaré.
11Han concebido paja, parirán rastrojo.
Mi aliento será fuego que los devore.
12Los pueblos serán calcinados,
como zarzas cortadas que arden al fuego.
13Los que están lejos, escuchen lo que he hecho,
los que están cerca, reconozcan mi fuerza».
14En Sión los pecadores tienen miedo,
un temblor se apodera de los impíos.
¿Quién de nosotros podrá vivir con fuego devorador,
quien de nosotros podrá vivir con llamas perpetuas?
15El que camina con justicia y habla con rectitud,
el que rechaza el lucro de la rapiña,
el que sacude sus manos para no recibir soborno,
el que se tapa el oído para no oír de crímenes,
el que cierra los ojos para no ver la maldad;
16ése habitará en las alturas,
rocas fortificadas serán su refugio,
con provisión de pan y agua asegurada.
17Tus ojos contemplarán al rey en su esplendor,
verán el país en toda su extensión.
18Tu corazón recordará el terror pasado:
«¿Dónde está el que tomaba cuentas, dónde el que exigía el dinero,
dónde el que vigilaba desde las torres?».
19Ya no verás al pueblo arrogante,
al pueblo de habla incomprensible,
de lengua extraña, que no se entiende.
20Mira a Sión, la ciudad de nuestras fiestas solemnes.
Tus ojos verán a Jerusalén,
morada apacible,
tienda estable,
cuyas estacas no se quitarán jamás,
y ninguna de sus cuerdas se romperá.
21Porque allí el Señor se mostrará poderoso a nuestro favor;
será un lugar de ríos y de anchos canales,
que no surcarán barcos de remos,
ni lo atravesarán grandes navíos.
22Porque el Señor es nuestro juez,
el Señor es nuestro legislador,
el Señor es nuestro rey:
Él nos salvará.
23Se han aflojado tus cuerdas
y no sujetan el mástil,
ni se despliegan las velas.
Entonces hasta los ciegos se repartirán un inmenso botín,
y hasta los cojos harán presa en él.
24Y ninguno de sus habitantes dirá: «Estoy enfermo».
Porque al pueblo que mora en ella
se le habrá perdonado la culpa.